Tiene 61 años y, a pesar de las secuelas de un grave accidente, está estudiando para terminar el primario
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Josefa sufrió un grave accidente en enero de este año, mientras se conducía en moto, y este hecho le afectó toda la pierna izquierda. Para no caer en la depresión decidió empezar los estudios que había dejado 50 años atrás.
(Por Oscar Romero – El Periódico)
50 años después
Ya desde el año pasado una amiga de la mujer, María Ester Retamoso, la alentaba para comenzar juntas los estudios primarios. Se decidió que lo haría en 2021, pero el accidente casi que descartaba esa posibilidad.
Sin embargo, esa querida amiga no se quedó de brazos cruzados y habló con la profe Adriana, esta última se contactó con Josefa, se puso al tanto de su panorama, la inscribió y de esta manera comenzaron con las clases.
Hubo un tiempo en que la nueva alumna pudo asistir presencialmente en silla de ruedas y con la llegada de la segunda ola de coronavirus, y las restricciones, continuó con una suerte de clases virtuales y asistencia de la propia docente.
“Con las nuevas restricciones le propuse ir enviándole material vía WhatsApp o sino le acercaba cuadernillos a su casa -relató Fasano-. El seguimiento era diario, nos comunicamos por teléfono, por chat, estamos bien comunicadas. Ella está trabajando muy bien, me manda sus actividades, es una excelente alumna, tiene la meta bien fija de poder terminar y estoy contenta por ella, me parece un ejemplo para muchas otras personas”, destacó.
Por su parte, Josefa contó que cursó hasta cuarto grado en la escuela Mariano Moreno de Villa Concepción del Tío, pero tuvo que abandonar para trabajar y que la familia pudiera subsistir. “Éramos varios hermanos y había que salir a trabajar para alimentarnos, trabajábamos de peones de tambo, de niñeras, de lo que fuera para tener para comer”, señaló.
A los 18 años se casó y recorrió parte de la provincia con su marido hasta radicarse en San Francisco, allá por el año 1993. En nuestra ciudad se desempeñó como cocinera en importantes restaurantes y rotiserías, entre ellos, el recordado local La Giralda. Es mamá de cinco hijos, tres varones -Oscar, Daniel y Pablo- y dos mujeres-, Laura, Belén-, que ya la hicieron abuela y bisabuela.
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Tras jubilarse y a pesar de seguir trabajando en la cocina, sus hijos le pedían que se mantuviera en alguna actividad, fue así que, a pesar del accidente, la escuela y el estudio la salvaron y revivieron una antigua materia que la mujer tenía pendiente. “Lo tomé como un desafío y además como no me puedo mover mucho -recién hace semanas comenzó con un andador-, el estudio y las tareas me entretienen y me encanta”, remarcó. Y agregó: “Ya sabía escribir, lo que me confundían eran cómo colocar las comas, los puntos pero lo fui encaminando gracias a la profe, es divina”, describió.
Josefa se ilusiona con que vuelvan las clases presenciales y poder asistir algunos días –si es que el dolor de su pierna se lo permite- al colegio. También confesó querer continuar el secundario.
La difícil tarea de enseñar en pandemia
Fasano confesó que utiliza varias modalidades para que sus alumnos puedan seguir estudiando, desde la virtualidad, mensajes y tareas por WhastApp, aunque para varios de ellos prepara cuadernillos y que ella misma se encarga de entregar casa por casa.
“La pandemia y la virtualidad afectó un poco el cursado de algunos alumnos, sobre todos aquellos que están en proceso de alfabetización y que ni siquiera saben usar el WhatsApp. Si no está el docente al lado no se puede hacer mucho, hay muchos adultos que están solos y necesitan la presencialidad para avanzar de mejor manera”, reconoció la docente.

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