La NASA detectó un fenómeno de El Niño histórico en el océano Pacífico
La agencia espacial estadounidense monitorea un posible evento de El Niño, con alteraciones térmicas de 1,7 °C y desniveles de hasta 40 centímetros, anticipando impactos climáticos extremos a nivel mundial.
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En el océano Pacífico ecuatorial, los satélites de la NASA observan el desarrollo de un fenómeno de El Niño que podría convertirse en el más intenso registrado desde 1950. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estima una probabilidad del 83% de que este evento climático esté actualmente en curso.
Este proceso natural, que suele ocurrir cada dos a siete años, se caracteriza por temperaturas del agua superiores a lo habitual. Sus efectos alteran los vientos alisios, la distribución del calor oceánico y los patrones de lluvia, impactando directamente en comunidades costeras, agricultores y servicios de emergencia en diversas partes del mundo.
La observación satelital permite seguir el fenómeno desde su epicentro. Una de las señales iniciales se detectó en enero de 2026, cuando se identificó una masa de agua cálida denominada onda Kelvin cerca de Micronesia. Estos pulsos de agua trasladan calor de oeste a este, actuando como autopistas submarinas que debilitan los vientos alisios.
“Las ondas Kelvin son como el latido del corazón de El Niño”, explicó Josh Willis, científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. “Nuestros satélites de medición del nivel del mar nos permiten observar el océano y ver cada latido”, añadió el especialista sobre la tecnología utilizada para el seguimiento constante.
Indicadores térmicos y biológicos
Para abril, las ondas llegaron al Pacífico oriental, elevando la altura marina entre 30 y 40 centímetros. Actualmente, la temperatura superficial en esa zona registra un aumento de 1,7 °C por encima del promedio histórico. Los satélites con radiómetros de microondas e infrarrojos cartografiaron esta franja de agua cálida, que ocupa millones de kilómetros cuadrados hacia la costa sudamericana.

El calentamiento oceánico también altera el color del mar, un cambio vinculado al fitoplancton. El satélite PACE, lanzado en 2024, detectó que las aguas ecuatoriales se tornan más azules, indicando una menor concentración de estos organismos. El debilitamiento de los vientos reduce el afloramiento de nutrientes, afectando la base de la cadena alimentaria marina.
Matthew Kehrli, investigador del equipo PACE en el Centro de Vuelos Espaciales Goddard, destacó la precisión del monitoreo hiperespectral. “Ver visualmente los resultados con los productos de datos en tiempo real es muy gratificante”, afirmó el científico sobre la capacidad de observar la contracción de las zonas verdes en el Pacífico.

La NASA continuará el seguimiento mediante su flota de sensores y boyas de la NOAA. Según Josh Willis, comprender estos movimientos oceánicos es fundamental, ya que el fenómeno afecta a casi toda la población global. La serie de datos, iniciada en 1993, resulta clave para anticipar las consecuencias climáticas de este evento extremo.

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