Maru Botana abrió el debate sobre los TCA: “Cuando aparece la culpa, hay un conflicto con la alimentación”
La forma en que la cocinera prueba los platos del programa generó cuestionamientos en redes sociales y abrió un debate sobre los trastornos de la conducta alimentaria. Ayelén Hochstrasser, nutricionista de Rafaela, explicó cuáles son las señales de alerta y por qué es importante construir hábitos saludables desde la infancia.
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La participación de Maru Botana como jurado de MasterChef Celebrity generó una fuerte repercusión en redes sociales durante los últimos días. Los cuestionamientos surgieron por su particular manera de degustar las preparaciones de los participantes, ya que en distintas oportunidades se la observó probando pequeñas porciones o únicamente los rellenos de algunos platos.
La situación abrió un debate que trascendió el programa televisivo y puso en discusión los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), las restricciones alimenticias y los mensajes que se transmiten sobre la comida.
En diálogo con Radio Rafaela, Ayelén Hochstrasser, nutricionista (MP 1858), abordó esta problemática y explicó que existen diferentes conductas que pueden afectar la relación de las personas con la alimentación.
Si bien las imágenes televisivas despertaron comentarios y especulaciones, la manera en que una persona prueba determinados alimentos no permite establecer por sí sola la existencia de un trastorno alimentario.
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Los trastornos alimentarios van más allá de la anorexia y la bulimia
Hochstrasser señaló que, cuando se habla de trastornos de la conducta alimentaria, muchas personas piensan inmediatamente en la anorexia o en una figura corporal extremadamente delgada.
Sin embargo, explicó que las dificultades relacionadas con la alimentación pueden manifestarse de distintas maneras y no siempre resultan evidentes a simple vista.
Entre las conductas que merecen atención mencionó la ortorexia, término utilizado para describir una preocupación obsesiva por consumir únicamente alimentos considerados saludables o puros.
También se refirió a la vigorexia, asociada con una preocupación excesiva por el desarrollo muscular y la realización compulsiva de actividad física. Se trata de conceptos que describen comportamientos problemáticos, aunque no constituyen por sí mismos diagnósticos equivalentes a los trastornos alimentarios reconocidos clínicamente.
La nutricionista destacó que uno de los aspectos fundamentales para identificar una relación problemática con la comida es observar qué emociones aparecen alrededor de la alimentación.
“Cuando comemos algo fuera de lo que consideramos permitido y aparece la culpa, tenemos que prestar atención”, explicó.
La culpa, las restricciones y los atracones
Durante la entrevista, Hochstrasser explicó que las restricciones alimentarias rígidas pueden favorecer situaciones en las que una persona pierde el control sobre lo que consume.
“Cuando me restrinjo y aparece el famoso atracón, frente a la angustia o la ansiedad necesito consumir mucha cantidad de eso que estaba prohibido y después siento culpa”, señaló.
También se refirió a la bulimia nerviosa, un trastorno que puede presentar episodios de atracones seguidos de comportamientos compensatorios.
“Después aparecen conductas para compensar ese atracón, que pueden ser provocarse el vómito o realizar actividad física extrema”, explicó.
La profesional remarcó que el problema no debe reducirse a la cantidad de comida consumida, sino que es necesario prestar atención al malestar emocional, la pérdida de control y las conductas que pueden poner en riesgo la salud.
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¿Qué papel cumplen los padres en la relación de los chicos con la comida?
Uno de los puntos centrales de la entrevista estuvo relacionado con la construcción de hábitos alimentarios desde la infancia.
Hochstrasser señaló que los comentarios cotidianos de los adultos pueden influir en la manera en que los niños aprenden a relacionarse con su cuerpo y con los alimentos.
“Las alarmas empiezan desde que son niños. ¿Cómo hablan mamá y papá? ¿Hablan de los cuerpos de otras personas? ¿Clasifican determinados alimentos como buenos o malos?”, planteó.
La nutricionista utilizó como ejemplo una situación habitual: cuando un niño quiere comer una hamburguesa con papas fritas y los adultos la describen como comida chatarra.
Según explicó, ese tipo de expresiones puede contribuir a que los chicos asocien ciertos alimentos con algo negativo.
“Ese niño, cuando crezca, puede asociarlo con algo malo y después, al consumirlo, sentir culpa porque está comiendo chatarra”, señaló.
En ese sentido, propuso reemplazar las etiquetas que condenan determinados productos por explicaciones que ayuden a comprender la importancia de una alimentación variada y equilibrada.
“Hay alimentos ocasionales, no alimentos malos”
La especialista consideró que es importante enseñar a los niños que no todos los productos deben consumirse con la misma frecuencia, pero sin generar sentimientos de culpa.
“Son alimentos ocasionales. No son chatarra, no son malos y no está mal consumirlos, pero sí tenemos que entender que se consumen en determinadas situaciones”, explicó.
Además, destacó que el aprendizaje debe ser coherente con las decisiones que se toman dentro del hogar.
Por ejemplo, si una familia dispone habitualmente de una gran cantidad de determinados productos, pero al mismo tiempo les enseña a los niños que son perjudiciales o prohibidos, puede generar mensajes contradictorios.
“Es difícil para la mente de un niño poder elegir o saber diferenciar cuando tiene mucha oferta de esos alimentos, pero a la vez le enseñamos que son malos”, sostuvo.
Para Hochstrasser, estas experiencias pueden adquirir mayor importancia durante la adolescencia, una etapa en la que los jóvenes comienzan a desarrollar mayor autonomía respecto de sus decisiones alimentarias.
La importancia de construir un vínculo saludable con la alimentación
La nutricionista insistió en que la culpa, la angustia y la necesidad permanente de controlar lo que se come son señales que merecen atención, especialmente cuando comienzan a condicionar la vida cotidiana.
“Cuando empieza a aparecer la culpa, ahí se empieza a generar un vínculo no saludable con la alimentación”, explicó.
En ese contexto, la controversia alrededor de Maru Botana permitió poner en agenda una problemática que requiere información y un abordaje profesional, sin convertir las conductas observadas en televisión en diagnósticos sobre la salud de una persona.
La especialista destacó la necesidad de acompañar a niños y adolescentes desde edades tempranas, evitar los comentarios negativos sobre los cuerpos y promover una relación con la comida que no esté dominada por las prohibiciones ni la culpa.
Ante señales persistentes de restricción, atracones, conductas compensatorias o malestar relacionado con la alimentación, resulta importante consultar con profesionales de la salud capacitados en trastornos alimentarios.

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