Un síndrome más habitual de lo que pensamos: “El burnout es un agotamiento extremo que no se resuelve solo descansando”
La psicóloga rafaelina se refirió al síndrome de burnout, advirtió sobre las nuevas exigencias del mundo laboral y detalló cuáles son las señales más frecuentes de este fenómeno ocupacional
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La psicóloga rafaelina Delfina de la Riva analizó el llamado “síndrome del burnout”, una problemática cada vez más presente en ámbitos laborales atravesados por la exigencia, la hostilidad y la falta de descanso real. En su explicación, aclaró que no se trata de un trastorno mental en sí mismo, sino de un cuadro vinculado directamente al trabajo y a las condiciones en que muchas personas desarrollan sus tareas cotidianas.
“Es un síndrome. No está considerado como un trastorno”, explicó. Y enseguida precisó cómo se lo entiende hoy: “Se lo cataloga como un fenómeno ocupacional, es decir, que es una cuestión exclusivamente laboral”.
Desde esa base, De la Riva describió un cuadro que afecta profundamente la energía, la emocionalidad y la autoestima de quien lo padece.
Un cansancio que no se va ni durmiendo
Una de las características más visibles del burnout tiene que ver con el agotamiento. Pero no con un cansancio habitual, sino con algo mucho más profundo. “La persona en esos momentos siente que no tiene energía para nada”, señaló.
En ese sentido, marcó una diferencia importante con el desgaste común del día a día. “No es algo que, por ejemplo, el fin de semana estoy cansado, me tomo vacaciones y ya está”, dijo.
Por el contrario, explicó que ni siquiera el descanso alcanza para revertirlo. “Por más que duerma las ocho horas, siente que su sueño no es reparador, no puede recuperarse”, afirmó. Y resumió esa sensación con una definición muy clara: “Es como un agotamiento extremo”.
La apatía como mecanismo de defensa
Otro de los ejes centrales del burnout es lo que definió como despersonalización. De la Riva explicó que, en ese estado, la persona empieza a apagarse emocionalmente. “Deja de reírse de lo que antes se reía, deja de llorar de algo que en algún momento le hubiese dado tristeza”, sostuvo.
El resultado es una especie de anestesia emocional. “Todo le da lo mismo”, describió. Y agregó que se la empieza a ver “como muy fría”, incluso en vínculos laborales cotidianos, ya sea con pacientes, clientes o compañeros.
Para la psicóloga, esto no es casual. “Es un mecanismo de supervivencia del cerebro y del cuerpo para adaptarse a este ambiente laboral tan hostil”, explicó.
La pérdida de valía y el golpe a la autoestima
El tercer gran componente del burnout tiene que ver con la percepción que la persona empieza a tener de sí misma. “La tercera característica que tiene el burnout es la sensación de falta de realización, como la pérdida de valía”, indicó.
En ese estado, la persona deja de reconocer sus propios logros. “No reconoce sus logros, no se cree suficiente, siente que no sirve para nada en su trabajo”, afirmó.
Ese desgaste también abre preguntas muy profundas sobre el sentido de lo que hace. “Empieza esto de ‘¿para qué estoy haciendo lo que estoy haciendo?’”, explicó. Y agregó que muchas veces aparecen cuestionamientos aún más duros: “¿Para qué estudié eso? ¿Para qué estoy haciendo este trabajo?”.
Según De la Riva, todo esto termina afectando no solo la autoestima, sino también la identidad. “Va socavando la autoestima y la identidad personal”, señaló.
No es debilidad: el peso está en el entorno
La psicóloga subrayó que el burnout no debe leerse como un problema individual ligado a una supuesta fragilidad de la persona. “No tiene que ver con que a la persona le cueste poner límites o que sea una persona débil o frágil”, aclaró.
Para ella, el foco debe ponerse en el contexto. “Acá tiene que ver puramente con el entorno”, afirmó.
Y describió algunas de las condiciones que empujan a una persona a este punto de agotamiento: “Un ambiente donde desde la jerarquía hay mucha hostilidad, donde no hay horas de descanso, donde las horas de trabajo son muchísimas”.
A eso se suma otro factor clave: la pérdida de autonomía. “El trabajador no tiene decisión alguna sobre su trabajo, en el sentido de cómo hago mi trabajo, qué hago, de qué forma”, explicó.
Las nuevas exigencias y un fenómeno cada vez más frecuente
Para De la Riva, el burnout no responde a una sola causa, sino a una suma de factores que se van acumulando. “Son varios los factores que contribuyen a que una persona llegue a este punto”, afirmó.
Su lectura deja en claro que el problema no pasa solamente por trabajar mucho, sino por hacerlo en condiciones que desgastan emocionalmente, vacían de sentido la tarea y empujan a un modo de supervivencia donde ya no hay disfrute, ni descanso real, ni reconocimiento personal.

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