La segunda ola de coronavirus comenzó a azotar al país y el Gobierno encendió sus luces de alarma. Con poco más de 16.000 casos el último día de marzo –la cifra más alta desde octubre pasado-, Alberto Fernández enfrenta un dilema difícil de resolver: ¿Cómo atenuar el impacto de la segunda ola sin retornar a las fases más restrictivas de la cuarentena para no agudizar el malhumor social en pleno año electoral?
Segunda ola: ¿se volverá a la cuarentena estricta después de Semana Santa?
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El presidente Alberto Fernández decidió no retornar a la fase uno de la cuarentena y la idea es que las restricciones se tomen por distritos. Los recelos entre el oficialismo y la oposición.
[{adj:" align=} En un año electoral, el gobierno de Alberto Fernández intentará descentralizar los anuncios de restricciones por la pandemia.]
En el entorno de presidente aseguran que todas las restricciones se tomarán en los distritos: ciudad de Buenos Aires y todas las provincias y municipios. Nada será ordenado por Alberto Fernández mediante un DNU como era en 2020. “Ya tienen los distritos las herramientas con los decretos que ya sacamos”, asevera uno de los funcionarios más cercanos al jefe del Estado.
En este contexto se inscribe la reunión entre Fernández y el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, este fin de semana. El presidente quiere recrear la foto conjunta con Larreta para tomar decisiones compartidas en conjunto y coparticiparlo en las responsabilidades. Aspira a que las decisiones futuras ante la segunda ola de la pandemia sean coordinadas entre la Nación, la provincia de Buenos Aires que gobierna Axel Kicillof y la Ciudad. La apuesta es restringir por distritos, según la evolución de los contagios, las actividades recreativas, las reuniones sociales y el transporte. Y fundamentalmente apretar más el cerrojo sobre la actividad nocturna.
[{adj:" align=} Alberto Fernández convocó a Horacio Rodríguez Larreta para tomar decisiones "compartidas" para contener el crecimiento de los casos.]
El ministro de Economía, Martín Guzmán, insiste en seguir negociando con el FMI: romper con el principal organismo financiero internacional haría disparar el dólar. El atraso cambiario es la principal herramienta a la que apela el Gobierno para contener el alza de precios. Una estrategia que, hasta ahora, se mostró esquiva. En el Gobierno predomina una fuerte preocupación por el recalentamiento en los precios. Según trascendió del Indec, en marzo la inflación podría rondar el 4,2%.
Guzmán pide una tregua y asevera que, al final del año, se cumplirá con la pauta anual del 29% de inflación prevista en el Presupuesto. Un objetivo difícil de alcanzar pese a la confianza del ministro.

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