La soja como “moneda” del campo: por qué el productor guarda granos y vende según sus necesidades
En Nuestro Campo, por Radio Rafaela, el periodista agropecuario Sergio Alem explicó cómo los granos funcionan como reserva de valor y referencia para distintas operaciones del sector. Arrendamientos, inversiones y gastos pueden calcularse en quintales de soja mientras buena parte de la última cosecha permanece todavía sin comercializar.
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Para buena parte de los productores agropecuarios, la cosecha no representa solamente mercadería para vender, sino también una forma de conservar valor y administrar los compromisos económicos a lo largo del año. Así lo explicó Sergio Alem, periodista agropecuario de Nuestro Campo por Radio Rafaela, al analizar cómo se manejan comercialmente los granos después de cada campaña.
“El productor maneja como moneda de cambio lo que cosecha. El ganadero tiene vacas para comercializar y el agricultor tiene soja, maíz, trigo o el grano que produzca. Guarda esa mercadería porque ahí está cubierto”, explicó.
Esta lógica permite que una parte de la cosecha permanezca almacenada y se venda progresivamente conforme aparecen gastos, inversiones u obligaciones. Alem mencionó desde la adquisición de maquinaria o vehículos hasta gastos familiares y operaciones inmobiliarias.
Arrendamientos que se calculan en soja
La oleaginosa también funciona como unidad de referencia para numerosos contratos rurales. Los alquileres de campos, e incluso algunos establecimientos vinculados con la producción lechera, pueden pactarse en una determinada cantidad de quintales de soja.
En esos casos, explicó Alem, al momento del pago se toma como referencia el precio pizarra, evitando que cada una de las partes determine unilateralmente cuánto vale el producto.
“Se dice tantos quintales de soja por año. Después se paga cada tres meses o todos los meses, según el acuerdo. El productor sabe que tiene esa mercadería y que con eso está cubierto”, señaló.
De esta manera, quien dispone del grano puede mantenerlo almacenado y vender únicamente la cantidad necesaria para afrontar cada compromiso. “¿Para qué lo voy a tener en pesos o en dólares si cuando tenga que pagar necesito el equivalente a determinados quintales de soja?”, graficó.
Una parte importante de la cosecha sigue en manos de los productores
Al analizar la comercialización de la última campaña, Alem mencionó una producción de soja cercana a 50 millones de toneladas y remarcó que todavía existe una cantidad significativa de mercadería que no fue vendida definitivamente.
Según los números repasados durante Nuestro Campo, alrededor de 12 millones de toneladas ya tendrían precio establecido y cerrado, mientras otra parte habría sido entregada a plantas, acopios u otros compradores pero todavía se encontraría “a fijar”, es decir, sin un precio definitivo acordado.
En ese escenario, Alem estimó que entre 27 y 28 millones de toneladas de la campaña recientemente cosechada permanecerían todavía sin comercializar, volumen que los productores administrarán progresivamente hasta acercarse a la próxima cosecha.
“Eso es lo que el productor va manejando de acá hasta el año próximo. Cuando llegue marzo y empiece nuevamente la cosecha, volverá a tener mercadería disponible”, indicó.
La estrategia permite utilizar los granos como reserva de valor, fuente de liquidez y referencia económica para cubrir gastos productivos y personales, mientras cada productor define cuándo vender en función de sus necesidades y de las condiciones del mercado.
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