El estremecedor relato de la madre de un joven argentino que perdió la vida en el derrumbe de Miami
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La familia del joven transitó un calvario de 13 días esperando tener noticias.
Ilan Naibryf nació el 11 de septiembre de 1999 y vivía con sus padres, Ronit Felszer y Carlos Naibryf, y sus dos hermanas, Micaela y Tali, en Belgrano, Buenos Aires. En 2002, la familia emigró a los Estados Unidos y se instaló en Miami.
Ilan, de 21 años, forjaba un prometedor futuro y estudiaba dos carreras universitarias: física e ingeniería molecular. Le quedaban unas pocas materias para graduarse en la Universidad de Chicago, pero la inesperada tragedia dejó truncos todos sus sueños.
Hacía tres años que estaba de novio con Deborah Berezdivin, una joven puertorriqueña de su misma edad que vivía en Miami pero, momentáneamente, estaba realizando una pasantía en Nueva York.
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A partir de ese momento, la familia comenzó un calvario de 13 días esperando tener noticias y asistiendo dos veces por día a las reuniones especiales que hacían las autoridades con los familiares de las personas desaparecidas en el derrumbe, para contarles las novedades del caso.
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Ilan junto a sus padres, Ronit y Carlos, y sus dos hermanas, Micaela y Tali.
"El primer y el segundo día, tenía ilusión. Ni pensaba, ni esperaba, ni rezaba... nada. Pero yo había visto el edificio... la montaña que había de polvo y no tenía esperanza... La verdad es esa", manifestó Ronit.
"Los rescatistas no podían acercarse a los escombros que estaban al lado del edificio que seguía parado, entonces tomaron la decisión de derrumbarlo, en lo que denominan un derrumbe controlado, y pudieron acceder a muchos de los cuerpos. De hecho, ahí fue cuando encontraron la mayor cantidad porque al principio eran pocos... Pero no me hizo diferencia porque ya tenía claro que mi hijo no estaba vivo".
Todas las esperanzas mantenidas por Ronit y la familia se evaporaron el 7 de julio, trece días después del derrumbe, cuando los rescatistas encontraron el cuerpo de Ilan. El 9 de julio lo despidieron en un funeral.
"Los encontraron a los dos juntos, acostados en la cama. El colchón estaba doblado por la mitad, estaban abrazados. Mi hijo tenía su documento en la mano y ella tenía la billetera de él en la mano, nos dijeron que los cuerpos estaban intactos. Son varias cosas... Siempre me queda la duda de si estaba vivo o no cuando el edificio cayó, porque nadie duerme con su documento en la mano", contó.
Al poco tiempo de que se terminara la construcción del Champlain Towers, la familia de Deborah compró dos departamentos en el octavo piso y los unió. Se trataba del 8º 11 y del 8º 12. La pareja estaba durmiendo en este último departamento, que pertenecía a la última parte que se derrumbó del edificio.
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El Champlain Towers tenía severas deficiencias estructurales que lo llevaron a colapsar.
"Mi hijo estaba en el octavo piso, que fue la última parte que se cayó", cuenta Ronit. "En las fotos que tenemos del edificio hay una parte marcada con rojo, una con amarillo, otra con verde y otra con azul. La parte roja cayó primero, la amarilla después, la verde en tercer lugar y, finalmente, la azul. La parte amarilla y roja corresponde al 8º 11. La parte azul y amarilla corresponde al 8º 12, Ilan estaba ahí".
► Más información: Derribaron lo que quedaba del edificio colapsado en Miami
Entre los inquilinos que vivían del edificio se encontraban los tíos y primos de Deborah, que también fallecieron en el derrumbe.
Muchos familiares de las y los fallecidos en el derrumbe se mostraron en contra de que vuelva a levantarse otro edificio sobre el terreno en el que se erigió el Champlain Towers. Ronit tampoco está de acuerdo y quiere que el lugar sea preservado en memoria de quienes allí perdieron la vida:
"No me cabe que se construya algo porque es un cementerio, no me cabe que levanten un edificio. Cuando en 15 años, la próxima generación busque un departamento y vea una torre con amenities, pileta, gimnasio y la playa enfrente no se van a acordar de lo que pasó, porque el ser humano se olvida", expresó.
Ronit trata de tener la fuerza suficiente para seguir adelante con su vida, junto a su marido y sus dos hijas, pero hay días que el dolor -que no sólo se manifiesta en su corazón, sino también en el cuerpo- ni siquiera le permite levantarse de la cama.
"Tengo dos hijas, una de 26 y otra de 24 años, tengo un marido. Volví a trabajar porque necesito tener una rutina: los cuatro la necesitamos. Acá hay dos opciones: tomarme la vida o seguir adelante y no vivir muerta... Es el vivir día a día... y aprender a vivir con eso", lamentó.
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