"El Arca de Belén", el desafío de los rescates animales y el trabajo veterinario detrás: "Es algo que no tiene precio"
Belén Romero, rescatista rafaelina, y la veterinaria Luciana Ferrero contaron cómo trabajan para asistir a animales abandonados, heridos o maltratados.
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Desde hace cerca de 18 años, Belén Romero dedica buena parte de su vida a rescatar animales que encuentra en situaciones de abandono, enfermedad o peligro. Su trabajo comenzó cuando tenía apenas 14 años y, desde entonces, alcanzó a perros, gatos, aves y ejemplares de fauna silvestre.
“Mi primer rescate fue a los 14 años y después no paré. Digo animales porque rescaté de todo: loros, palomas, perros, gatos y zorros. Soy de las que encuentran algo en la calle y no pueden mirar para otro lado”, contó.
Actualmente, gran parte de esa tarea se visibiliza mediante El Arca de Belén, espacio desde el cual comparte historias, procesos de recuperación, pedidos de colaboración y animales que necesitan una familia.
“Cambiarle la vida a un animal no tiene precio”
Belén reconoció que resulta imposible responder a todos los casos de abandono que aparecen en la ciudad, pero sostuvo que cada rescate modifica por completo la vida de ese animal. “Sabemos perfectamente que no podemos salvarlos a todos, porque lamentablemente hay muchísimos abandonados. Pero cuando rescatás uno, cambiás la vida de ese animal, y eso es lo que me motiva”, explicó.
Uno de los aspectos que más fuerza le brinda es observar el contraste entre las condiciones en las que llegan y el momento en que finalmente logran recuperarse. “Yo comparto constantemente el antes y el después. Encontrás un animal prácticamente en las últimas y, tiempo después, tiene comida, una cucha, calor y una familia. Eso para mí no tiene precio”, expresó.
La rescatista sostuvo que su reacción frente a un animal en peligro se volvió casi automática. Incluso relató que sus compañeras de trabajo suelen evitar salir con ella porque saben que cualquier ave o perro que aparezca en el camino puede convertirse en un nuevo caso.
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“Si nos cruzamos con una palomita chiquita, la junto. Ya es algo que tengo incorporado: no puedo hacer de cuenta que no vi lo que está pasando frente a mí”, afirmó.
El acompañamiento veterinario
La tarea de rescate se complementa con el trabajo de la veterinaria Luciana Ferrero, quien recibe y atiende a muchos de los animales asistidos por Belén y por otras proteccionistas de Rafaela.
La veterinaria explicó que la atención clínica no suele ser el aspecto más difícil, sino la carga emocional que aparece al conocer las situaciones de abandono y maltrato. “Lo más complicado es ver cómo llegan, muchas veces después de haber sido maltratados o abandonados. También pasa que quedan internados y sus dueños dejan de responder. Esa parte emocional es la más dura”, señaló.
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Sin embargo, destacó que la recuperación también permite encontrar fuerzas para continuar. “Ellos te agradecen con la mirada, recuperándose y volviendo a confiar. Hay algo especial en eso que te ayuda a seguir, incluso cuando trabajar con las personas puede resultar difícil”, manifestó.
Luciana contó que, cuando detecta un animal en la calle y no puede intervenir directamente por sus horarios de trabajo, se comunica con Belén o con otras rescatistas. “Nos mandamos fotos y empezamos a armar una especie de mapa: quién está cerca, quién puede acercarse o quién tiene un lugar. Lo importante es que ese animal termine recibiendo atención”, explicó.
Esa articulación permite distribuir las tareas entre quienes realizan traslados, ofrecen hogares de tránsito, colaboran económicamente o brindan atención veterinaria. La profesional valoró especialmente el trabajo de las rescatistas independientes, que muchas veces afrontan casos complejos sin contar con una estructura formal ni recursos permanentes.
“Disfruto poder ayudarlas porque sé el esfuerzo que hacen. Cuando el animal se recupera y finalmente aparece una familia, sentimos que todo valió la pena”, expresó.
Perros que volvieron a empezar
Durante la entrevista, Belén recordó algunos de los rescates más recientes. Uno de ellos fue el de una perra que apareció frente a una vivienda, aullando y buscando desesperadamente a alguien. “No sabía a quién buscaba ni cuánto tiempo llevaba así. Pensé que, si la dejábamos, iba a seguir esperando sin que nadie supiera qué hacer con ella. Entonces la llevamos, quedó en una guardería y después fue castrada”, relató.
“Al principio pensábamos que podía tener algún problema mayor, pero empezó a comer, tomar agua, recibir cariño y estar calentito. Con el paso de los días dejó de caminar en círculos y comenzó a comportarse normalmente”, contó.
El animal todavía necesita aumentar de peso, pero ya muestra una evolución favorable después de varias semanas de cuidados. “Son esos cambios los que te hacen continuar. Ver que un animal vuelve a comer, descansa tranquilo y empieza a confiar nuevamente es algo muy fuerte”, agregó.
El abandono después de la atención
Luciana Ferrero señaló que algunas de las experiencias más difíciles se producen cuando una persona lleva un animal a la veterinaria y luego deja de responder o decide no hacerse cargo. “Hay animales que se recuperan muy bien, pero mientras están internados sus responsables desaparecen. Ellos quedan esperando a alguien que quizás no vuelva”, lamentó.
En esos casos, la intervención de las rescatistas y la difusión en redes sociales resultan fundamentales para encontrar adoptantes. Ferrero destacó que, en general, la comunidad acompaña y que muchos de los animales logran finalmente llegar a hogares definitivos.
“La gente sigue las historias, comparte y se comunica. Por suerte, muchas veces conseguimos esa familia que todos deseamos para ellos: una casa, un patio y alguien que les dé amor”, expresó.
Una tarea sostenida con ayuda comunitaria
El Arca de Belén se mantiene principalmente mediante el esfuerzo personal y las colaboraciones que surgen de quienes siguen cada rescate. Belén utiliza sus redes sociales para compartir una parte de su trabajo cotidiano, mostrar la evolución de los animales e informar las formas disponibles para ayudar.
“Publico historias, fotografías y los casos que van apareciendo. También están las vías para colaborar porque cada rescate implica alimento, atención veterinaria, medicamentos, traslados y muchas otras cosas”, explicó.
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La rescatista remarcó que no todas las personas tienen la fortaleza emocional para intervenir directamente, pero existen distintas maneras de acompañar. “Hay gente que dice que no puede mirar porque le hace mal o le genera mucha tristeza. Lo entiendo, pero también puede ayudar difundiendo, colaborando o adoptando responsablemente”, sostuvo.
Para Belén y Luciana, el objetivo final no se limita a retirar al animal de la calle, sino a completar todo el proceso hasta que pueda recuperar su salud y encontrar un hogar seguro. “Rescatar es solamente el comienzo. Después viene la recuperación, la atención, la confianza y la búsqueda de una familia. Cada animal que vuelve a empezar demuestra por qué vale la pena seguir”, concluyeron.

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