El "hombre gato" fue condenado a cadena perpetua por el crimen de su madre y su tía
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La jueza les pidió a los integrantes del jurado respectiva privacidad y que no revelen detalles de lo debatido por el jurado puertas adentro.
El veredicto fue emitido por unanimidad por un jurado popular. Gil Pereg llegó al juicio acusado por el doble homicidio de Pyrhia Saroussy y Lily Pereg, ocurrido en enero de 2019, en Guaymallén, Mendoza.
Una semana después del inicio del juicio oral, este miércoles un jurado popular declaró culpable por unanimidad al ingeniero electrónico israelí Gilad Gil Pereg, conocido como el "hombre gato", por los crímenes de su madre y su tía, Pyrhia Saroussy y Lily Pereg respectivamente.
Vestido con una remera roja y unas bermudas, la misma ropa que usó durante todo el juicio, el acusado ingresó a la sala a las 16:34. El presidente del jurado contestó que "sí" cuando le preguntaron si había arribado a un veredicto Y Fue la jueza técnica Laura Guajardo quien le pidió al imputado que se pusiera de pie para la lectura.
Mientras leían, Pereg solo miraba al piso y no se lo escuchó maullar en ningún momento, como lo había hecho en la primera jornada del juicio. Finalizados los alegatos de clausura de las partes, la jueza Guajardo le había dado la chance a Pereg de decir sus últimas palabras antes del veredicto:
"Me están intentando culpar a la fuerza. Quieren decir que yo hice cosas que yo no hice... Es fácil usarme como un target. Por eso, apenas hice la denuncia de que desaparecieron mi mamá y mi tía, enseguida empezaron a buscar la forma para acusarme a mí de su desaparición, manifestó el hombre".

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El fiscal Fernando Guzzo, que pidió al jurado que dicte un veredicto de culpabilidad para Pereg, consideró que Pereg cometió un "asesinato despiadado" con "plena consciencia de la criminalidad de sus actos".
"Nunca negamos que tiene una enfermedad, que padece una patología" pero "no es inimputable", manifestó el fiscal Guzzo, que al finalizar su exposición puso una diapositiva donde se leía: "Ni el maullido más fuerte puede acallar ni distorsionar la realidad de la humanidad del acusado y su juicio crítico al momento del hecho".
En tanto, para la defensa a cargo de los abogados Maximiliano Legrand y Lautaro Brachetta, insistieron en que su cliente padece una condición psiquiátrica: pidieron la inimputabilidad. Mientras que la querella, representada por Claudia Vélez en nombre de la familia de las víctimas, solicitó un veredicto de culpabilidad.
Durante el debate, policías y funcionarios judiciales que participaron de los procedimientos en la casa de Pereg lo recordaron como un hombre "coherente, colaborativo e inteligente": "En ningún momento de esos días, mientras buscábamos a sus familiares, actuó como si fuera un gato", señaló uno de los agentes.
Pero, quizá, el testimonio más contundente fue el de la psicóloga María Jimena Rivas, quien se entrevista con Pereg en el Hospital Psiquiátrico El Sauce donde está alojado, de lunes a viernes y entre una a dos horas diarias. Según su diagnóstico, padece parafrenia: un trastorno delirante crónico e irreversible que consiste en un delirio generalizado.
"Es una psicosis que puede producir inimputabilidad. Con tratamiento de por vida puede estar estable, pero es un delirio irreversible. No es normal", amplió la profesional, y dijo que el imputado "tiene una estructura psicótica que puede alterar por momentos el juicio de la realidad".
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El caso
El crimen de la tía y la madre de Pereg ocurrió en enero de 2019, cuando ambas habían arribado a Mendoza para visitar a Pereg, que vivía con 37 gatos en un predio con una casa muy precaria y en estado de abandono. Ambas habían sido vistas con vida por última vez el 12 de enero en la casa del acusado, de Roca al 6000 de la localidad de Guaymallén.
Fueron 14 días después que la Policía Científica encontró sus cuerpos mutilados y tapados con piedras y tierra en un sector de la casa de Pereg, quien quedó detenido y fue recién durante su estadía en la cárcel que mostró comportamientos extraños y aseguró ser “un gato”, lo que mantuvo en los casi dos años de encierro.
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