Padre e hijo condenados por manejar un búnker narco en el corazón del barrio Santa Rosa de Lima
Les impusieron cuatro años de prisión efectiva. La investigación inició con la detección de constantes maniobras de venta al menudeo en un pasillo de la zona oeste.
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La causa que desarticuló un punto de venta de estupefacientes que operaba en el barrio Santa Rosa de Lima de la ciudad de Santa Fe terminó con dos hombres condenados.
En una audiencia de procedimiento abreviado celebrada en los tribunales locales, el juez penal Pablo Busaniche resolvió condenar a Santos Gabriel Ponce, de 52 años, y a su hijo Nicolás Juan Manuel Ponce, de 22, como coautores responsables del delito de "tenencia de estupefacientes con fines de comercialización".
El fallo fue el resultado de un acuerdo alcanzado entre el fiscal de la Unidad de Microtráfico, Arturo Haidar, y el abogado defensor Héctor Acuña. Ambos imputados, domiciliados en la Manzana 10 del mencionado barrio, admitieron su culpabilidad y aceptaron cumplir una pena de 4 años de prisión de ejecución efectiva, además del pago de una multa económica.
La resolución también dispuso el decomiso del dinero en efectivo y los elementos de fraccionamiento secuestrados, así como la destrucción de la droga incautada durante el allanamiento al búnker que comandaban.

La investigación permitió acreditar que los Ponce utilizaban su vivienda para el fraccionamiento y venta de cocaína y marihuana a consumidores directos. La fiscalía presentó evidencias que incluyeron filmaciones, actas de allanamiento y, fundamentalmente, el resultado del peritaje de los teléfonos celulares, donde quedaron registradas conversaciones que daban cuenta de la actividad ilícita.
Pese a que Nicolás Ponce intentó desvincular a su progenitor asumiendo toda la responsabilidad, las pruebas digitales confirmaron que ambos coordinaban las ventas.
En un pasillo
La investigación comenzó a gestarse en agosto de 2025, cuando personal de la División Microtráfico de la Policía de Investigaciones (PDI) realizó tareas de observación en un pasillo ubicado en la intersección de las calles Estrada y Lisandro de la Torre.
Los agentes documentaron que diversas personas ingresaban allí y se dirigían a una vivienda de fachada amarilla, donde realizaban transacciones rápidas a través de una ventana antes de retirarse manipulando pequeños envoltorios.
El golpe definitivo se dio el 20 de septiembre de 2025, a la 1.15 de la madrugada, cuando se ejecutó una orden de allanamiento autorizada por el juez Sergio Carraro. En el interior de la finca, los investigadores hallaron un verdadero centro de fraccionamiento.
En la habitación de los padres, dentro de una campera negra sobre la cama, se incautó un paquete con 96 envoltorios de cocaína listos para la venta, que arrojaron un pesaje de 21,6 gramos. También secuestraron otros envoltorios esparcidos por el ambiente principal y el patio, además de una balanza de precisión y recortes de papel satinado utilizados para el embalaje.
Chats incriminatorios
Una de las pruebas clave fue el análisis de un teléfono Samsung A23 perteneciente a Ponce padre. Del peritaje digital surgieron diálogos directos con su hijo Nicolás bajo el usuario "Nicolasp", donde intercambiaban información logística sobre el stock de material y las ventas realizadas.
Esta evidencia fue crucial para sostener la coautoría, desestimando la versión inicial del hijo que pretendía exculpar a su padre, quien trabajaba como empleado en un organismo nacional.

El juez Busaniche impuso las condenas y ordenó que ambos permanezcan bajo custodia del Servicio Penitenciario hasta que la sentencia quede firme. La resolución no sólo cierra un foco de conflicto en Santa Rosa de Lima, sino que también ordena que el dinero decomisado sea destinado a la prevención y asistencia de adicciones, conforme lo establece la ley provincial.

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