Condenan a 12 años de prisión a la mujer policía que abusó sexualmente de su hija
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Cuando la nena sufrió una hemorragia la mujer policía dijo que se golpeó. En primera instancia la absolvieron, pero ahora le dieron 12 años de cárcel.
La jueza Marisol Usandizaga había dictado la libertad para la acusada el pasado mes de noviembre. Hoy la Cámara de Apelaciones cambió la historia de la causa
Apenas terminó la cirugía de la menor de nueve años, el médico llamó a la policía y avisó que, a su juicio, las lesiones que veía no eran compatibles con un golpe accidental sino con algo mucho más grave. Para él, la pequeña había sido violada no una, sino muchas veces.
El aviso del profesional terminaría siendo una de las claves para descubrir al autor, aunque no la única: después de su denuncia, una oficial de policía fue al hospital a ver a la niña y habló con ella. Fue durante el transcurso de esa conversación que la pequeña le contó qué le habían hecho, y quién. Ese diálogo se convertiría, tiempo después, en la clave para la resolución judicial del caso.
La autora de las violaciones había sido una mujer policía. Y, aunque en un primer fallo había sido absuelta, hace unas semanas un tribunal de apelación modificó esa decisión sentenciándola a 12 años de prisión.
La niña habría sido violada en reiteradas oportunidades por su propia madre, por lo cual, la condenaron por violación con acceso carnal agravado – el vínculo con la víctima siempre hace que un delito sea más grave –.
El caso
La víctima de esta tragedia vivía en la localidad de Casilda con su madre y su hermana. Un día fue llevada al hospital por la presencia de enormes hemorragias en la zona genital y, debido a la gravedad del cuadro, fue derivada a Rosario donde fue operada.
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Al finalizar la intervención quirúrgica el cirujano cumplió con el protocolo: como el relato sobre el golpe no le cerraba, denunció la situación ante la policía. Para él no había dudas de que la nena había sido víctima de violaciones reiteradas.
El aviso del médico disparó la intervención de un organismo policial encargado de investigar este tipo de delitos. Fue la intervención de la policía lo que permitió a una oficial quedar sola durante un momento con la pequeña, sin la presencia de la madre. Esto posibilitó que la nena se animara a contar quién le había hecho daño y, además, agregó, que el hecho ocurría siempre mientras la bañaba.
Incluso, la niña hizo un par de dibujos que la oficial agregó a la causa y hasta describió un objeto con el que la mamá la agredía. Luego, una médica forense y una psicóloga, en distintos momentos del proceso, dijeron que las lesiones físicas y psíquicas detectadas en la pequeña eran compatibles con violaciones reiteradas.
La madre, bajo la lupa
El hecho en si mismo no dejaba lugar a dudas, la interrogante era quién había sido el autor del calvario sufrido por la menor. Quien quedó bajo sospecha fue su propia madre: su inverosímil relato sobre un supuesto golpe accidental de la hija como causa de las lesiones la pusieron en el centro de todas las miradas.
El caso fue a juicio con la madre como acusada. La principal evidencia que había contra ella era el relato de la pequeña ante la oficial de policía la única vez que pudo hablar sin la mirada controladora de la madre.
En primera medida los jueces sostuvieron que el de la mujer policía era un “relato de oídas” y lo desecharon como prueba. Como resultado de ese análisis, en noviembre del 2020 la absolvieron.
Pero el fiscal adjunto de Casilda, Emiliano Erhet, decidió apelar y consiguió así que la sentencia sea revisada por un tribunal superior. Allí el veredicto cambió rotundamente, los jueces que tuvieron a su cargo la tarea de revisar el fallo literalmente destrozaron al primer tribunal.
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En esencia, lo que dijeron es que los primeros jueces del caso asumieron como propia la posición de la defensa de la acusada, sin siquiera argumentar por qué descartaron los argumentos de la acusación. Y que hicieron un fallo sin analizar las pruebas reunidas en el proceso.
El tramo de la segunda sentencia en el que los jueces Javier Beltramone, Gustavo Salvador y Carolina Hernández desarman el primer fallo y concluyen que la autora de las violaciones a la niña fue su madre es demoledor. Ese análisis cambió además el rumbo del proceso.
De absuelta en primera instancia, la mujer pasó a recibir una condena de doce años de cárcel.
Los camaristas dijeron que, por ejemplo, los magistrados del primer juicio no explicaron por qué la oficial que dio cuenta del relato de la menor no les resultó creíble. Además, tampoco valoraron los testimonios de la médica forense que revisó a la nena, ni los de la psicóloga que la trató una vez que todo quedó al descubierto.
Aún peor, ignoraron los dos dibujos que la niña hizo para la oficial de policía que la entrevistó. Esos trazos infantiles intentaban reflejar “el coso enjabonado”, así lo llamó la nena, que la madre introducía en sus órganos genitales cada vez que la bañaba.
Para los camaristas, cada cosa que la pequeña víctima dijo en ese único relato sobre lo que le pasaba tenía correlato en pruebas reunidas por la investigación. Los insólito es que el primer tribunal no lo habían considerado ese modo.

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