Monseñor Pedro Torres, en la llegada de las Pascuas: “Jesús dio la vida por vos, porque tu vida es valiosa”
El obispo compartió su mensaje ante la llegada de las Pascuas, invitó a vivir la Semana Santa como un tiempo de renovación y puso el acento en la esperanza, la paz y el valor de la vida
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A pocos días de la celebración de Pascuas, monseñor Pedro Torres ofreció un profundo mensaje de reflexión sobre el sentido de la Semana Santa, a la que definió como un tiempo de preparación, pero también de renovación. En un contexto atravesado por dolores sociales, conflictos y heridas cercanas, el obispo llamó a mirar a Jesús, dejarse reconciliar por su amor y redescubrir que la vida humana tiene un valor inmenso.
“Es una semana de preparación, pero de renovación”, expresó al comienzo. Y recordó que esta celebración llega después de un largo camino espiritual: “Hemos llegado a la Semana Santa después de cuarenta días, la Cuaresma”.
Para monseñor Torres, el momento culminante de este recorrido se vive en la Vigilia Pascual. “Es una semana que va a tener su momento culminante en la Vigilia Pascual, donde renovamos el bautismo”, señaló.
La gran pregunta de la Cuaresma
A lo largo de su mensaje, el obispo planteó cuál fue para él el interrogante más importante de este tiempo litúrgico. “La gran pregunta de toda la Cuaresma es: ¿quién es Jesús para mí?”, afirmó.
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Y a partir de allí fue recorriendo las distintas imágenes evangélicas que acompañaron estas semanas. Habló de “Jesús que vence las tentaciones”, de “Jesús transfigurado, que sembraba esperanza”, de “Jesús que sacia la sed de la samaritana”, de “Jesús que cura las cegueras de aquel ciego de nacimiento” y también de “Jesús que da la vida al amigo que ha muerto y huele mal, y le dice: salí del sepulcro”.
Para el obispo, esa secuencia deja un mensaje concreto y actual. “Un mensaje fuerte en esta Cuaresma es salir de las situaciones de muerte, de desánimo, de tristeza, de desesperanza, de pelea”, expresó.
Monseñor Torres insistió en que la Semana Santa no puede entenderse sin poner en el centro el amor de Cristo y su entrega. “Jesús muere por amor a nosotros, muere para darnos vida, muere reconciliándonos con el Padre y entre nosotros”, sostuvo. Y resumió esa verdad con una frase contundente: “Él es nuestra paz”.
Ese llamado a la paz, explicó, cobra todavía más fuerza en el contexto actual. “Lo he dicho con mucha fuerza, porque estamos viviendo también una Semana Santa en un jubileo que prolonga el jubileo de la esperanza”, señaló.
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En ese marco, recordó que este tiempo también coincide con los ochocientos años de la muerte de San Francisco de Asís, algo que consideró de enorme actualidad. “Parece de una actualidad inmensa, mirando los conflictos del mundo y también las heridas de la vida de nuestra sociedad, de nuestra pequeña comunidad, de nuestra diócesis”, afirmó.
El obispo no eludió el dolor de los hechos recientes que golpearon a la comunidad y dijo que ese sufrimiento también atraviesa esta Pascua. “Lo que ha sucedido estos días nos hiere”, reconoció.
Por eso, dejó un mensaje especialmente dirigido a los jóvenes. “Cómo no decirle a los jóvenes: Jesús dio la vida por vos, porque tu vida es valiosa, es valiosa para Dios y es valiosa para los demás”, expresó.
Para monseñor Torres, ese descubrimiento puede abrir un horizonte nuevo. “Descubrir esto y descubrir que la vida se abre a la eternidad es un canto de esperanza”, sostuvo.
La Semana Santa como camino con Jesús
En su reflexión, el obispo definió también el modo en que propone vivir estos días. “La Semana Santa es un mirar a Jesús, un estar con Jesús”, dijo.
Y agregó que ese acompañamiento tiene una raíz profunda en la fe cristiana. “Porque nuestra vida está injertada con Cristo en Dios, y es una invitación a resucitar con él”, señaló. Desde allí proclamó uno de los núcleos centrales del mensaje pascual: “La muerte no tiene la última palabra”.
Monseñor Torres también repasó algunas de las celebraciones más significativas de estos días. Sobre el Jueves Santo, dijo que “la Cena del Señor es un anticipo que quedó en la Eucaristía” y la definió como “memorial del amor” y “el día del mandamiento del amor”.
Además, destacó una expresión muy particular de la diócesis. “Acá en la diócesis hay un gesto hermoso, que es la peregrinación de los jóvenes”, contó. Según explicó, algunas parroquias la realizan “en bicicleta” y otras “caminando”, recorriendo templos a lo largo de unos diez kilómetros.
Luego mencionó las celebraciones del Viernes Santo, la Pasión, la prolongación de la misa del Jueves, la apertura hacia la vigilia y también el Vía Crucis nocturno.
Una diócesis extensa que celebra unida
En cuanto a su agenda pastoral, el obispo explicó que buscará acompañar distintas comunidades de la diócesis durante estos días. “El viernes santo voy a acompañar aquí en Rafaela, el jueves santo voy a estar en Soledad, y la Vigilia Pascual voy a estar en La Clara, Soledad, Ñanducita y Saralegui”, detalló. Pero más allá de los lugares puntuales, quiso remarcar una idea de fondo. “Qué lindo caer en la cuenta que la diócesis no es solo la ciudad de Rafaela”, expresó.
Y amplió esa mirada territorial y comunitaria al describirla como “toda una familia que celebra la Pascua junto a toda la Iglesia”.

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