“Hoy no dejo solamente un trabajo”: la despedida de Hermes Arévalo tras 27 años en el peaje de San Vicente
Hermes Saúl Arévalo Pautasso comenzó a trabajar en la estación cuando tenía apenas 20 años y terminó convirtiéndose en supervisor. A los 47, le tocó participar del cierre del lugar en el que pasó más de la mitad de su vida. “Amaba mi trabajo”, expresó al recordar compañeros, cumpleaños perdidos y momentos difíciles que atravesó junto a ellos.
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El cierre del peaje de San Vicente, sobre la Ruta Nacional 34, no significó solamente la pérdida de puestos de trabajo. Detrás de cada empleado quedaron años de historias, compañeros, sacrificios y rutinas construidas alrededor de una estación que dejó de cobrar este martes.
Una de esas historias es la de Hermes Saúl Arévalo Pautasso, quien trabajó allí durante 27 años. Ingresó cuando tenía 20 y se despidió a los 47, después de haber recorrido diferentes tareas hasta alcanzar el puesto de supervisor.
“Son 27 años de historia. Arranqué a los 20 años y hoy tengo 47 cumplidos”, resumió.
A lo largo de esas casi tres décadas atravesó distintas etapas y empresas concesionarias, pero permaneció ligado al mismo lugar de trabajo.
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De maestranza a supervisor
Antes de ingresar al peaje, Arévalo había terminado la escuela secundaria e intentó incorporarse a la Policía. Al no conseguir el ingreso, comenzó a buscar empleo y apareció una oportunidad que terminaría marcando buena parte de su vida.
Sus primeras tareas fueron en maestranza y seguridad vial, colaborando también en la atención de situaciones que se producían sobre la ruta y en inmediaciones de la estación.
Con el paso de los años fue asumiendo nuevas responsabilidades hasta alcanzar la categoría de supervisor.
“Siempre traté de ser buena persona. Todos me conocen, algunos me dicen ‘Loco Lindo’. Fui creciendo, me fui haciendo y llegué a la categoría más alta, que era supervisión”, recordó.
Arévalo aseguró que siempre intentó desempeñar sus tareas con compromiso y destacó el vínculo que construyó con quienes compartieron tantos años de actividad.
“Yo amaba mi trabajo, lo hacía con gusto. Me levantaba sabiendo que tenía que ir y, si me tenía que quedar después de horario, lo hacía. Siempre estuve dispuesto”, expresó.
“Me tocó cerrar el día de la estación”
El último turno tuvo para él una carga emocional especial. Después de haber ingresado con apenas 20 años, le tocó participar del cierre de la jornada final del peaje.
“Ayer justo me tocó a mí también cerrar el día de la estación. Fue muy fuerte, por todo lo que llevo de estos 27 años”, relató.
En su recuerdo aparecen también los sacrificios familiares que implica una actividad con turnos rotativos.
“Hubo cumpleaños y un montón de eventos de los que uno no pudo participar por el tema de los turnos rotativos”, contó.
Sin embargo, al mirar hacia atrás eligió poner el acento en el agradecimiento.
“Siempre fui una persona agradecida del trabajo y de todos los compañeros que me tocaron”, señaló.
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El apoyo de sus compañeros en uno de sus momentos más difíciles
Entre los recuerdos que guarda de esos años hay uno especialmente significativo. En 2018 atravesó una enfermedad y encontró en sus compañeros un respaldo que todavía valora.
“Pasé una situación muy mala por una enfermedad y tuve el apoyo de todo mi equipo de trabajo. Me voy agradecido con todos mis compañeros”, manifestó.
También recordó el mensaje que intentó transmitir hasta el final a quienes trabajaban junto a él.
“Siempre les decía a los chicos: ‘Vamos para adelante, a no caer, a no decaer’. Lo mantuve hasta lo último”, expresó.
Sin embargo, cuando llegó el momento definitivo de cerrar la estación, las emociones terminaron imponiéndose.
“Ayer la verdad que me tocó quebrarme”, reconoció.
Mensajes de personas que ni siquiera conocía
La despedida también tuvo una repercusión que Arévalo no esperaba. Después de tantos años de contacto cotidiano con usuarios de la ruta, recibió numerosos mensajes de acompañamiento.
Contó que personas con las que nunca había hablado directamente lo buscaron a través de las redes sociales e incluso consiguieron su número de teléfono para escribirle en privado.
Esas muestras de afecto se sumaron al acompañamiento de antiguos compañeros y conocidos, en una jornada marcada por el final de una etapa que ocupó más de la mitad de su vida.
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A los 47 años, volver a empezar
El cierre del peaje obliga ahora a Arévalo a pensar en un nuevo camino laboral. Lejos de quedarse inmóvil, ya comenzó a prepararse.
Actualmente se encuentra realizando un curso de electricidad en un Centro de Formación Profesional de Rafaela, una posibilidad que destacó especialmente porque le permite adquirir nuevas herramientas.
Mientras continúa capacitándose y espera una nueva oportunidad laboral, acompañará también a su esposa, quien tiene un comercio de indumentaria femenina.
“Voy a estar como ayudante y esperando la oportunidad, que creo que va a salir. En cualquier momento va a haber una oportunidad laboral para seguir adelante”, sostuvo.
Después de 27 años, Arévalo deja atrás el lugar al que ingresó siendo prácticamente un joven recién salido de la secundaria y del que se retira convertido en supervisor, con compañeros y usuarios que formaron parte de su vida cotidiana.
El futuro laboral todavía es incierto, pero su despedida deja en claro por qué el cierre de San Vicente representa mucho más que el final del cobro de una tarifa: para quienes pasaron décadas trabajando allí, también significa despedirse de una parte importante de sus vidas.

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