Clases presenciales: ¿se puede volver en las condiciones pretendidas?
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En estos días, el gobierno nacional dio a conocer el protocolo que debe aplicarse a la hora de volver a clases. Algo en lo cual coincidieron los Ministros de Educación de las 24 jurisdicciones del país, incluída la provincia de Santa Fe. Lo que hay preguntarse es si es factible que dicho protocolo se implemente y si los supuestos beneficios son superiores a las dificultades que traerá la ejecución del mismo.
Como primer análisis lo que hay que mencionar es la fecha de vuelta a clases. En las provincias donde no hay circulación comunitaria del virus COVID 19 como Santa Fe, ya se habla de agosto como el punto de inicio de las actividades en algunas escuelas y cursos. Pero lo que hay que decir es que no sirve volver por volver, sino se está seguro que se va a poder sostener la presencialidad en el tiempo. Poner en marcha una institución como la escuela, no es simplemente abrir una cerradura, acomodar los bancos y cerciorarse de que haya tizas en el aula. Sino que implica el movimiento de un engranaje que lleva tiempo alistarlo, mucho esfuerzo ponerlo en marcha y que no se puede parar de un día para el otro. No es como abrir una tienda y, si al otro día hay que cerrarla porque se cambia de fase, se cierra. Poner en movimiento el engranaje educativo implica involucrar a sus protagonistas (directivos, docentes, asistentes escolares, familias, entre otros), realizar un diagnóstico, trazar un plan a corto y mediano plazo, definir nuevos roles que deben ser sostenidos en el tiempo, crear rutinas previsibles que generen un ambiente favorable para la enseñanza y dé certidumbre a los protagonistas del proceso educativo. Dicho de otra manera, una vez que se ponga "un pie" en la escuela, ya no debería volverse atrás. O por lo menos, si bien a "Seguro se lo llevaron preso", estar bastante seguros de que ya no se suspenderán nuevamente las clases.
El uso del barbijo
La primera novedad en la post- cuarentena áulica, será el uso del tapabocas o barbijo desde primer grado (no olvidemos que hablamos de niños de 6 años) en adelante. Todos deberán usarlos y en todo momento, como en las clases de educación física y música (¿?). Aún dentro de las aulas o en los espacios comunes de los establecimientos. Esto obviamente, incluye no sólo a los alumnos, sino a los docentes y todo el personal escolar. Como primera cuestión, hay que decir que el barbijo, se transformará para los alumnos en un elemento distractivo dentro del aula e incluso un obstáculo a sortear para aprender. Respecto a lo primero, no cabe duda de que difícilmente pueda un niño pequeño, y no tanto, conservar en su lugar el barbijo por el término de 4 horas. Y respecto a lo segundo, cualquier persona sabe que intentar hablar a una población de 15 alumnos (que según dicen será el máximo permitido en las aulas) con un barbijo puesto, no es nada sencillo, y menos hacerlo justamente por 4 horas. Ni hablar de la barrera física- pedagógica que implica la utilización de este adminículo. ¿Acaso los funcionarios en las conferencias de prensa no se sacan los barbijos para que se les entienda lo que hablan, aún cuando tienen micrófonos? ¿Y pretenden una comunicación eficiente entre un educador y 15 educandos, sin micrófono y en un ambiente de intercambio verbal constante? Desde ya que no hay garganta que resista, ni de los niños, ni mucho menos del docente.
Distanciamiento social
La segunda medida de la que habla el protocolo es el distanciamiento social. En los baños, patios y otros espacios comunes, el distanciamiento obligatorio será de 2 metros. En las aulas, con tapabocas y lavado de manos, será de al menos 1,5 metros. Lisa y llanamente, imposible de cumplir. Primero porque en algunos casos esa distancia no se condice con las posibilidades físicas de los edificios escolares. Y por otro, porque básicamente casi la totalidad de las actividades en la escuela están pensadas para ser abordadas de manera colectiva, un aspecto central en el proceso de enseñanza - aprendizaje. La socialización sin acercamiento en infantes en pleno desarrollo no parecería ser la mejor opción, transformándose además este distanciamiento en un aspecto más a controlar por el docente. Un distanciamiento que se le exigiría a los niños en las escuelas, pero que en realidad hoy no se cumple en otros lados donde también asisten los niños. Sino, sólo resta ver lo que pasa los fines de semana en la ciudad en los espacios verdes. Y hasta me atrevería en este caso a plantear una cuestión legal, o para ser menos dramático, de responsabilidad social: si un alumno menor de edad se contagia de coronavirus y asegura que fue en la escuela porque en un momento en el patio no estuvo a dos metros de otros compañeros, ¿la responsabilidad va a ser del docente por no controlar algo que es imposible de controlar?
Clases alternadas
Ya no podrán asistir todos los alumnos al mismo tiempo y se deberá complementar con educación en el hogar. Por ejemplo, un esquema posible sería: grupo A asiste lunes, miércoles y viernes, mientras grupo B asiste martes y jueves. Después de cada semana cambiarían el orden para repartir equitativamente los días. La pregunta acá es si esto se hará con el mismo personal disponible o si se colocará un auxiliar docente por cada curso, ya que esta medida implica el doble de trabajo literalmente. Es decir, preparar una planificación presencial (para un grupo) y una planificación virtual (para otro). Dado que ambas clases, por cuestiones pedagógicas obvias, no pueden ser iguales. Las correcciones tampoco serán iguales y el docente estará afectado en un turno a la presencialidad, pero a su vez en otro turno de virtualidad, que básicamente -como en estos momentos- es todo el día. Esto ha dado pie para que algunos sectores sindicales hablen de "precarización laboral" de la docencia, que además está sin paritarias desde el año pasado. No ocurriendo lo mismo con los educadores de la mayoría de las provincias argentinas, que lograron cerrar salarios antes de que se avecine la pandemia.
El ingreso escalonado
Los ingresos a las escuelas ya no serán, como solía suceder, todos a la misma hora, a las 7:30 en el caso del turno mañana. En cambio, habrá distintos turnos de entrada para los cursos que definirán las mismas jurisdicciones con sus escuelas. Medida inviable desde todo punto de vista. Por ejemplo, una familia con tres niños en edad escolar en diferentes grados tendrá que organizarse para ir seis veces durante 4 horas a la escuela. Tres para llevar los niños en diferentes horarios y tres para buscarlos también en horarios distintos, de modo que tampoco se amontonen a la salida. Ni hablar de las dificultades que esto generaría en cuanto a la utilización del transporte y el gasto que implicaría para un hogar.
Los nuevos recreos
Buscarán que haya un turno específico para cada grado para evitar la interacción entre los cursos. Del mismo modo, los juegos tradicionales, como el fútbol o la mancha, estarán prohibidos. El objetivo, otra vez, es reducir el contacto físico al mínimo posible.
Por reglamentación provincial, el recreo en la escuela debe durar media hora, dividido en 3 recesos de 10 minutos, 2 de 15, o la distribución que cada institución le desee dar. A dos recreos por grado en una escuela primaria, serían 14 los recreos diarios que debería haber durante cuatro horas, es decir, uno cada 15 minutos aproximadamente. Tarea, la de controlar estos tiempos, que realizan los asistentes escolares. Que además después de cada recreo deberán limpiar los baños y espacios comunes desinfectándolos con lavandina y/o alcohol. Por otro lado, respecto a lo de "prohibir" ciertos juegos, implicará algo no muy sencillo: proponer divertimentos donde se respeten los dos metros de distanciamiento social entre los alumnos.
Accionar ante un caso sospechoso
El primer paso ante la detección de un caso sospechoso será el aislamiento e hisopado del estudiante o docente en cuestión. Después se procederá al rastreo de sus contactos estrechos, los compañeros que tuvieron vínculo con él, para aislarlos y testearlos en caso de presentar síntomas. Al día siguiente, toda la escuela permanecerá cerrada y se suspenderá la actividad. Ese día será destinado a la desinfección.
Imaginarse el nivel de dramatismo y paranoia que puede generar que en una escuela (familias, alumnos y docentes) haya un caso sospechoso de COVID 19 y que tenga que llevarse adelante todo lo que dice este punto, lo hace ya de por sí inaplicable. Una simple frase como "Hoy faltó Juancito porque está con fiebre", podría hacer arder los grupos de Whats App de padres y los teléfonos de la Dirección.
Protocolo y realidad de la mano
Cualquiera que conoce en detalle cómo funciona una escuela, se da cuenta que el nuevo protocolo flaquea en su practicidad y aplicabilidad. Que no tiene un sustento en la realidad, que delega más responsabilidades de las que ya posee el docente y no tiene en cuenta las particularidades de los alumnos en sus diferentes etapas de desarrollo (edades). Por eso, la pregunta clave que resta hacerse debe ser "el corazón" de la decisión que tomen los gobernantes: ¿esta nueva presencialidad condicionada a la que se pretende volver, sirve para mitigar las deficiencias que presenta la virtualidad o sería casi lo mismo pero con más riesgos? Si la respuesta no es un contundente y absoluto "sí sirve", y "si es viable", entonces no tiene sentido volver por volver.
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