Siete trucos para calentar el dormitorio sin prender la calefacción y sin gastar de más
Con la llegada del frío, mantener la habitación cálida puede convertirse en un desafío. Sin embargo, existen alternativas simples y económicas para conservar mejor la temperatura durante la noche.
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Con la llegada de las bajas temperaturas, el dormitorio suele convertirse en uno de los ambientes más difíciles de mantener cálido. Las ventanas que dejan pasar aire, los pisos fríos y las camas que tardan en tomar temperatura pueden complicar el descanso.
Sin embargo, no siempre es necesario abusar de la calefacción para dormir cómodo. Existen pequeños cambios y trucos caseros que ayudan a conservar mejor el calor, mejorar la sensación térmica y evitar gastos elevados en luz o gas.
Revisar las corrientes de aire
Antes de pensar en cualquier otro método, conviene controlar si hay filtraciones de aire frío. Ventanas mal cerradas, rendijas o pequeñas grietas pueden hacer que el calor se escape rápidamente.
Una solución económica es colocar burletes, masilla o selladores en los puntos por donde ingresa aire. Este paso simple puede marcar una gran diferencia en la temperatura del ambiente.
Cambiar la ropa de cama
Aunque parezca obvio, muchas veces se siguen usando sábanas livianas durante los primeros días de frío. Las sábanas de franela, los acolchados gruesos, mantas y edredones ayudan a conservar mucho mejor el calor corporal.
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Una cama bien preparada permite reducir la necesidad de calefaccionar toda la habitación durante la noche.
Usar el ventilador de techo en modo invierno
Muchos ventiladores de techo cuentan con función reversible. En invierno, al cambiar el sentido de giro de las aspas, el aparato empuja hacia abajo el aire caliente que se acumula en el techo.

De esta manera, se distribuye mejor la temperatura del dormitorio y se aprovecha el calor existente sin sumar consumo de calefacción.
Alejar la cama de la ventana
Las ventanas suelen ser uno de los puntos más fríos del dormitorio, especialmente durante la noche. Si la cama está pegada o debajo de una ventana, moverla algunos centímetros o cambiarla de ubicación puede ayudar a evitar esa sensación de frío constante.

El objetivo es reducir el contacto directo con las zonas por donde más se enfría el ambiente.
Sumar una alfombra gruesa
Los pisos de madera, porcelanato o laminados suelen ponerse muy fríos en invierno. Una alfombra gruesa no solo aporta calidez visual, sino que también ayuda a aislar el ambiente.

Además, evita el impacto del piso helado al levantarse de la cama, una de las molestias más comunes durante las mañanas frías.
Elegir cortinas más pesadas o térmicas
El vidrio transmite fácilmente las bajas temperaturas del exterior. Por eso, durante los meses fríos conviene reemplazar las cortinas livianas por opciones más gruesas o cortinas térmicas.

Este recurso ayuda a mantener el calor dentro de la habitación y bloquea mejor el ingreso del aire frío.
Volver a la bolsa de agua caliente
La clásica bolsa de agua caliente sigue siendo uno de los métodos más efectivos y económicos. Colocarla debajo de las sábanas unos minutos antes de acostarse permite entrar en una cama tibia sin necesidad de dejar la calefacción encendida toda la noche.

Es una alternativa simple, barata y rendidora para enfrentar las noches más frías.
Con pequeños cambios en la habitación, es posible mejorar el confort, conservar mejor el calor y reducir el consumo de energía durante el invierno.

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