Entre vínculos y más palabras, Marítchu Seitún recomendó “volver a ocupar un rol activo en la transmisión de cultura y valores”
La psicóloga habló este martes, como cierre del mes de la mujer y en el año de la Mujer Agropecuaria, en el evento organizado por el Grupo de Ayuda a Mujeres Agropecuarias.
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El atardecer del martes convocó en el Salón Centenario de la Sociedad Rural de Rafaela a más de 200 personas interesadas en escuchar a la psicóloga Marítchu Seitún.
Con calidez y claridad, el disparador del encuentro fue “Volver a conectar. Vínculos en tiempos actuales”, donde la exposición trató de desentrañar los fundamentos de las relaciones actuales, en la sociedad, en las familias, en los grupos de amigos y sobre todo hacia las nuevas generaciones, teniendo en cuenta que las pantallas han pasado a ocupar un lugar central en nuestras vidas, muchas veces en detrimento de la calidad de nuestras relaciones.
Fue Nancy Peiretti, como presidente del Grupo de Ayuda a Mujeres Agropecuarias (GAMA), quien dio la bienvenida a un auditorio donde se intercaló no sólo un público femenino, sino también hombres, de diferentes edades, dispuestos a escuchar a una referente en educación, crianza y educación.
Destacando la importancia de cerrar el mes de la mujer con esta actividad, que se da en el año de la Mujer Agropecuaria, decretado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el encuentro cumplió con su objetivo fundamental, juntar diferentes miradas, reflexionar en conjunto y encontrar alternativas para lo más cotidiano, los vínculos fundamentales.
La propuesta de Marítchu buscó interpelar a todas las generaciones, desde los más jóvenes hasta los adultos mayores, en torno a un desafío común, recuperar la palabra, la conversación y la presencia frente al avance de la tecnología.
Para la especialista, los adultos en muchos casos son los primeros en caer en hábitos de aislamiento y dependencia tecnológica. “Los primeros adictos somos nosotros, los que estamos perdiendo la calidad de la vinculación somos nosotros”, sostiene, subrayando la necesidad de que los mayores tienen que “volver a ocupar un rol activo en la transmisión de cultura y valores”. Para la psicóloga, esa transmisión “no puede darse a través de un correo electrónico, ni de un TikTok, sino mediante la palabra viva y el encuentro cara a cara”.
En la disertación se trató cómo la pandemia profundizó un proceso que ya venía gestándose, la pérdida de concentración, la dificultad para sostener vínculos presenciales y la tendencia a refugiarnos en las pantallas como forma de anestesia emocional. “Yo misma hasta la pandemia podía concentrarme una hora y media en un tema; después apenas veinte minutos. Hoy llego a cuarenta, pero necesito levantarme y hacer otra cosa. Es grave, porque la profundidad se pierde y con ella la posibilidad de comprender más y mejor”, explica ilustrando cómo el uso intensivo de dispositivos afecta incluso la capacidad de trabajo intelectual.
Se ofreció en el encuentro una recomendación práctica para salir de ese círculo vicioso, siendo fundamental no cargar el teléfono en el cuarto, dejar las pantallas una hora antes de dormir, establecer rituales cotidianos libres de dispositivos y fomentar encuentros familiares sin la presencia de celulares en la mesa.
En definitiva y en lo personal, “el objetivo es llegar a la noche con una sonrisa”.
En detrimento de sensaciones reales, “la pantalla lo que hace es que me anestesia. Ya no siento nada, pero los problemas siguen estando ahí. Salgo de la pantalla y sigo peleada con mi hermana, sigo sin llegar a fin de mes. Me escondí tres horas de lo que me pasa y no lo resolví”, advierte, invitando a reflexionar sobre la necesidad de enfrentar las emociones en lugar de evadirlas.
Muchas veces, ante la tristeza o el llanto de un niño pequeño, los padres optan por entregar un teléfono en lugar de acompañar la emoción y ayudarlo a desplegar recursos propios para enfrentar la situación. “No estamos ayudando a los chicos a regularse. Les damos la pantalla para que se callen, y así pierden la oportunidad de aprender a sortear las dificultades de la vida cotidiana”, explica, remarcando que “la interacción humana es insustituible en el desarrollo emocional”.
La psicóloga también destacó que “las personas que en vez de ponerse tristes miran su teléfono, que en vez de enojarse, se divierten con TikTok, terminan empobreciéndose y además se enferman o se enojan con la persona equivocada”. Recuerda que el procesamiento de lo que nos pasa requiere interlocutores, un terapeuta, un cura, un hermano, una amiga. “Sin esos espacios de diálogo, la pantalla se convierte en un refugio que no resuelve nada”.
Con la recomendación de siempre “escuchar el doble de lo que hablamos”, la interacción final con el auditorio apuntó a fortalecer los vínculos, a volver a darle centralidad a la palabra y a la conversación.
Seitún insistió en que la comunidad necesita de la presencia activa de los adultos, de su capacidad de transmitir cultura y sostener lazos, y que para ello “es imprescindible soltar las pantallas y volver a encontrarse”.

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