¿Por qué los gatos eligen dormir sobre las personas, según la ciencia?
El contacto físico entre felinos y humanos activa hormonas que fortalecen el vínculo y reducen el estrés
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Una escena cotidiana en millones de hogares parece simple: una persona despierta al sentir el peso suave de su gato sobre el pecho. El animal se acomoda, ronronea y encuentra en ese rincón un refugio seguro. Sin embargo, investigaciones recientes muestran que este comportamiento tiene una explicación biológica y emocional profunda.
Estudios del National Institutes of Health (NIH) en Estados Unidos revelan que la interacción directa entre gatos y personas activa la producción de oxitocina, conocida como la “hormona del amor”. Esta sustancia fortalece el vínculo afectivo, genera bienestar y contribuye a reducir los niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés. Para los felinos, el contacto cercano no es solo afecto, sino también una búsqueda instintiva de seguridad y protección.
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Otro factor determinante es la temperatura corporal humana. Según Ana Ramírez, directora veterinaria del centro Kivet en España, los gatos disfrutan del calor que desprende el cuerpo, especialmente en meses fríos. La cabeza y el pecho del humano no solo irradian calor, sino que también ofrecen sonidos y ritmos que transmiten tranquilidad y familiaridad, reforzando la sensación de resguardo.
El instinto cazador y de vigilancia también influye. Dormir sobre una persona permite al gato monitorear su entorno desde una posición elevada, manteniéndose alerta ante posibles amenazas y conservando una sensación de control sobre su espacio. Este comportamiento refleja necesidades biológicas, emocionales y conductuales arraigadas en su naturaleza.
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El marcaje olfativo completa el vínculo: al recostarse sobre alguien, el gato deja su aroma, señalando territorialidad y reafirmando la relación con su dueño. Esto es particularmente importante en felinos separados de su madre a temprana edad, que encuentran en estos estímulos un reemplazo del confort maternal. Además, la conducta puede ser aprendida; los gatos tienden a repetir la acción si la asocian con caricias o experiencias agradables.
Si bien este hábito puede interferir con el descanso de algunas personas, los especialistas aconsejan no apartar al animal bruscamente, sino redirigirlo suavemente a un espacio cercano, reforzando la acción con caricias o recompensas para que lo perciba como positivo.
Lo que a simple vista parece un comportamiento común es en realidad un complejo entramado de emociones, instintos y mecanismos fisiológicos que transforman cada noche compartida en un acto de confianza y bienestar mutuo entre felino y humano.

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