Nicolás Andrés Ayala: la mirada de un ricotero rafaelino ante la muerte del Indio Solari
Fanático desde su adolescencia, guarda entradas, discos cerrados, casetes y recuerdos de una historia atravesada por Patricio Rey y Los Redonditos de Ricota. Tras la muerte del Indio, viajó a Buenos Aires para despedirlo.
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La muerte de Carlos “Indio” Solari golpeó fuerte en todo el país y también en Rafaela, donde muchos seguidores vivieron la noticia como la despedida de un mito popular. Entre ellos está Nicolás Andrés Ayala, ricotero rafaelino que desde su adolescencia construyó un vínculo profundo con la obra del exlíder de Patricio Rey y Los Redonditos de Ricota.
Para Nicolás, la noticia llegó con impacto, aunque reconoció que las últimas apariciones públicas del Indio ya habían dejado una sensación de despedida.
“Nos tomó por sorpresa, aunque ya habíamos visto cómo estaba. Cuando se presentó en La Plata, en esos videos, se lo vio bastante afectado por el Parkinson y fue muy fuerte verlo así”, contó.
Aun así, valoró el gesto del artista de mostrarse públicamente después de mucho tiempo.
“También hay que valorar el coraje que tuvo en mostrarse. Para mí fue como una despedida. Los músicos fueron a su casa, él se mostró después de mucho tiempo y fue impactante”, expresó.
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“Se fue, pero va a seguir”
Ayala aseguró que, pese a la muerte del Indio, su figura y su obra seguirán creciendo con el paso del tiempo.
“Se fue, pero va a seguir. Yo creo que de acá en más todo va a ser más fuerte todavía”, afirmó.
La frase resume una sensación compartida por miles de seguidores: el Indio dejó de estar físicamente, pero su legado continuará vivo en canciones, recuerdos, rituales y nuevas generaciones de fanáticos.
El primer encuentro con Los Redondos
Nicolás recordó que comenzó a escuchar al Indio gracias a un amigo, José Williner, cuando cursaba tercer año en la Escuela San José.
“Un amigo me hizo escuchar al Indio. Yo estaba en tercer año de la escuela San José”, relató.
Desde entonces, la música de Los Redondos pasó a ocupar un lugar central en su vida. Su primer recital fue en Colón, en el año 1997, una experiencia que marcó el comienzo de una historia de viajes, entradas guardadas y recuerdos.
“Mi primer recital fue en Colón, en el 97”, recordó.
Entradas, casetes y discos cerrados
Con el paso de los años, Nicolás fue construyendo una colección personal que conserva como un verdadero tesoro ricotero. Tiene casetes, entradas de recitales y discos que nunca abrió.
“Son discos que están todos con el nylon. No los voy a abrir nunca. Los compré apenas empecé a escucharlo y dije que nunca los iba a abrir, que los iba a guardar así”, contó.
También conserva entradas desde aquel recital de Colón en 1997 y de muchas otras presentaciones. Cada ticket representa un viaje, una época y una parte de su historia personal.
“Desde Colón empecé a guardar todo. Después, cuando tocaban dos fechas, siempre trataba de ir a las dos para estar ahí y ver todo”, señaló.
Entre los recuerdos aparece también una entrada de Uruguay, recital al que viajó con su madre.
“A Uruguay la llevé a mi vieja. La metí en el combo también”, dijo entre risas.
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Una pasión compartida en familia
La música del Indio también atravesó el vínculo familiar. Nicolás contó que su madre terminó acercándose a ese universo después de escucharlo durante años en su casa.
“A mi vieja ya le gustaba, porque imaginate, siempre escuchando eso. Así que fuimos a Uruguay y la metimos ahí también”, relató.
Ese viaje quedó como uno de los recuerdos más especiales dentro de una historia marcada por rutas, recitales y encuentros ricoteros.
Un altar ricotero en casa
Ayala guarda sus objetos más preciados en un espacio especial de su casa, al que define como un pequeño altar.
“Lo tengo ahí, en un altarcito, en mi casa”, contó.
Entre esos elementos también conserva el boceto de un mural del Indio que estuvo en Rafaela, en la zona de Dante Alighieri y la Escuela Mitre. El diseño fue realizado por un amigo diseñador gráfico que participó de aquella intervención artística y luego se lo regaló.
“Es el boceto de un famoso mural que estuvo acá en Rafaela. Mi amigo lo hizo, nosotros lo hicimos, y él me regaló el boceto”, recordó.
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La despedida en Buenos Aires
Cuando se confirmó la muerte del Indio, Nicolás viajó a Buenos Aires para estar presente en la despedida. Era algo que ya tenía decidido desde hacía tiempo.
“Yo ya había dicho que cuando muriera el Indio iba a ir”, expresó.
Su testimonio refleja el vínculo profundo entre el artista y sus seguidores, una relación que fue mucho más allá de la música. Para miles de ricoteros, el Indio fue una identidad, una forma de pertenecer y una banda sonora para distintas etapas de la vida.
En Rafaela, Nicolás Andrés Ayala es uno de esos fanáticos que guardan la historia en entradas, discos, casetes y recuerdos. Y que, como tantos otros, siente que el Indio se fue, pero que su legado recién empieza otra etapa.

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