La columna económica de Guillermo Briggiler
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Comenzó, la negociación con el Fondo, es la única que nos puede enviar partidas frescas las que deberán ser utilizadas correctamente, ya que el problema no es la deuda, sino para que se utilice. La cifra que nos enviaron en el acuerdo anterior, es similar a al monto, a valores actuales, que se le prestó para poner de pie a Europa luego de la segunda guerra mundial a través del denominado Plan Marshall, miren lo que hizo Europa con ello y lo que logramos nosotros.
El problema no es la deuda, no es la cifra que nos prestan, es la manera en que se utiliza la herramienta crediticia. Seguramente, como en tiempos anteriores, el FMI pedirá condiciones para realizar nuevos desembolsos, y es acá donde tenemos que prestar atención.
Si nuestro plan económico se reduce a solo encuadrar los presupuestos públicos, como condicionaba el Fondo en él último préstamo y mandará a sus veedores a controlar las cuentas públicas, para asegurarse el reembolso, fracasaran ellos y nosotros, ya que no será suficiente para alcanzar el despegue del país. Si bien tener los presupuestos encuadrados es razonable y necesario, para unas finanzas públicas sanas, en el actual contexto sería muy difícil y sacrificado, pero también inútil en el corto plazo, y sobre todas las cosas, no sería suficiente para conseguir el crecimiento del país.
A un plazo mediano y largo, las cuentas públicas, deberán encuadrarse, ya que como comprobamos, no puede vivirse de prestado eternamente. Para salir del rojo en los presupuestos, en esta particular circunstancia que vive el país, no pueden crearse nuevos impuestos, ya que no hay sectores que puedan contribuir y que no estén ya grabados hasta casi la confiscación.
Conjuntamente la situación de pobreza en que está sumida gran parte de la población, hace que no pueda reducirse el gasto social. Estamos en una situación épica, donde se definirá el destino de varias generaciones de argentinos. Se puede seguir repartiendo una torta que año a año es más pequeña, (Argentina no crece desde hace una década y somos más habitantes) o buscamos un camino de generación de riqueza.
Se necesitan políticas de crecimiento, de producción, de ampliación de la oferta, de ampliación del sector privado, ya que es quien es el único que produce excedentes en Argentina. Hay que poner en movimiento el aparato productivo del país. Y por que no, convertirnos en una generación legendaria que baje impuestos a los que consigan mejores y más eficientes producciónes.
Aquellos que se tecnifiquen e inviertan en aumentar los valores agregados de los productos de exportación, o consigan ser más eficientes en la fabricación de productos para el mercado interno, que volverá en baja de precios y generación de saldos exportables. Disminuir alícuotas para aquellas plantas fabriles o inmuebles o prestadores de servicios que aumenten su producción, reduzcan la ociosidad y amplíen la planta de personal ocupado.
La ampliación de la producción generada en la baja impuestos o tasas a determinado sector productivo, influirá con menor recaudación por la baja de ese impuesto, pero volverá con mayor recaudación por ganancias en las empresas involucradas, más recaudación por impuesto al valor agregado en el genuino consumo de los nuevos trabajadores contratados, baja del gasto público por menores necesidades sociales y lo que no es menos importante, más estabilidad en la moneda del país.
Esta estabilidad en la moneda, que implica también menos inflación, se genera por el aumento de la demanda de pesos para realizar las nuevas inversiones en los sectores que se vuelven más productivos por baja impositiva inicial, más el consumo de los trabajadores incorporados a los sectores que invierten
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