Morosidad en alza: qué factores aumentan el riesgo de que una familia deje de pagar sus deudas
Los antecedentes de atraso y el uso de créditos no bancarios tienen más incidencia que el monto adeudado. La proporción de deudores irregulares llegó al 12,1% en el sistema financiero y al 15% al sumar otras entidades.
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La morosidad de las familias argentinas volvió a encender señales de alerta, especialmente por el riesgo de que un atraso transitorio termine convirtiéndose en un incumplimiento más grave.
Un informe de la consultora EcoGo identificó cuáles son las variables que más aumentan la posibilidad de que una persona caiga en default durante los siguientes 12 meses. Entre ellas aparecen el historial de pagos, la edad y la exposición al crédito no bancario.
Según el estudio, la proporción de deudores en situación irregular dentro del sistema financiero alcanzó en abril el 12,1%, el nivel más alto de los últimos 16 años. Al incorporar el financiamiento otorgado por entidades no bancarias, la mora consolidada asciende al 15%.
Los créditos para consumo concentran los mayores atrasos
El deterioro se observa principalmente en los préstamos destinados al consumo. Los créditos personales presentan una morosidad del 14,9%, mientras que en las tarjetas de crédito llega al 12,5%.
En cambio, los préstamos hipotecarios mantienen un comportamiento más estable, con una irregularidad del 1,5%.
El informe señaló que la situación actual presenta diferencias respecto de la crisis de 2018 y 2019. En aquel período, el deterioro se concentraba principalmente en las empresas y la inflación reducía progresivamente el valor real de las deudas.
En el escenario actual, la desinflación y las tasas de interés reales positivas impiden que se produzca ese efecto, por lo que el ajuste recae con mayor intensidad sobre las familias.
El crédito no bancario presenta el mayor riesgo
El segmento más comprometido es el del financiamiento otorgado por entidades no bancarias, donde la irregularidad alcanza el 28,7%, más del doble que dentro del sistema bancario.
La situación es todavía más delicada entre quienes combinan ambas fuentes de financiamiento. Los deudores con préstamos bancarios y no bancarios presentan una mora del 32%, frente al 14% registrado entre quienes únicamente mantienen compromisos con bancos.
El deudor promedio acumula obligaciones cercanas a $1,1 millones, mientras que las personas que ingresaron en mora tienen un saldo medio menor, de aproximadamente $934.000.
Esto demuestra que el monto total adeudado no es el principal indicador de riesgo. Los morosos son, en promedio, más jóvenes y tienen una exposición mayor al financiamiento por fuera del sistema bancario tradicional.
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Un atraso previo multiplica por 22 el riesgo de default
El factor con mayor peso es haber atravesado previamente una situación 2 de irregularidad, categoría que comprende atrasos de entre 30 y 90 días.
De acuerdo con el modelo estadístico de EcoGo, haber estado en esa condición multiplica por 22,2 las probabilidades de caer en default durante el año siguiente.
En segundo lugar aparece haber registrado un incumplimiento durante los seis meses anteriores, circunstancia que eleva el riesgo unas 3,3 veces.
Contar con un crédito no bancario incrementa las posibilidades de default en 2,3 veces, mientras que las personas de hasta 35 años presentan un riesgo casi 1,9 veces mayor que el resto de los deudores.
Quienes combinan préstamos bancarios y no bancarios aumentan sus probabilidades de incumplimiento en alrededor de 1,3 veces.
Qué otras variables aumentan la vulnerabilidad
Aunque con menor incidencia, el informe también identificó otros elementos que pueden agravar la situación financiera de las familias.
Entre ellos se encuentran un mayor peso del financiamiento no bancario dentro del total de la deuda, el crecimiento acelerado del endeudamiento durante los últimos meses y una exposición mayor en términos monetarios.
EcoGo remarcó que la evolución de la mora dependerá principalmente del nivel de las tasas de interés reales.
“El driver es la tasa real: si normaliza, la mora mejora; si se sostiene alta, trepa. Resulta más alta y pegajosa que la visión solo bancaria, que subestima al no ver el crédito no bancario”.
El diagnóstico indica que una baja de las tasas podría aliviar la carga financiera, mientras que su permanencia en niveles elevados aumentaría las dificultades para cumplir con los pagos.
El desafío de evitar atrasos más graves
La principal preocupación no está únicamente en el aumento de los atrasos, sino en la posibilidad de que las familias ingresen en una cadena de incumplimientos cada vez más difícil de revertir.
Los antecedentes de mora, el acceso a préstamos de mayor costo y la acumulación de distintos tipos de financiamiento pueden transformar un atraso puntual en un default prolongado.
En este contexto, el informe concluye que el historial financiero y el tipo de crédito utilizado resultan más determinantes que la cantidad de dinero adeudada.

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