La epidemia de información: "Campañas como las antivacunas producen grandes niveles de confusión y son muy dañinos"
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El coronavirus no es la única pandemia a la que está haciendo frente el mundo. Otra importante lucha se produce por la saturación de información y la confusión que ello produce en muchas ocasiones.
Esteban Magnani, Lic. en Ciencias de la Comunicación y especialista en Tecnología y Cultura, en diálogo con RADIO RAFAELA explicó de qué se trata el fenómeno de la infodemia, la epidemia de información maliciosa, sesgada y hasta falsa.
Comenzó explicando que se trata de un tema que tiene muchísimas caras. “Los movimientos antivacunas surgieron en los tiempos cuando comenzaron a circular las primeras vacunas, desde entonces que hay cierta resistencia, e históricamente en un primer momento por motivos religiosos. De ahí surgen las primeras resistencias que han ido mutando. Ahora tienen un fuerte componente tecnológico”.
“A través de las redes, se pueden ir testeando distintos argumentos para ver cuáles son los que echan raíz en la población. Ese tipo de campañas generan confusión, con el potencial político que pueda tener cierto nivel de confusión. Se mezclan muchos factores con cuestiones de desconfianza hacia un sistema social que históricamente ha tomado muchas decisiones en perjuicio de la mayoría. Eso favorece esta infodemia, esta epidemia de información maliciosa, sesgada y hasta falsa”, afirmó Magnani.
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Además, sostuvo que hay que tener en cuenta que “hay gente que confía en una voz que no tiene responsabilidad editorial ni el criterio de evaluar la información. Los medios de comunicación masiva, como mínimo, tienen una responsabilidad editorial. El problema también es que el sistema de medios está sufriendo una crisis grande, compite con las redes tanto por los contenidos como por las publicidades. Lo que importa que la gente haga clic en el titular. Una nota de investigación que lleva muchísimo esfuerzo puede generar muchos menos ingresos que otra nota polémica que levantaste de internet”.
“Mucha gente solamente lee el titular con lo cual, el medio esclavo de su modelo de negocios, muchas veces es también contribuyente a la infodemia. A eso hay que sumarle que muchas de las campañas (como las antivacunas) tienen los recursos tecnológicos y económicos para producir grandes niveles de confusión y son muy dañinos en el mediano y largo plazo. En ocasiones, para descalificar algo se ponen en duda fundamentos que están testeados”, dijo Magnani.
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Agregó que esto tiene que ver también con una crisis de la modernidad y un ataque frontal al pensamiento racional. Se desestabiliza por medio de estos recursos y se termina produciendo un daño muy grande al conjunto de la población.
“Estamos en una sociedad muy mareada porque pasan cosas muy extrañas. El daño institucional, la incredibilidad en las instituciones, es tan grande que no se puede gobernar. Lo que se busca es destruir los consensos y que prime la libertad individual por encima de todo lo demás (Por ejemplo, mi libertad de no vacunarme, cuando en realidad hay cuestiones por encima de eso como la salud pública). Estamos todos en un mismo país y compartimos los riesgos, por lo cual las decisiones tienen que ser comunitarias. En esas aguas confusas, algunos aprovechan para discutir hasta lo más evidente con tal de ganar algún tipo rédito”, explicó el licenciado.
“Esto se suma a una característica de los seres humanos y es que es muy difícil hacer cambiar a alguien de opinión, no importa las evidencias que le des. Ante más evidencia, sospechan más que el complot en su contra es mucho más grande de lo que habían creído. La grieta, por ejemplo, no es un fenómeno argentino, es global. Y con respecto al consenso, ni siquiera lo hay sobre los hechos que ocurren. Incluso los hechos están en disputa. Si vos instalas con suficiente fuerza algo inverosímil, se convierte después en algo que todo el mundo cree que es verdad y no importa si alguien sale a desmentirlo”.
"Es muy difícil convencer a alguien de algo distinto a lo que ya creía. Se transforman en sentido común cosas que no tienen ningún fundamento".
Lo ideal como consumidores de la información sería “callarse, tratar de entender, leer fuentes testeadas, discutir con una mentalidad abierta, lo cual es algo que cuesta mucho y lleva mucho tiempo. Hay mucha gente que no tiene el tiempo necesario como para informarse, por ejemplo, sobre cómo se testea una vacuna. De golpe parece que cualquier persona es experta en la validación de una vacuna”.
“En Francia, con niveles educativos altos, más de la mitad de la población la que se niega a aceptar la vacuna. Estamos hablando de fenómenos globales de descreimiento, de escepticismo, de desconfianza, que funcionan como abono de teorías conspirativas. Si alguien cree que algo es mentira, y uno lo dice en voz alta que no, van a pasar a sospechar de esa persona. Es muy difícil convencer a alguien de algo distinto a lo que ya creía. Se transforman en sentido común cosas que no tienen ningún fundamento. Es muy difícil de romper porque tiene mucho nivel de penetración”, explicó Magnani.
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Además, sostuvo que “en esta saturación de información, uno elige aquellas cosas que son consonantes con sus propias creencias. Es muy difícil que la desmentida le llegue al que debería evaluar su opinión. La infodemia apela a la indignación, a los referentes irracionales (enojo, furia, asco) que son los más incontrolables. Si a alguien le surge esto ante una noticia, es difícil que después cambie”.
“Toda esta maquinaria para convencer a la gente fue creada fundamentalmente para vender publicidades en redes sociales. En primer lugar, se pensó para vender productos y ahora se usa para convencer a la gente de que las vacunas podrían no tener ningún efecto”.
Entrevista completa:

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