Entre la metáfora y el miedo: el arte en tiempos de dictadura
A 50 años del golpe militar de 1976, distintas obras permiten reconstruir el clima social, político y cultural de aquellos años. Pinturas, instalaciones y fotografías que hoy son documentos visuales de una época atravesada por la violencia.
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"Le diré que frente al desaparecido en tanto éste como tal, es una incógnita, mientras sea desaparecido no puede tener tratamiento especial, porque no tiene entidad. No está muerto ni vivo...está desaparecido". Jorge Rafael Videla, 1979.
A 50 años del golpe de Estado de 1976, pensar en las artes plásticas es también hacer referencia a conceptos como memoria, denuncia y resistencia. En efecto, entre finales de los 60 y el regreso de la democracia, el arte local fue un lenguaje cifrado: metáforas, símbolos, escenas cotidianas que escondían críticas a la represión, la censura y la desaparición forzada de personas.
Durante los años de violencia política, represión, censura y exilio, la producción artística se convirtió en un "agente de denuncia y resistencia". La metáfora visual permitió decir lo que no podía decirse de manera directa.
Muchos artistas debieron irse, otros fueron censurados, perseguidos o silenciados. Sin embargo, las obras producidas muestran cómo los artistas experimentaron con la materialidad, los símbolos y las formas para testimoniar una época dura.
A continuación, cinco piezas que permiten reconstruir esa memoria colectiva. La fuente principal es un material desarrollado por el mencionado Museo, que se titula "Violencia Arte y Memoria. Artes visuales en la Argentina" (1966-1983).

Lo opresiva en lo cotidiano
Para el pintor Héctor Giuffré, la pintura permite acceder a una realidad que subyace a la percepción sensible. En "Figura sentada", presenta una escena aparentemente cotidiana: un hombre lee el diario rodeado de objetos comunes.
Pero la obra transmite una atmósfera opresiva. El teléfono no tiene disco para marcar, símbolo de incomunicación y encierro. En el diario se lee una frase incompleta: "retorno […] ofrenda de paz", en alusión a la frustrada esperanza tras el regreso de Perón en 1973 y la violencia política que siguió.
El retratado era un abogado defensor de presos políticos. Giuffré mantuvo su identidad en secreto para protegerlo y recién la reveló con la vuelta de la democracia. La escena cotidiana escondía, en realidad, una fuerte carga política.
Como explicó la historiadora María José Herrera, se trataba de "una escena cotidiana, sin acción, en la que el artista codificó una serie de informaciones que al momento de presentarse la obra en 1976 lo hubieran vuelto sospechoso de apoyar actividades subversivas".

El horror de las “Manos anónimas”
En 1976, Carlos Alonso tenía prevista la muestra "Imagen del hombre actual", pero el golpe militar impidió su inauguración y lo empujó al exilio. La instalación recién pudo reconstruirse en 2019 siguiendo sus indicaciones originales.
La obra sumerge al espectador en una imagen del horror, con figuras humanas mezcladas con reses colgadas, equiparando el cuerpo humano con la carne animal, símbolo de la vulnerabilidad frente al poder y la violencia.
Un busto que da la espalda y una figura sentada en un sillón sugieren la indiferencia de quienes ejercían el poder frente a la muerte y la desaparición de personas. La obra no muestra la violencia de forma directa, pero la hace sentir de manera física.

La metáfora del encierro
Mientras Argentina celebraba el Mundial de Fútbol de 1978 y la televisión mostraba un país festivo, la artista Diana Dowek pintaba alambrados, encierros y prohibiciones.
Su tríptico "Argentina '78" es una metáfora del encierro y la represión. Utiliza alambre real sobre el lienzo y combina pintura que imita la parte posterior de la tela, generando un juego visual que engaña al espectador.
La obra denuncia la violencia institucionalizada y la desaparición de personas en un momento en que el país intentaba mostrar una imagen de normalidad ante el mundo. El tercer panel, con el alambre abierto, sugiere una esperanza.

La ausencia del desaparecido
Hacia 1980, Antonio Berni recurrió a la iconografía cristiana para eludir la censura. En "Magdalena", el artista traslada el mito bíblico a un departamento urbano oscuro y marginal.
Una mujer llora frente a una cruz bañada en sangre. En el suelo, la ropa del caído es el único testimonio de la violencia que hubo antes. No hay cuerpo por el cual llorar, está la ausencia.
Esa ausencia es la metáfora más poderosa de la dictadura: el desaparecido como figura sin cuerpo, sin tumba y sin despedida. Berni logra representar, desde el arte, uno de los conceptos más terribles de la historia argentina.

Documento de la dictadura
En 1981, el fotógrafo Eduardo Longoni tomó una imagen que en su momento no pudo ser publicada porque no tenía los elementos informativos básicos: no se veía el orador ni el lugar del acto.
Sin embargo, la fotografía muestra a un centenar de militares mirando hacia un superior, formando una marea humana uniforme. Con el tiempo, la imagen se convirtió en un símbolo visual de la dictadura.
La crítica Verónica Tell señaló que la fotografía fue exhibida en 1983 en la Muestra de Periodismo Gráfico Argentino y desde entonces se transformó en un símbolo contra la dictadura, reproducido cientos de veces.
La fotografía demuestra que el fotoperiodismo también fue una herramienta de documentación y denuncia, incluso cuando la censura impedía la publicación inmediata.
A medio siglo del golpe de Estado de 1976, estas obras siguen funcionando como soportes simbólicos de un tiempo en el que el Estado de derecho fue vulnerado y la violencia se volvió sistemática. En el Día de la Memoria, sirven para recordar.

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