Programa ESPUMA: alumnos de Sastre recolectan aceite de cocina usado y lo transforman en jabón
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Al fabricarse utilidades mediante aceites de cocina usados, se evita que los mismos sean desechados directamente sobre la tierra desde los domicilios particulares, locales gastronómicos e industriales.
A través del programa ESPUMA, la Escuela de Educación Secundaria Orientada Nº 639 "Patricias Mendocinas" de la ciudad de Sastre puso en marcha el programa que involucra a estudiantes de primero a quinto año.
Con el objetivo de avanzar en la colaboración con el medioambiente y la concientización ciudadana, la escuela lleva adelante una iniciativa que ya se aplica en diferentes puntos del país y que llegó de la mano de un grupo de mujeres de Agricultores Federados Argentinos (AFA).
El programa se basa en la recolección de aceites de cocina usados (ACU) para transformarlas en jabones y detergentes biodegradables y, de todo el ciclo del proceso, se encargan los alumnos.
"Tiene un triple impacto: económico, social y ambiental. A fines de agosto, los productos finales ya estarán en la calle", se entusiasmó Nicolás Biolatto, joven líder nacional de la movida.

"Pensemos que los aceites son residuos muy peligrosos y contaminantes en su mal desecho; los transformamos de manera artesanal y a través de un saber en jabonería pasan a ser un bien de cambio para convertirlo en un producto 100% biodegradable, o sea que vuelve a la tierra sin contaminar", destacó.
El programa, que se encuentra en su fase inicial en la cabecera del departamento San Martín, desembarcó en Sastre por medio de una reunión realizada en Montes de Oca (Córdoba) donde Biolatto había sido convocado para disertar.

Mujeres de Agricultores Federados Argentinos tomaron contacto con el propio joven: "Me contactaron e hicieron las gestiones con la escuela técnica Patricias Mendocinas. A raíz de eso pudimos llevar la burbuja a la localidad y comenzamos a desarrollarla dentro del establecimiento educativo", recordó.
El proceso productivo
El trabajo es netamente colaborativo con el cuerpo docente, la cooperadora de la escuela, los alumnos y la comunidad, donde intervienen alumnos de primero a quinto año.
En los dos primeros años, se encargan de la campaña de recolección de las ACU, enfocando las tareas a los desechos y la concientización comunitaria.
Así, cada curso y dependiendo de su materia aplicada, poseen determinadas actividades diseñadas a seguir:
"Hay química, salud y adolescencia, educación en contextos laborales y laboratorios. La idea es que todas las tareas sean complementarias dentro del programa para que los estudiantes, a medida que van avanzando en el ciclo educativo, vayan desarrollando todo el circuito teórico-productivo"

"El cierre es en quinto año, donde los adolescentes son los encargados de la producción de los jabones y detergentes para la venta. Y este bien de cambio los va a ayudar económicamente para recaudar fondos para su egreso escolar", destacó.
Más detalles
Según explicaron, la nocividad de las ACU es tan fuerte que un litro llega a contaminar 1000 de agua. "Es lo que consume una persona al año. Es un desecho silencioso y al cual estamos acostumbrados, pero pocos saben que es muy nocivo", contó Biolatto.
Además, el creador de la iniciativa destacó que al llegar a las aguas abiertas como ríos y lagunas, el aceite forma una capa que impide el paso de la luz solar y el oxígeno, poniendo en riesgo la flora y fauna del lugar incrementado su mortandad.
En tanto, al arrojarlas sobre desagües cloacales y pluviales, su acumulación obstruye conductos que favorecen la reproducción de roedores e insectos.
Pero no sólo el beneficio es ambiental: también tiene un lazo social mediante su instalación en comunidades vulnerables o instituciones.
Otro de los objetivos de ESPUMA busca avanzar en los canales de comercialización de la producción para lograr independencia económica.
El líder de la iniciativa destacó que se puede participar de jabonerías comunitarias junto a poblaciones socialmente vulnerables o emprender la propia fábrica personal. En este último caso, una parte de la ganancia de las ventas debe ser destinada a una institución social, definida por quien emprende.
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