Por qué algunas personas que crecieron con carencias siguen eligiendo siempre lo más barato
La economía conductual explica que la experiencia de escasez durante la infancia puede dejar huellas duraderas en la forma de gastar, incluso cuando la situación financiera mejora. El costo de oportunidad, el miedo a perder estabilidad y los aprendizajes familiares aparecen entre los factores que pueden influir.
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Elegir siempre la porción más pequeña, el producto más económico o evitar determinados gastos no necesariamente significa que una persona tenga hoy problemas de dinero. En algunos casos, esas decisiones pueden estar vinculadas con experiencias de escasez atravesadas durante la infancia o durante períodos prolongados de dificultades económicas.
El economista Shahram Heshmat, especialista en economía conductual y toma de decisiones, explicó que vivir durante mucho tiempo con recursos limitados puede generar una forma particular de evaluar cada compra: antes de gastar, la persona piensa inmediatamente qué otra cosa deberá resignar.
En economía, ese mecanismo se conoce como costo de oportunidad.
Quien tiene un presupuesto ajustado debe decidir constantemente entre pagar el alquiler, afrontar una factura, comprar alimentos o reservar dinero para otra necesidad. Esa lógica puede permanecer incorporada incluso cuando, años después, los ingresos mejoran.
La sensación de escasez puede mantenerse
Según Heshmat, cuando una persona dispone de mayores recursos económicos, cada compra representa una proporción menor de su presupuesto y, por lo tanto, la decisión suele tener menos consecuencias.
Sin embargo, la mejora de los ingresos no modifica automáticamente los hábitos y temores construidos durante años de carencias.
Una persona que atravesó pobreza puede continuar evaluando cada gasto como si su estabilidad financiera siguiera siendo frágil.
En ese contexto, comprar algo más caro puede generar incomodidad, culpa o preocupación, aun cuando objetivamente pueda pagarlo.
Esto no significa que todas las personas que crecieron en hogares con dificultades económicas desarrollen este comportamiento, sino que la experiencia de escasez puede influir en algunas decisiones financieras posteriores.
El temor a volver a perderlo todo
Otro factor que puede aparecer es la incertidumbre respecto del futuro.
Quienes lograron mejorar sustancialmente su situación económica pueden sentir que esa estabilidad es temporal y podría desaparecer en cualquier momento.
Ese temor puede llevarlos a mantener gastos mínimos, evitar productos considerados lujosos o elegir sistemáticamente alternativas más económicas.
Incluso puede aparecer una lógica preventiva: no acostumbrarse a determinados consumos para no sufrir si en algún momento ya no pueden permitírselos.
De esta manera, la austeridad deja de responder únicamente a una necesidad actual y pasa a funcionar también como una estrategia de protección frente a una eventual crisis futura.
La relación entre dinero e identidad social
Las decisiones económicas también pueden estar relacionadas con el sentido de pertenencia.
Para algunas personas, comenzar a comprar productos más caros o adoptar determinados consumos puede representar simbólicamente un alejamiento del grupo social o familiar en el que crecieron.

Elegir algo más costoso puede generar la sensación de estar cambiando de identidad o diferenciándose de amigos, familiares o personas cercanas.
En esos casos, mantener ciertos hábitos de consumo puede funcionar también como una forma de conservar el vínculo con el entorno de origen.
Cómo se aprende el miedo al gasto
La relación con el dinero comienza a construirse desde edades tempranas.
Los chicos observan permanentemente cómo reaccionan los adultos frente a situaciones cotidianas: una factura inesperada, una compra importante, el precio de los alimentos o la falta de dinero a fin de mes.
Investigaciones sobre transmisión de la ansiedad entre padres e hijos identificaron mecanismos como el aprendizaje por observación, las referencias sociales y el modelado de conductas.
Aunque esos estudios no estuvieron centrados exclusivamente en decisiones financieras, permiten comprender cómo un niño puede interpretar una situación como amenazante al observar la reacción de los adultos que lo rodean.
Si cada gasto genera tensión, miedo o discusiones dentro del hogar, esas emociones pueden terminar asociándose al acto mismo de gastar dinero.
Hábitos que pueden durar años
Por eso, una persona puede alcanzar estabilidad económica y continuar sintiendo que cualquier desembolso importante representa un riesgo.

La elección permanente de productos baratos, porciones pequeñas o gastos mínimos puede ser uno de los comportamientos que surjan de esa experiencia, aunque existen múltiples razones individuales que también pueden explicarlo.
La economía conductual muestra que las decisiones financieras no dependen únicamente de cuánto dinero tiene una persona en el presente. También pueden intervenir la historia familiar, las experiencias de inseguridad económica, las expectativas sobre el futuro y los hábitos aprendidos durante la infancia.
En definitiva, mejorar los ingresos puede modificar rápidamente un presupuesto, pero cambiar la relación emocional construida con el dinero puede requerir mucho más tiempo.

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