Una nueva normalidad - Por Guillermo Briggiler
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Podemos ir descubriendo que un nueva economía se avecina, o como está de moda decir, una nueva normalidad.
Ser los primeros en darnos cuenta como son las nuevas reglas de los negocios, nos pondrá en una situación de ventaja respecto de aquellos que querrán seguir haciendo las cosas de la misma manera que las realizaban antes de la pandemia.
Seguramente, como la circulación de las persona será menor, disminuirán las compras por impulsos y muchas de aquellas que eran innecesarias, ya que al no caminar por los centros comerciales y supermercados, solo compramos por catálogo o por web lo que necesitamos.
Esta situación devendrá en menores flujos de dinero circulando y transformara nuestra economía en una más pequeña. Tendremos menor crecimiento que saque a la gente de la pobreza, pero no necesariamente seremos menos felices. Probablemente cambiaremos algunos sueños que teníamos pero nos preguntaremos si ese objetivo que teníamos realmente nos iba a dar la felicidad esperada o solo sería un nuevo escalón en nuestra carrera de consumo, hoy cuestionada.
Propongo correr ahora hacia metas como, familias más unidas, relaciones mejor vividas y más aprovechadas dentro de las burbujas que nos podamos ir armando. Amistades con menos ruido, menos fanfarria y más sentimientos. Para ejemplificar les cuento que alguien que lleva las estadísticas de la asistencia a celebraciones religiosas (misas para el caso relevado) descubrió un aumento cercano al doble de participación en los servicios virtuales diarios y un crecimiento del cincuenta por ciento en los dominicales.
Hay otros protagonistas de esta nueva normalidad económica, estos son el comercio electrónico y la logística, esta última no solo acotada en el envío puerta a puerta (delivery), sino en toda la cadena de la puesta a disposición del bien o servicio a brindar. Junto con esto se aceleran las nuevas tendencias tecnológicas, que teníamos pero su uso era resistido, como quién hizo sus primeras videollamadas en cuarentena y ahora cada vez que tiene que hablar con alguien, lo hace por este medio.
El teletrabajo que probablemente nos parecía lejano, hoy es una realidad y en muchos casos seguirá con nosotros, todos o algunos días de la semana. Con ventajas tanto para el trabajador, quien con mínima infraestructura consigue ventajas en productividad, en tiempos y ahorros en desplazamiento, mientras que los empleadores reducen costos de alquileres, impuestos y servicios, como internet, fotocopiadoras, teléfonos, secretarias, papeles, entre otros.
Hay que replantear todas las actividades, ¿volveremos algún día al gimnasio o seguiremos haciendo ejercicios en casa, guiados por el profe a través de Zoom o Instagram? ¿Se regresará a los bares y restaurantes con nuestras burbujas de amigos o se pedirá delivery y las reuniones serán en los domicilios de forma presencial o virtualmente?
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