La columna económica del contador Guillermo Briggiler
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En la dinámica de los mercados mundiales, un gobierno toma un préstamo, con este se realizan mejoras e inversiones en el país para ganar competitividad, por ejemplo, nuevos puertos, caminos, ferrocarriles, etc. Con estas inversiones el país crece, su Producto es mayor, la relación deuda producto es menor y los indicadores macroeconómicos mejoran y se califica para tomar nuevos préstamos y continuar con el ciclo virtuosos.
En otras palabras, las deudas no se pagan, se refinancian tomando nueva deuda para cancelar la anterior, aumentándola y utilizando nuevamente esos fondos para realizar nuevas inversiones que devuelvan más competitividad, apalancando al país.
El problema no es la deuda, es que se hace con esta, si se malgasta, es decir se utiliza para pagar gastos corrientes, para consumir por encima de lo que producimos, la dinámica virtuosa no sucede. Nuevamente decimos, el problema no es la deuda, el problema es que no crecemos, no generamos riqueza, ni empleo, no atraemos inversiones y la clase dirigente no ayuda.
Si el país crece, recibe inversiones, que mejoran el nivel de empleo, reducen el gasto público vía gasto social, aumenta el consumo y con esto la recaudación, mejorando las cuentas fiscales. Por lo contrario, si consumimos sin inversión, el escenario que tendremos es de estancamiento con inflación. No hay crecimiento y suben los precios por efecto de la falta de oferta, infraestructura y emisión para el pago del gasto.
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