Zoolidarios volvió a la ExpoRural de Rafaela: animales, educación y un vínculo que también transforma vidas
El grupo de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNL participa nuevamente de la muestra con propuestas destinadas a acercar distintas especies al público. Además, sus integrantes colaboran con la guardia de grandes
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La 119ª ExpoRural de Rafaela y la Región volvió a convertirse en un espacio de encuentro entre producción, educación y comunidad. Dentro de las actividades propuestas por la Universidad Nacional del Litoral (UNL), el grupo Zoolidarios, de la Facultad de Ciencias Veterinarias, regresó a la muestra con una propuesta que combina aprendizaje, interacción con animales y compromiso social.
Durante jueves y viernes, desde las 11:30 en el Salón 43 de la Sociedad Rural de Rafaela, estudiantes y docentes participaron de distintas actividades destinadas a los visitantes, dando continuidad a una presencia que ya lleva varios años dentro de la exposición.
Una de las responsables fue Florencia Sosa, estudiante avanzada de Veterinaria, quien explicó que la participación del grupo tiene dos objetivos.
“Vinimos a la ExpoRural por dos motivos. Por un lado, como parte de Zoolidarios, un grupo que realiza intervenciones asistidas con animales destinadas a personas con discapacidad o en situación de vulnerabilidad social, afectiva o emocional. Por otro, estamos asistiendo en la guardia de grandes animales y nos organizamos para cubrir todos los días cualquier problema que pueda surgir en la exposición”, señaló.
Un grupo que nació hace más de dos décadas
Zoolidarios nació en 2002, por iniciativa de la profesora “Pelu” Galván, y con el paso de los años se consolidó como un espacio interdisciplinario dentro de la Universidad.
Sosa recordó que muchos estudiantes conocen la propuesta apenas ingresan a la carrera y terminan sumándose voluntariamente.
“Cuando ingresamos a la facultad siempre nos presentan la actividad en la cátedra de Anatomía y muchos se van sumando. Desde que entré me quedé y me encanta”, contó.
La variedad de animales que utilizan en las intervenciones es amplia. “Tenemos desde perros y gatos hasta ratas, erizos, gecos, serpientes y aves. Excepto peces, trabajamos con casi todos los grupos. También usamos animales de producción de la facultad, como cabritos, ovejas o gallinas, cuando la actividad lo requiere”, explicó.
Historias donde el vínculo con un animal cambia una situación
Uno de los aspectos más importantes del trabajo está relacionado con las intervenciones asistidas con animales, que se adaptan a las necesidades de cada persona o institución.
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Sosa recordó una experiencia con una familia que dudaba acerca de incorporar una mascota debido a que uno de sus hijos tenía autismo.
“Hicimos una actividad con varios animales y finalmente decidieron adoptar un gato, que fue lo que más le gustó. En otras ocasiones nos piden animales de granja para trabajar en jardines con temáticas específicas. Nos adaptamos a cada situación”, relató.
Ese tipo de respuestas también se repite durante la ExpoRural, donde chicos y adultos tienen la posibilidad de acercarse a especies con las que quizás nunca habían tenido contacto.
“Hay gente que les tiene miedo, otros que se animan a tocarlos y algunos que nunca habían visto esas especies. Nos quedamos con esas reacciones, incluso con las más inesperadas”, afirmó.
“Nuestro eje es el vínculo humano-animal”
Entre las experiencias que más la marcaron, la estudiante recordó la reacción de una mujer mayor durante una intervención.
“Una vez una abuelita que nunca expresaba emociones reaccionó frente a un animal y las chicas que trabajaban con ella nos dijeron que era la primera vez que lo hacía. Eso nos reconforta porque nuestro eje es el vínculo humano-animal”, señaló.
Para quienes integran Zoolidarios, esas respuestas permiten dimensionar que el trabajo con animales puede tener un impacto que va mucho más allá del aspecto estrictamente veterinario.
Una propuesta que reúne distintas carreras
Otra de las características del grupo es su fuerte perfil interdisciplinario.
“No son solo estudiantes de Veterinaria. También vienen de Agronomía, Medicina, Kinesiología y Terapia Ocupacional. Incluso se han hecho tesis desde otras carreras relacionadas con las intervenciones asistidas. Participan docentes y profesores, hay mucha gente involucrada”, explicó Sosa.
Ese intercambio permite abordar cada intervención desde diferentes miradas y ampliar el alcance de las actividades.
La veterinaria también tiene un rol social
Para Sosa, participar de estas experiencias también representa una instancia de formación profesional que complementa los conocimientos técnicos de la carrera.
“Nosotros nos basamos en el vínculo humano-animal y poder realizarlo de una manera u otra nos reconforta. Como futuras profesionales nos permite ver reacciones diferentes, aprender de ellas y entender que la veterinaria también tiene un rol social y emocional”, concluyó.
La escena sintetizaba buena parte del espíritu de la propuesta: una serpiente en sus manos y una fila de niños esperando para acercarse, observar y animarse a descubrir una especie diferente, en un espacio donde educación, curiosidad y vínculo con los animales vuelven a encontrarse.

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