Un estudio en moscas de la fruta sugiere que el calor extremo puede dejar huellas heredables durante varias generaciones
La investigación, publicada en Molecular Biology and Evolution, halló que un episodio de estrés térmico alteró la expresión genética, la accesibilidad de la cromatina y algunos rasgos del desarrollo en Drosophila melanogaster, con efectos detectables hasta generaciones posteriores. Los autores plantean que estos mecanismos podrían influir en respuestas evolutivas más rápidas frente al cambio climático.
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Un nuevo trabajo científico volvió a poner bajo discusión una idea muy arraigada en biología: que la evolución siempre ocurre de manera lenta y solo a través de cambios directos en la secuencia del ADN. Un estudio publicado en abril de 2026 en la revista Molecular Biology and Evolution mostró que un episodio de golpe de calor en moscas de la fruta puede dejar efectos heredables sobre la regulación genética y el desarrollo durante varias generaciones.
La investigación fue realizada por Ewan Harney y Josefa González sobre poblaciones naturales de Drosophila melanogaster de climas áridos y fríos. Los científicos analizaron cómo respondían las moscas al heat shock, es decir, a una exposición intensa al calor, y estudiaron tanto la expresión de genes como la accesibilidad de la cromatina, además de rasgos vinculados a la aptitud biológica, como la viabilidad y el tiempo de desarrollo de la descendencia.
Uno de los hallazgos centrales fue que los efectos no se limitaron a la generación expuesta. El trabajo detectó señales transgeneracionales en generaciones posteriores, y en algunas poblaciones de clima árido observó un desarrollo más rápido en descendientes de moscas sometidas al estrés térmico. Los autores interpretan que estas respuestas podrían funcionar como una forma de ajuste heredable frente a ambientes más cálidos.
Qué significa y qué no significa
El estudio no demuestra que el cambio climático esté “reescribiendo” de inmediato la evolución de todas las especies, ni que cualquier ola de calor vaya a producir adaptaciones beneficiosas. Lo que sí muestra es que el estrés térmico puede generar cambios heredables en la regulación genética sin modificar la secuencia del ADN, a través de mecanismos epigenéticos y de su interacción con elementos transponibles.
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Los propios autores subrayan además que estos efectos pueden ser positivos o negativos. En otras palabras, no todas las respuestas heredadas mejoran la adaptación. En algunos contextos, el calor extremo también puede dejar secuelas perjudiciales en generaciones futuras.
Por qué importa en el contexto del cambio climático
El trabajo cobra relevancia porque parte de una premisa muy actual: las temperaturas globales están subiendo y los eventos extremos, como las olas de calor, serán cada vez más frecuentes. En ese escenario, este tipo de fenómenos podría actuar como un motor evolutivo más rápido de lo que se pensaba, al menos en ciertos organismos.
La principal advertencia no es solo biológica, sino también ecológica: algunas especies podrían responder con mayor plasticidad, mientras que otras podrían quedar atrapadas en respuestas heredadas que no necesariamente coincidan con el ambiente futuro. Por eso, la discusión sobre el cambio climático no pasa únicamente por el clima en sí, sino también por cómo ese nuevo contexto puede modificar, silenciosamente, la trayectoria biológica de muchas poblaciones.

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