Lucas Pessot ex párroco de San Cristóbal: "Es un dolor que se replicó en muchos lugares"
El párroco de San Pedro y Santa Josefa Rosello, que estuvo hasta hace pocos días en San Cristóbal, compartió su mirada sobre el impacto emocional que dejó el caso y la conmoción que se extendió a toda la comunidad
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Lucas Pessot, párroco de la parroquia San Pedro y Santa Josefa Rosello, habló desde un lugar muy particular sobre lo ocurrido en San Cristóbal. Su palabra estuvo atravesada por la cercanía con esa ciudad, donde vivió y acompañó a la comunidad durante años, y por el impacto personal que le generó enterarse de lo sucedido apenas días después de haber dejado ese destino pastoral.
“Yo me fui de acá hace casi nueve años me fui y estuve casi siete años en San Cristóbal”, repasó, al explicar el vínculo profundo que todavía conserva con esa ciudad y su gente.
En medio de su llegada a una nueva comunidad, reconoció que conviven sentimientos distintos. Por un lado, “la alegría de volver a una comunidad que uno conoce, que quiere, que me ha hecho siempre mucho bien”, pero también “conociendo el desafío de lo enorme, de lo grande”, dijo sobre esta nueva etapa en Rafaela.
El impacto de una noticia que lo golpeó de lleno
Pessot contó que al enterarse de lo ocurrido en San Cristóbal quedó atravesado por una conmoción muy fuerte. “Cuando me enteré fue chocante, no me acuerdo qué hice después.”, confesó.
Y profundizó aún más esa sensación de desborde: “Es realmente un shock de saber, de ver”.
En ese contexto, comenzó a ver imágenes y videos que lo conectaron todavía más con la realidad que acababa de explotar en esa comunidad. “Fui viendo algunos videos de los chicos que fueron hablando, hasta algunos te digo que los conocía de espalda”, relató.
Incluso, recordó una situación puntual que le devolvió con crudeza la cercanía con las personas involucradas. “Anoche a una de las chicas que habló hasta le puse nombre, quién era”, contó.
Una ciudad donde todos se conocen
El sacerdote remarcó que una de las particularidades de San Cristóbal es justamente la cercanía entre sus habitantes, lo que hace que un hecho así tenga un eco todavía más profundo. “En San Cristóbal nos conocíamos todos”, afirmó.
Por eso, explicó que el dolor no quedó encerrado en una sola institución o en un grupo puntual. “No conocía tanto de la institución en sí, sí algunos docentes particulares, pero también este dolor se transmitió a un montón de lugares”, sostuvo.
La angustia personal y la impotencia
Pessot también habló en primera persona sobre lo que le fue pasando por dentro desde que conoció la noticia. “De mi cuestión personal me di cuenta de que siempre estuve como con una sensación de un nudo en el estómago”, expresó.
Esa sensación física se mezcló con otra muy difícil de procesar. “Y al mismo tiempo la impotencia de no saber qué hacer o cómo ayudar”, reconoció.
Como suele pasar en situaciones de este tipo, dijo que también aparecieron preguntas inevitables. “Obviamente que después también te replanteás qué no hiciste, todas esas cosas”, reflexionó.
La fe como sostén en medio del dolor
Frente a una realidad tan dura, el párroco explicó que cada uno reacciona como puede, y que en su caso el refugio volvió a ser la fe. “Ante este shock uno reacciona como puede y se aferra a lo que nosotros tenemos como realidad, que es Dios”, sostuvo.
En ese sentido, contó que su respuesta fue pedir fuerza y acompañamiento espiritual. “Pedirle a Dios siempre que Él sea nuestro sostén y pedirle también por la comunidad”, expresó.
También relató que estuvo en contacto con el sacerdote que hoy acompaña pastoralmente a San Cristóbal. “Hablamos con el padre Daniel, que es el cura que está ahí”, contó.
Y compartió el pedido concreto que recibió de él en estas horas tan difíciles: “Lucas, reza mucho también por la comunidad”.

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