Puro amor y entrega en más de dos décadas como hogar de tránsito: “Es maravilloso para toda la familia”
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Silvio y Maricel Fontanini llevan más de 20 años poniendo su casa y su familia a disposición de niños sin hogar, a la espera de su familia definitiva. Una historia de puro amor y total compromiso.
En un mundo en el que muchas veces gobierna la indiferencia, hay quienes eligen actuar. Silvio y Maricel Fontanini son un claro ejemplo de ello, convirtiéndose diariamente en cálido hogar para niños en situación de extrema vulnerabilidad.
Durante más de dos décadas, han transformado su casa y su familia en un refugio seguro para bebés que, por diversas circunstancias, no pueden permanecer con sus familias de origen. Su historia, marcada por el amor incondicional y la entrega, es ejemplo de que cada gesto puede tener un impacto monumental en la vida de otro ser humano.
Silvio y Maricel, acompañados siempre por sus hijos, han construido fuertes cimientos como familia adoptante de tránsito. En un maravilloso ambiente de amor, compromiso y responsabilidad, brindan protección y cuidados transitorios a pequeños que están a la espera de sus familias definitivas.
Este servicio, que brindan con muchísimo amor desde hace aproximadamente 24 años, se ha transformado para ellos en una maravillosa experiencia, llena de alegría. Más allá del amor, que nace naturalmente, “se trata de estar constantemente al servicio de esa criatura”, confesó Maricel dejando en evidencia la completa entrega que demanda.
En su caso en particular, los niños adoptados transitoriamente “fueron siempre chiquitos, recién nacidos”. Por miedo a cualquier accidente doméstico que puede tener lugar con algunos niños más grandes, Silvio y Maricel siempre se sintieron más cómodos recibiendo bebés en su hogar. Por eso, “siempre hemos recibido chiquititos recién nacidos, que los hemos ido a retirar al hospital, con días de vida la mayoría. Creo que el más grande tenía seis meses”, contó.
Esta bella experiencia no atañe solamente al matrimonio, sino que también involucra al resto de la familia. “Nosotros lo compartíamos con nuestros hijos, siempre fue una decisión tomada en forma conjunta”, contaron. Desde el primer momento, recibieron la idea con mucho amor y alegría, incluso a pesar de que eran muy pequeños cuando sus papás decidieron emprender este camino de servicio.
“Siempre supieron que se trataba de sus hermanitos de corazón, que no tenían una familia, que nosotros íbamos a hacer un paso entre esa situación que ellos veían que estaban viviendo y la familia con la cual iban a ir después. Lo entendieron, fue muy lindo”, reconoció Maricel.
El camino a recorrer
Una vez que una familia decide convertir su casa en un hogar de tránsito, se abre la posibilidad de la llegada de pequeños en situación vulnerable. “Primero te consultan si querés recibirlo e inmediatamente decidís por sí o por no”, contó Maricel. Para ellos en particular, nunca existió un ‘no’ por respuesta. “Es muy simple, solo una llamada telefónica donde te preguntan si estás dispuesta a recibir el bebé”, dijo.
Una vez que el menor está integrado al hogar, comienza el trabajo de seguimiento de la Secretaría de Niñez. Silvio destacó particularmente el trabajo de las autoridades en ese sentido. “Hay un seguimiento permanente, un grupo de trabajo muy bueno. Cuando empezamos nosotros, el servicio dependía del movimiento familiar cristiano que se llamaba Hogares de Belén, pero ahora se ha institucionalizado”, valoró.
Un vínculo permanente
El paso más difícil de todo el proceso, sin lugar a dudas, es el momento de la separación, en el que el bebé pasa a manos de sus padres adoptivos. Sin embargo, más allá de la distancia que se impone con el hogar de tránsito, muchas veces el vínculo continúa con la familia definitiva.En ese sentido, Silvio aclaró que, con su pareja, son “muy respetuosos de lo que quiera hacer la familia adoptiva”. “Hemos tenido todo tipo de situaciones, hay chicos de los que no tenemos más contacto porque se han ido lejos geográficamente, y hay otros chicos de los que somos padrinos”, indicó.
Esos lazos que continúan a lo largo del tiempo, son los más bellos para Silvio y Maricel. “Somos una familia ampliada, nos visitamos y hacemos juntadas cada cierto tiempo”, contó. Muchos de esos chicos que pasaron por su hogar, ya son jóvenes de más de 20 años, con los que siguen compartiendo tiempo y acompañando su crecimiento.
“Uno es puente en una situación no deseada y el encuentro de una familia con ese bebé es maravilloso”, reconoció Silvio, con mucha emoción. En el mismo sentido, Maricel alentó a todas las familias a sumarse a este servicio, en una total entrega de amor.
Si bien, el momento de separación con el bebé resulta ser de los más fuertes y dolorosos, la satisfacción de “ser su mamá por seis meses” no puede contrarrestarse con nada, aseguró Maricel. “Al momento de despedirlo, también lloras por el placer de ver a esos papás que no tenían posibilidad de tener un hijo biológico” formando una familia.
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“Los papás están tan agradecidos que seguimos en contacto, constantemente nos mandan videos para que los veamos, nos cuentan cómo están progresando”, contaron. Es ese momento en el que se compensa la tristeza por la casa vacía, y se transforma en alegría y admiración por la nueva familia. “Es un servicio maravilloso, super recomendable. Unos días de tristeza por el desapego no empeñan la alegría de tantos meses”, destacaron.
Con ese cierre, Silvio y Maricel invitaron a todos los interesados a sumarse con hogar de tránsito: “El que tenga ganas, que no lo dude, es algo maravilloso para uno, para la familia, no hay contra”.

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