Rafaela arde
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Y no está en mis intenciones negar, ni restar importancia al poder devastador que la maldita pandemia tiene per se, llevándose a su paso el aliento de personas que han sido el espíritu vivo de la ciudad, y dejando en su lugar nada menos que dolor y vastas memorias. Y, tal vez, poco se pueda hacer contra aquella naturaleza del virus, quien solo se ocupa de su misión vital: la de infectar y matar. Sin embargo, también algunas personas parecieran, desde cierta perspectiva, compartir la misma naturaleza del enemigo invisible. Ingenuo sería no darnos cuenta que hoy nos está matando, además, la inacción, la acción tardía, e incluso la acción desmedida de quienes nos gobiernan, todos ingredientes del cóctel letal que nos dan de beber como antídoto mágico para resolver o mitigar todo impacto, desconociendo por completo las veredas sobre las que su pueblo ya ni siquiera deambula y, sin la mínima empatía para probarse por un momento los zapatos de los gobernados. Se enarbolan las banderas de una lucha de trincheras contra un enemigo invisible, sin contemplar, por un solo minuto, cuántos quedan en el camino por las balas del fuego amigo. Aquel que concebido para protegernos juega el rol de un nocivo padre protector que abraza a sus hijos hasta asfixiarlos. Y por eso es que la ciudad arde, porque ve pisotearse su identidad, representada por quienes llenan sus bocas hablando de ancestros y fundadores que hicieron la ciudad con sudor y trabajo. Y seguramente, serán aquellas estatuas y bustos que adoran las que quisieran resquebrajarse para reprobar sus conductas.
Y mientras tanto, con pechos hinchados anuncian con orgullosos que superaron ampliamente las cientos y cientos de infracciones o multas, como pretendiendo mostrar con ello la eficacia de una gestión exitosa, superando incluso sus propias marcas y records. Pero, esas marcas, para ellos, indicadores claves de un éxito intangible, no son más que el goteo de las lágrimas del empresario que queda en el camino, del comerciante, del emprendedor, del kiosquero, y tantos, tantos otros quienes no piden mucho más que la osadía barbárica de trabajar!, en una ciudad que tanto idolatra la cultura al trabajo que con sudor la vio nacer. Porque indefectiblemente, y sin contar las almas que ya no sumarán en las urnas, aquellos que son afectados, pasarán a formar parte de las cifras que se escribirán en el aire destinadas a ser olvidadas con alguna nueva promesa. Porque con una capa roja seguramente anunciarán decenas de créditos flexibles, inversiones, algún subsidio y hasta benevolentes exenciones de impuestos para que los ingenuos manoseados vuelvan a confiar. Pero no, no sirve señores gobernantes locales. Pues esas personas se sienten desamparadas HOY, y cuando cierran sus puertas, ahogados, pierden mucho más que la valentía para volver a confiar, pierden la esperanza! Y para un trabajador que de su sudor vive, es ésta la que lo mueve a seguir intentando. Pero la sed de recaudar parece pretender saciar a todas las bocas sedientas, anhelando alguna promesa acompañada de dardos tirados a un enemigo invisible. Seguimos cayendo por no trabajar, seguimos cayendo y no en una batalla justa, si es que las hubiere. Sino en un exterminio de quien siente arrebatado su capital más inherente, el trabajo, y solo encuentra en el camino una quiebra o una puerta que ya no volverá a abrir. todo ello pasa acá, si, aun acá en La Perla, que hoy restringe posibilidades como receta sanitaria, mientras su ejecutivo reposa, habano en mano en un despacho, seguramente en compañía de las imágenes de aquellos padres fundadores, que tan solo volverían a la vida por un minuto, para golpearles la nuca y reprochar su accionar. Y no pretende este escrito levantar la bandera de algún partido, no, porque lo que menos necesita la ciudad es más divisiones, pues propios y ajenos sangran de la misma manera. Ojalá estas voces lleguen a esos tibios despachos, ojalá recuerden quienes fueron, quienes somos y quienes, por tibieza de algunos, parece que hoy ya no podemos ser...Fuerza Rafaela!
Adrian M. Gonzalez
DNI 29379116
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