Urticaria por frío: el trastorno que provoca ronchas y puede desencadenar reacciones graves
El contacto con bajas temperaturas puede provocar picazón, habones e hinchazón en algunas personas. La llamada urticaria por frío suele confirmarse mediante pruebas de estimulación y, en casos severos, una exposición extensa —como sumergirse en agua fría— puede desencadenar una reacción sistémica.
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Con la llegada de las bajas temperaturas, algunas personas experimentan ronchas, picazón o hinchazón pocos minutos después de exponerse al frío. No siempre se trata simplemente de sequedad de la piel: detrás de esos síntomas puede encontrarse una condición denominada urticaria por frío.
Se trata de una forma de urticaria crónica inducible, en la que el contacto con bajas temperaturas puede desencadenar habones, angioedema o ambos. Una proporción de los pacientes también puede sufrir reacciones sistémicas, incluida anafilaxia.
Qué síntomas puede producir
Las manifestaciones suelen aparecer después de que la piel entra en contacto con aire frío, objetos fríos o agua a baja temperatura.
Entre los síntomas característicos se encuentran ronchas elevadas, enrojecimiento, picazón e hinchazón en las zonas expuestas.
El riesgo aumenta cuando una superficie corporal extensa queda expuesta de manera brusca al frío. Ingresar a una pileta, lago o mar con agua muy fría puede desencadenar una reacción generalizada, con posibilidad de mareos, descenso de la presión arterial, pérdida de conocimiento o anafilaxia.
Cómo se diagnostica
El diagnóstico comienza con la evaluación de los antecedentes y de las circunstancias en las que aparecen los síntomas.
Una de las herramientas utilizadas es la prueba de estimulación con frío, conocida habitualmente como prueba del cubito de hielo. Consiste en aplicar frío sobre una pequeña zona de la piel durante algunos minutos y observar posteriormente si aparece una roncha característica.

Sin embargo, el diagnóstico debe realizarse dentro de una evaluación médica, ya que existen formas atípicas y otras condiciones que pueden requerir estudios adicionales.
Qué hacer para reducir el riesgo
Una vez confirmado el cuadro, una de las principales medidas consiste en identificar y evitar las exposiciones capaces de provocar síntomas, especialmente aquellas que involucran grandes superficies corporales.
Entre las precauciones habituales se encuentra evitar las zambullidas repentinas en agua fría y proteger adecuadamente la piel cuando las temperaturas son bajas. Los antihistamínicos constituyen una de las opciones terapéuticas utilizadas, aunque el tratamiento y la dosis deben ser indicados por un profesional.
En pacientes considerados de mayor riesgo, el médico puede indicar además un plan específico para actuar ante una reacción grave, que puede incluir adrenalina autoinyectable.
La recomendación es consultar a un especialista si aparecen repetidamente ronchas, picazón o hinchazón después de exponerse al frío, en lugar de realizar pruebas caseras por cuenta propia.
Ante síntomas como dificultad para respirar, desmayo o una reacción generalizada después de la exposición al frío, se requiere atención médica de urgencia.

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