Violencia de género en Rafaela: "Hasta el día de hoy tengo miedo que me mate"
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Insultos, golpes y permanentes amenazas fueron lo que llevaron a Lorena Ledesma a vivir un infierno en vida. Por un poco más de dos años tuvo que convivir con esa realidad y en la última agresión quedó totalmente inconsciente y le llevó un mes y medio poder volver a caminar. Vértigo, ataques de pánico y convulsiones son las secuelas por las que está atravesando en la actualidad. En diálogo con Radio Rafaela relató todo lo que vivió y lo que está pasando.
Lorena Ledesma tiene 25 años y tres hijos. Ella nació en Gato Colorado, departamento 9 de Julio, vivió en Logroño, Tostado y luego en Rafaela. En nuestra ciudad fue donde comenzó la relación con su expareja en el mes de julio del 2019. Pasó solamente un mes para que comience a tener actitudes violentas. “En agosto, comenzó a violentarme. A los días volvimos y prometió que no iba a pasar más, pero siguió golpeándome", explicó Lorena en Radio Rafaela.
La situación fue empeorando y cualquier cosa que hacia la joven era una molestia para él: "No me permitía que tenga celular, ni que pueda pasar un día con mis hijos en la plaza como lo hacía siempre. No me dejaba recibir visitas y muchos menos ver a mi familia. A mi hermana, que vivía cerca de mi casa, me dejaba hablarle por la ventana solamente".
“Desde sacar la basura hasta ir al quiosco sin su permiso ya era motivo para que me pegara".
"Trataba de evitar que mi hijo me viera cuando me golpeaba. El padre de mis hijos me pregunto si pasaba algo o si necesitaba ayuda, yo me negué en ese momento por miedo", dijo la joven.
En septiembre del año pasado Lorena se fue de la casa. Para ese momento, el agresor había sido denunciado tres veces por parte de la joven, pero “ahora me enteré que solamente hay dos denuncias asentadas. Parece ser que la Comisaria Nº13 no me la tomó”, señaló
“Tenía miedo de que me matara, varias veces me amenazó. Hasta el día de hoy tengo miedo de que me mate".
Excusas y engaños
Según lo que contó la víctima, en octubre se juntaron nuevamente porque su expareja lloraba y pedía disculpas: “Me decía que ya no sabía qué hacer, que se sentía perdido, que había renunciado al trabajo y que se iba a ir de Rafaela, por eso me pedía despedirse de los chicos porque él decía que los quería mucho”.
Esa vez pasó el fin de semana en que estuvieron conviviendo en la misma casa. “Era mentira que se iba a ir de Rafaela, inventó todo para poder venir”, expresó.
Ya en noviembre, volvieron a convivir un fin de semana, pero esta vez al agresor se le rompió el auto, lo que fue una excusa perfecta para seguir más tiempo en donde vivía Lorena. “La semana la empecé normalmente con mi rutina y ahí fue cuando se volvió totalmente loco. Estuvimos toda la semana discutiendo porque le molestaban las actividades que yo hacía. Le molestaba todo lo que era mi vida”, manifestó la joven.
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Al borde de la muerte
El viernes 20 de noviembre ocurrió el episodio más grave. Cansada de los golpes, de las discusiones y de la violencia que ejercía su expareja, Lorena le pidió que se vaya de la casa. “Él reaccionó de forma violenta y no me hacía caso. Me dijo que no se iba a ir, que iba a hacer lo que él quería, me empezó a decir de todo frente a los chicos. No le importaba nada”, detalló Lorena.
Fue así que, cuando estaban discutiendo, salió al patio y detrás era perseguida por su expareja que iba insultándola. “Le dije que no me toque a lo que reaccionó peor porque me dijo que me iba a tocar todo lo que él quería, que yo no era nadie para decir lo que él tenía que hacer”.
"En ese momento, recuerdo que me dio dos rodillazos en la parte de la pelvis, yo me arrodillé del dolor y sentí como un aturdimiento y ahí no recuerdo más nada. Me dejó inconsciente, tirada en el patio, y se fue".
Luego del ataque, el agresor agarró un bolso con pertenencias y se retiró. Mientras tanto, uno de los hijos de Lorena, se acercó al patio y se encontró con un escenario terrorífico. Su madre estaba en el piso inconsciente. Inmediatamente fue a la casa de su tía, que está en el mismo terreno donde sucedió el hecho, y alertó sobre la escena que había visto".
Lorena despertó al otro día, la policía le tomó declaración y la fiscal de turno pidió la orden de captura. La familia difundió la imagen del violento en las redes sociales y fue así que, al día siguiente, en Logroño, un pueblo cerca de Tostado en el norte de la provincia de Santa Fe, un kiosquero lo pudo identificar cuando le fue a comprar una cerveza. Desde ese día el agresor está preso.
Las secuelas
Según lo que contó la víctima, luego de la última agresión, físicamente quedó muy golpeada y estuvo un mes y medio en sillas de ruedas sin poder caminar. Luego del trabajo constantes con la kinesióloga pudo recuperarse y recién la semana pasada le sacaron el cuello ortopédico.
Sin embargo, lo que más padece actualmente Lorena son las consecuencias negativas que le quedaron en cuanto a lo emocional y lo psicológico. A lo largo de estos últimos meses fue internada varias veces ya que padece convulsiones, ataques de pánico y vértigo tras la última agresión sufrida. Por ese motivo tiene que recurrir a psicólogos, neurólogos y va a comenzar a ir al psiquiatra.
“Me dan crisis emocionales de las cuales no tengo control de mi misma. Para mi estoy como dormida, pero en realidad hago cosas en esas crisis. Hace 3 semanas me agarró una crisis y me tomé todos los medicamentos que tenía, pastillas para el estrés, tranquilizantes, relajantes. Estaba sola, después entró mi hermana y me encontró. Gracias a dios me pudieron hacer un lavaje de estómago. Me desperté tres días después”.
Otra situación que cambio es su trato con sus hijos. Lorena pasó de vivir con ellos a depender de que el padre los cuide ya que por sus condiciones de salud no puede tenerlos. “No puedo estar al cuidado de ellos por las crisis que me dan porque yo me pierdo completamente”, expresó.
Pedido de justicia para Lorena
Al imputado, primeramente, le dieron 3 meses de prisión preventiva por lesiones leves y luego se la extendieron hasta el 15 de abril. El pedido que hacen a la justicia es que la causa cambie la carátula de lesiones leves a graves. En caso de que eso no pase, el agresor podría quedar en libertad.
“Estamos pidiendo una condena porque no son lesiones leves. Ya van para 4 meses y yo no puedo caminar bien, para hablar se me traban las palabras, me cuesta reaccionar, tengo temblor en las manos, del cuerpo, me cuesta escribir. La fiscal va hacer todo lo posible para cambiar la caratula de lesiones leves a graves para que lo puedan condenar”, finalizó la víctima.
Entrevista completa:
(Las imágenes fueron compartidas con el consentimiento de familiares de la víctima)

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