Escuelita del barrio Virgen del Rosario: “Ellos me buscaban” y la historia detrás de siete años de acompañamiento
Paola, profesora del espacio, contó cómo funciona una de las escuelitas barriales de Rafaela. Entrenan tres veces por semana, participan chicos desde los 5 hasta los 18 años y comparten encuentros con otros barrios. Además, planteó la necesidad de mejorar la iluminación del sector.
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En el barrio Virgen del Rosario de Rafaela, una escuelita de fútbol lleva alrededor de siete años ofreciendo deporte, acompañamiento y un lugar de encuentro para chicos y adolescentes.
Paola, profesora y referente del espacio, contó que actualmente participan entre 25 y 30 chicos, con edades que van desde los 5 hasta los 18 años.
La actividad se desarrolla los lunes, miércoles y viernes, de 18 a 20, aunque durante el verano los encuentros pueden extenderse debido a que hay más horas de luz natural. “Son entre 25 y 30 chicos. Vienen de a poco porque primero van a la escuela y después llegan acá”, explicó.
Mucho más que jugar al fútbol
Los entrenamientos incluyen diferentes actividades físicas y ejercicios con pelota. Los lunes, por ejemplo, el trabajo está principalmente orientado a la preparación física, mientras que durante otras jornadas los chicos comienzan realizando vueltas alrededor de la plaza antes de iniciar las prácticas futbolísticas.
Pero para Paola, la función de la escuelita excede ampliamente lo deportivo. “Más que nada vienen acá para que uno los cuide, los mire, porque ellos vienen y te cuentan todo”, expresó.
De esta manera, la propuesta se transformó también en un espacio de contención y acompañamiento cotidiano, donde los chicos encuentran una persona de confianza con quien conversar.
La relación construida durante estos años quedó particularmente demostrada cuando Paola debió ausentarse durante varias semanas por un problema de salud.
“Estuve enferma casi cuatro semanas y ellos me buscaban. Venían a la plaza y después iban hasta mi casa a buscarme”, recordó.
Durante ese período los chicos continuaron acercándose a la vecinal, donde recibían la merienda y comida, aunque los entrenamientos quedaron suspendidos porque no había otra persona que pudiera reemplazarla.
Entrenar y después compartir la mesa
Las jornadas también incluyen momentos que fortalecen el vínculo entre los participantes. Después de algunos entrenamientos, los chicos se trasladan hasta la vecinal para compartir una comida o una merienda.
Paola destacó que el espacio permanece abierto para quienes quieran incorporarse. Incluso recientemente comenzaron a asistir dos chicos que llegaron a vivir al barrio.
La escuelita también mantiene vínculos con otros espacios deportivos comunitarios de Rafaela. “El sábado estuvimos con Villa del Parque. Nosotros los visitamos allá y el sábado anterior ellos estuvieron acá”, relató.
Estos encuentros permiten que los chicos puedan jugar con integrantes de otras escuelitas y generar nuevos vínculos a través del deporte.
El pedido por más iluminación
Entre las necesidades que actualmente tiene el espacio aparece una muy concreta: mejorar la iluminación de la plaza donde entrenan.
Paola explicó que algunas luminarias no funcionan y que la falta de luz complica particularmente las prácticas durante los meses de invierno. “Necesitamos que nos vengan a arreglar las luces. Algunas no prenden y cuando se va el sol ya casi no se ve nada”, señaló.
Durante el verano la situación resulta más sencilla porque las tardes son más largas e incluso los chicos permanecen en el lugar hasta las 21:30, pero durante el invierno deben finalizar antes. “En invierno era muy complicado. Venían igual, con mucho frío y muy oscuro, pero teníamos que terminar temprano”, contó.
Siete años acompañando a los chicos del barrio
Lo que comenzó hace aproximadamente siete años se consolidó como un punto de referencia para niños y adolescentes del barrio Virgen del Rosario.
Detrás de cada entrenamiento aparecen historias personales, meriendas compartidas, encuentros con otros barrios y un acompañamiento que continúa cuando la pelota deja de rodar.
La invitación permanece abierta para nuevos participantes: lunes, miércoles y viernes, de 18 a 20, la plaza vuelve a convertirse en cancha y en un espacio de encuentro para los chicos del barrio.
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