“No hay una sola causa”: la mirada de un especialista sobre la violencia escolar tras la tragedia en San Cristóbal
El psicólogo Luciano Zocola analizó los factores que pueden derivar en hechos extremos y remarcó el rol clave de la escuela, la familia y los adultos en la prevención
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El trágico episodio ocurrido en la Escuela N° 40 de San Cristóbal, donde un adolescente asesinó a un compañero e hirió a otros estudiantes, abrió un fuerte debate social sobre la violencia juvenil y la salud mental.
En ese contexto, el psicólogo especializado en adolescencia Luciano Zocola (MN 1515) aportó una mirada integral para entender el fenómeno, alejándose de explicaciones simplistas y poniendo el foco en la multicausalidad.
Un fenómeno complejo y multicausal
Zocola advirtió que no es posible atribuir estos hechos a una única causa ni responsabilizar exclusivamente al agresor.
“No se puede arribar a conclusiones definitivas. Se trata de una combinación de factores personales y del entorno”, explicó.
Entre los factores individuales mencionó:
- Dificultades en la regulación emocional
- Impulsividad
- Baja tolerancia a la frustración
- Malestar psíquico no expresado
A esto se suman variables del contexto como conflictos sostenidos, relaciones hostiles, situaciones de exclusión o acoso, y la ausencia de redes de contención.
Más que impulsividad: procesos previos invisibles
El especialista descartó que se trate simplemente de actos impulsivos que cualquier adolescente podría cometer.
“Los episodios de violencia extrema suelen involucrar algún grado de proceso previo, aunque no siempre visible”, señaló, subrayando que estos casos son excepcionales pero requieren análisis profundo.
También cuestionó las descripciones superficiales del agresor como “un chico tranquilo”, ya que muchas veces no reflejan la complejidad de lo que ocurre internamente.
El impacto de lo digital y la desensibilización
Zocola destacó el rol de los entornos digitales en la vida de los adolescentes, donde los conflictos pueden amplificarse o volverse más difíciles de procesar.
Si bien aclaró que no existe una relación directa entre el consumo de contenidos violentos y estos hechos, advirtió que la exposición frecuente puede generar procesos de desensibilización frente al sufrimiento ajeno.
Además, la lógica de las redes sociales —basada en la inmediatez y la reacción rápida— puede dificultar la empatía y la reflexión.
El rol de la escuela y los adultos
El profesional remarcó que la escuela debe asumir un rol activo más allá de lo pedagógico.
“Es un espacio clave para la detección temprana, la contención y el trabajo articulado con otros actores”, explicó.
En esa línea, consideró fundamental:
- Contar con protocolos claros
- Promover la convivencia escolar
- Generar espacios de escucha
- Trabajar en conjunto con las familias
También enfatizó la importancia de la presencia adulta como sostén emocional: la intervención temprana puede evitar que los conflictos escalen.
El impacto emocional y la necesidad de acompañamiento
Respecto a los estudiantes que presenciaron el hecho, Zocola advirtió que pueden aparecer emociones como miedo, angustia o estrés.
Para evitar secuelas a largo plazo, destacó la necesidad de:
- Espacios de contención grupal e individual
- Información clara y acorde a la edad
Acompañamiento sostenido de adultos
Un problema que interpela a toda la sociedad
Si bien estos hechos son poco frecuentes, el especialista los enmarca dentro de un contexto social donde la violencia tiene una presencia creciente.
“No son determinantes, pero influyen en cómo nos vinculamos y resolvemos conflictos”, sostuvo.
En ese sentido, llamó a abordar la problemática desde una mirada integral que incluya tanto lo individual como lo social, con el objetivo de construir formas de convivencia más saludables.

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