La NASA ofrece 750.000 dólares para crear alimentos autosuficientes en Marte
La agencia espacial lanzó una competencia global para diseñar sistemas capaces de producir, preparar y almacenar comida en misiones de larga duración en la Luna y el planeta rojo, sin depender del reabastecimiento desde la Tierra.
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La NASA lanzó una competencia internacional para resolver uno de los grandes desafíos de la exploración espacial: cómo alimentar a los astronautas en Marte y la Luna sin depender del envío permanente de suministros desde la Tierra.
El concurso, denominado Deep Space Food Challenge: Mars to Table, fue anunciado por la agencia espacial el 13 de enero de 2026 y repartirá un total de 750.000 dólares entre los equipos que logren diseñar sistemas alimentarios completos para misiones de larga duración. La convocatoria está abierta a participantes de cualquier parte del mundo y el plazo de inscripción se extenderá hasta el 31 de julio de 2026.
La propuesta no apunta únicamente a crear nuevos alimentos para astronautas, sino a desarrollar una infraestructura integral capaz de cubrir todo el proceso: producción, preparación, almacenamiento, seguridad, variedad, sabor e integración con los sistemas de soporte vital de una base espacial.
Comida espacial, pero sin depender de la Tierra
El objetivo central del desafío es reducir la dependencia del reabastecimiento terrestre en misiones que pueden durar meses o incluso años. En un viaje a Marte, transportar todos los alimentos necesarios implicaría aumentar de manera considerable la masa de carga, los costos y los riesgos logísticos.
Por eso, la NASA busca sistemas capaces de satisfacer el 100% de las necesidades nutricionales variables de una tripulación dentro de las limitaciones propias de un hábitat marciano. La iniciativa forma parte de la estrategia de la agencia para avanzar hacia misiones sostenibles dentro del programa Artemis y futuros viajes tripulados al planeta rojo.
El desafío “De Marte a la Mesa” es administrado con apoyo de la Fundación Matusalén y forma parte de la serie Deep Space Food Challenge, orientada a desarrollar soluciones alimentarias para entornos extremos.
El desafío de producir alimentos en Marte
Alimentar a astronautas en órbita terrestre ya representa una tarea compleja. En Marte, el problema se multiplica por la distancia, la duración de las misiones y las condiciones ambientales.
La distancia media entre la Tierra y Marte puede superar los 200 millones de kilómetros, lo que vuelve inviable pensar en reabastecimientos frecuentes. Además, una misión marciana podría extenderse por más de dos años, por lo que llevar toda la comida desde la Tierra ocuparía un volumen enorme de carga y reduciría el espacio disponible para otros equipos esenciales.
El entorno marciano también impone fuertes restricciones: el agua es escasa, la radiación es alta, las temperaturas son extremadamente bajas y la atmósfera está compuesta principalmente por dióxido de carbono, con una presión muy inferior a la terrestre. Por eso, cualquier sistema alimentario deberá funcionar con pocos recursos, bajo consumo de energía y alta eficiencia.
Sistemas cerrados y reutilización de recursos
A diferencia de otros proyectos centrados solo en la agricultura espacial, la competencia de la NASA exige soluciones integradas. Los sistemas deberán contemplar desde el cultivo o producción de materias primas hasta la transformación en comidas aptas para el consumo humano.
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Uno de los ejes principales es el concepto de ciclo cerrado, que consiste en reutilizar al máximo los recursos disponibles. Los residuos orgánicos podrían transformarse en nutrientes para nuevos cultivos, mientras que el agua debería reciclarse de manera continua dentro del sistema.
Este modelo resulta clave para cualquier misión de larga duración. Sin una estructura autosuficiente, una base en la Luna o en Marte seguiría dependiendo de envíos desde la Tierra, lo que limitaría su viabilidad.
Además de su aplicación espacial, la NASA considera que estas tecnologías podrían tener impacto en la Tierra, especialmente en zonas remotas, bases polares, regiones afectadas por desastres naturales o comunidades con cadenas de suministro frágiles.

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