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LOCALES

A 40 años de la gesta de Malvinas: “En la guerra, la mentira es parte de la estrategia”

Juan Carlos Squizzato y Julio Calvo son excombatientes de Malvinas. Frente a todos los interesados, el jueves dieron una charla en el Sindicato de la Carne.

Juan Carlos y Julio eran dos jóvenes de 18 y 19 años cuando combatieron en la Guerra de Malvinas. Esta semana, visitan Rafaela invitados por el Circulo de la Prensa y la CGT para contar su historia.

Este jueves 22 de septiembre se produjo el emotivo encuentro entre ambos en Rafaela. Aunque estuvieron físicamente muy cerca en Malvinas, no se conocían y fueron presentados en nuestra ciudad, convocados para la maravillosa charla que brindarían por la tarde de ese mismo día.

Tras encontrarse, comenzó su recorrida por diversos medios de la ciudad, así como la visita a distintas instituciones. RADIO RAFAELA no fue la excepción, y tuvo el agrado de escuchar en primera persona la brutal experiencia de la Guerra de Malvinas.

Charla en el Sindicato de la Carne, organizada por el Círculo de la Prensa y la CGT local.
Charla en el Sindicato de la Carne, organizada por el Círculo de la Prensa y la CGT local.
El comienzo

En aquellos años, el servicio militar era obligatorio. “Teníamos que cumplir y luego quedábamos liberados”, contaron. Sin embargo, no fue así para nuestros excombatientes. Después de la ‘colimba’, y al regresar a sus casa, poco tiempo más tarde fueron convocados para estar el 5 de abril en Malvinas.

Julio relató que le tocó en ese momento el jefe de guarnición Mohamed Alí Seineldín. El mismo fue un oficial argentino que comandó el Regimiento de Infantería 25 en la guerra de las Malvinas. “Seineldín era un sabio, muy estudioso de los movimientos sociales y la democracia, como Jefe lo quisimos y cada veterano de guerra que hay te va a hablar bien”, aseguró.

“Los veteranos de guerra nos encargamos de hablar bien de los buenos jefes y mal de los que fueron malos”.

La idea de Seineldín era recuperar Malvinas, en el campo de batalla. Sin embargo, los jóvenes combatientes “no teníamos ni idea de lo que estábamos haciendo. Estuvimos tranquilos los primeros 15 días”. “Cuando se enteraron de que venían los ingleses, el trato de los jefes cambió, se notaban los nervios y nos llevaron a las playas que teníamos que cuidar”, relataron.

“Escuchábamos radio en el pozo, decían que íbamos ganando. Las emisoras de Uruguay, en cambio, decían la verdad”.

La gesta, en primera persona

“Las Fuerzas Armadas pelearon tres guerras distintas. Hubo conflictos, por momento no llegaba la comida, porque el Ejército se peleaba con la Armada, la Armada con la Aviación y lo pagábamos nosotros”, contaron.

Algunas cosas fallaron, por supuesto. “No llegaban alimentos, municiones, armamentos. Nosotros como soldados teníamos que hacer el pozo de zorro para el ataque aéreo, las esquilas. Entre los excombatientes, quedaron algunos sin pie, por el frío. Hay gente que tiene prótesis en los dos pies, porque en el frío se pierde la sensibilidad”.

El frío y la lluvia eran un impedimento constante. “Hubo hipotermia, desnutrición. Es una guerra, a veces la comida no llegaba porque había información de los kelpers porque nos bombardeaban cada vez que salía la comida. Y la comida eran dos fideos y a la noche un caldo y nada más”, relataron.

“El frío, el miedo, las bajas temperaturas, era una pésima combinación”.

Ante ese panorama, “salíamos y que Dios nos ayude. En una oportunidad estuvimos tres días sin comer”.

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Prisioneros

Tanto Juan Carlos Squizzato como Julio Calvo fueron prisioneros de guerra. Destacaron que los ingleses los trataron bien. “Estuvimos tres días prisioneros en el aeropuerto y comimos lo que pudimos encontrar”.

“En particular, nosotros cuando llegamos en el NorLand fuimos a Montevideo, cruzamos el Río de la Plata y fuimos a Campo de Mayo. Ellos no querían que nos vea la gente, teníamos cortinas en el ómnibus, pero la gente nos esperaba para saludarnos”, contaron.

Finalmente, Rafaela reunió a Julio y Juan Carlos. “Hoy nos conocemos personalmente. Estuvimos en el mismo regimiento y la misma compañía, pero de distintas clases. Nuestros jefes son los mismos”.

El regreso a casa tras la guerra fue muy particular también. Los dejaron sin dinero, con ropa húmeda, a pie, y así debieron llegar a sus casas. “Al regresar, el encuentro con la familia fue raro y maravilloso. Venía de un lugar hostil, no podía dormir. Volví hombre”, relataron.

“Cuando llegue a mi pueblo, nadie lo sabía. Estaba mi mamá, nos dimos un abrazo interminable. Me esperaba mi perro que, mientras yo no estuve, estuvo todo el tiempo esperándome”, contaron.

“Que la causa de Malvinas no se apague nunca”

Nota completa
Juan Carlos y Julio visitaron la Escuela Malvinas Argentinas
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