"Falta educación sobre cómo leer el producto más allá del octógono”: el valor de los sellos, según dos nutricionistas
Las licenciadas en Nutrición de Rafaela cuestionaron la posibilidad de eliminar la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable y remarcaron que la norma va mucho más allá de los octógonos negros. Si bien reconocieron que tiene aspectos por mejorar, defendieron su valor como herramienta para que la población pueda elegir con más información.
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En medio del debate por la posible derogación de la Ley de Etiquetado Frontal, las licenciadas en Nutrición Nerina Gervasoni y Pilar Rodríguez, de Rafaela, expresaron su rechazo a la iniciativa y advirtieron que sería un retroceso en materia de información alimentaria y salud pública.
Las profesionales señalaron que la norma fue el resultado de un largo proceso de trabajo y que, aunque presenta falencias, cumple un rol importante para orientar a los consumidores al momento de elegir qué productos comprar.
“Creemos que no estaría bueno volver atrás, porque se luchó mucho por lograrla y llevarla a cabo. Esta ley abarca mucho más que los sellos. Sería una lástima. Estamos de acuerdo en que tiene falencias y que hay muchas cosas que podrían mejorarse, pero creemos que sería un error ir para atrás”, plantearon.
Una ley que va más allá de los octógonos
Gervasoni y Rodríguez remarcaron que muchas veces la discusión pública queda reducida a los sellos negros visibles en los envases, pero que la normativa tiene un alcance más amplio.
“La ley va mucho más allá de solo el etiquetado, que por ahí es lo que uno ve visualmente a la hora de ir al súper, en las góndolas. Se llama Ley de Promoción de Alimentación Saludable y también regula la publicidad, sobre todo esa publicidad engañosa infantil, además de los entornos escolares y las cantinas en las escuelas. Es mucho más amplia”, explicaron.

En ese sentido, consideraron que los octógonos no deben entenderse como una herramienta para “asustar” a la población, sino como una advertencia inicial que permite identificar rápidamente determinados componentes de los productos.
“Los octógonos no son solo para asustar a la gente. Al principio fue un poco eso: uno iba al súper, veía esos signos negros enormes de exceso de azúcar, exceso de sal, exceso de sodio, y decía ‘bueno, esto es todo’. Pero no pasa solamente por ahí”, señalaron.
La importancia de educar para leer etiquetas
Las nutricionistas sostuvieron que uno de los grandes desafíos pendientes es acompañar la ley con más educación alimentaria, para que las personas puedan interpretar mejor la información nutricional.
“Nosotras siempre charlamos esto: falta un poco de educación en la población sobre cómo leer el producto más allá del octógono”, indicaron.

En ese punto, explicaron que un sello puede advertir sobre un exceso, pero no siempre alcanza para evaluar integralmente la calidad de un alimento.
“Por ahí un producto que tiene exceso en grasas, si lo leemos en profundidad y miramos sus ingredientes, podemos descubrir que quizás no es un producto de tan mala calidad. Entonces hay que ir un poco más allá y entender que eso también es un punto que debería abarcar la ley”, expresaron.
Para las profesionales, la norma debería profundizarse con herramientas educativas que ayuden a la población a tomar decisiones más conscientes.
“La ley debería ir acompañada con un poco de educación. Particularmente creemos que es una forma de hacer consciente a la población a la hora de elegir”, afirmaron.
“Elegís sabiendo qué estás consumiendo”
Gervasoni y Rodríguez remarcaron que los sellos generan un impacto concreto al momento de comprar. Según explicaron, no necesariamente determinan una elección, pero sí obligan a detenerse y mirar el producto con más atención.
“Vos vas al súper y ves el producto con sellos y sin sellos, y es muy distinta la reacción. Está probado: la gente lo piensa. Por lo menos elegís sabiendo qué estás consumiendo y tenés un acercamiento a la realidad del alimento”, señalaron.
Desde su experiencia cotidiana en un local de alimentación saludable, contaron que trabajan especialmente en la selección de productos que no tengan sellos o que presenten la menor cantidad posible.
“Nosotras tenemos un local de alimentación saludable y trabajamos mucho en esto: en ver que el producto que llega no tenga sellos. Intentamos siempre que todo lo que traemos directamente no los tenga, para que la gente pueda ir, comprar tranquila y sin pensar tanto en este tema”, explicaron.
De todos modos, aclararon que existen situaciones donde los sellos aparecen por la propia composición del alimento, y que por eso es necesario leer con mayor profundidad.

“Si hay sellos, tratamos de que sean los mínimos. A veces tiene que ver con la composición misma del alimento. Quizás algún producto puede tener exceso en grasas, pero esas grasas pueden ser de buena calidad, como puede pasar en una barrita de cereal. Por eso hay que entender más allá del octógono y saber leer la etiqueta en sí”, remarcaron.
Cambios en la industria y consumidores más atentos
Las nutricionistas también destacaron que la implementación de la ley generó cambios en parte de la industria alimentaria, que comenzó a reformular productos para reducir la cantidad de sellos.
“La industria también tuvo que hacer modificaciones y reformular. Se encontró con productos con exceso de azúcar y con el riesgo de que la gente dejara de comprarlos. Entonces empezaron a hacer cambios: algunos productos mejoraron y bajaron sellos. De repente, de tres octógonos pasaron a tener uno”, explicaron.
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Ese proceso, señalaron, también impactó en los consumidores, que empezaron a prestar más atención a los ingredientes y a la composición de los alimentos.
“La gente empezó a interiorizarse y a estar más curiosa. En el local lo vemos mucho: se plantea eso, se leen los ingredientes, hay mucha gente que sabe bien qué mirar. Eso está buenísimo”, valoraron.
Un punto de partida, no una respuesta definitiva
Para Gervasoni y Rodríguez, el etiquetado frontal debe ser entendido como una herramienta de advertencia, pero no como la única respuesta para mejorar los hábitos alimentarios.
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“Creo que hizo que la gente sea más consciente a la hora de elegir. Quizás es un signo de advertencia, pero después también está esto de dar vuelta el producto y leer un poco más en profundidad cómo está compuesto ese alimento”, concluyeron.
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