La cosecha de soja se retrasa por las lluvias y preocupa el impacto en la producción
El avance alcanza apenas el 25% cuando debería superar el 50% en esta época del año
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La campaña de soja en la región núcleo atraviesa un escenario complejo debido a las persistentes lluvias, que frenan el ritmo de trabajo en los campos y generan un atraso significativo en la cosecha. Según los últimos relevamientos, el avance apenas llega al 25% del área, muy por debajo del promedio histórico cercano al 55% para esta fecha.
Las condiciones climáticas continúan siendo el principal obstáculo. La alta humedad ambiental, la escasa radiación solar y el rocío constante dificultan el secado de los suelos, lo que impide el ingreso de maquinaria y retrasa las tareas. A esto se suma un pronóstico que anticipa nuevas precipitaciones en los próximos días, lo que podría agravar aún más la situación.
En distintas zonas productivas ya se observan complicaciones. En el sur de Santa Fe, por ejemplo, hay lotes con granos verdes e impurezas, mientras que en sectores del noreste bonaerense la cosecha avanza de forma irregular por problemas como rebrotes y diferencias en el desarrollo de los cultivos.
También preocupa el estado de los suelos en el sudeste de Córdoba, donde las condiciones son muy ajustadas y nuevas lluvias podrían provocar pérdidas por deterioro del grano o apertura de chauchas.
A pesar de este panorama, los primeros datos de rendimiento muestran resultados dispares pero, en algunos casos, superiores a lo esperado. El promedio actual ronda los 44 quintales por hectárea, con picos más altos en zonas puntuales, aunque la variabilidad entre regiones es marcada.
El origen de este escenario se explica por un cambio en la dinámica climática. Tras un verano con escasas lluvias, abril presenta una fuerte circulación de aire húmedo y la presencia de sistemas de baja presión que favorecen tormentas frecuentes y acumulados por encima de lo habitual.
En este contexto, el tiempo será un factor determinante en las próximas semanas. La posibilidad de retomar las labores con normalidad dependerá de una mejora en las condiciones climáticas, mientras crece la preocupación por el impacto que este atraso podría tener en la calidad final de la cosecha.

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