Saciedad sensorial específica: ¿por qué siempre tenemos espacio para el postre?
:format(webp):quality(40)/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/galeria/fotos/2022/05/26/l_postre.webp)
Existe una razón biológica por la que podemos sentirnos satisfechos después una gran comida y, aun así, tener espacio para una última porción de algo dulce.
Nuestra capacidad para comer una cantidad ridícula de comida, por ejemplo, en ocasiones festivas, está relacionada con la enorme variedad de alimentos que por lo general se ofrecen en una mesa durante estas épocas: la variedad estimula el apetito.
Este "efecto de la variedad" es una adaptación evolutiva que nos fue muy útil en la época anterior al bufé.
Imagina que tus antepasados se dieran un atracón de carne de búfalo y luego se toparan con una rama de bayas maduras, pero que todos estuvieran demasiado llenos como para comérselas. En ese caso, saltarse el postre significaría perderse una reserva de nutrientes importantes.
El mecanismo que nos permite dejar espacio para el postre se llama saciedad sensorial específica, lo que significa que el cuerpo tiene límites diferentes para alimentos distintos como una manera de ayudar a garantizar una ingesta equilibrada de nutrientes.
La "saciedad sensorial específica" es propia de los seres humanos y beneficia la salud sin saberlo. No es glotonería ni gula, sino una ventaja evolutiva que nos ayuda a vivir mejor. ¿Por qué?

Barbara Rolls, profesora y directora del Laboratorio para el Estudio de la Conducta de Ingesta Humana de la Universidad Estatal de Pensilvania (Estados Unidos), ha estudiado la saciedad sensorial específica desde principios de la década de 1980.
"Es la razón por la que la mayoría de nosotros logramos tener una dieta equilibrada, aunque no tengamos conocimientos nutricionales", afirmó Rolls. "La variedad es nuestra amiga en términos de equilibrio nutricional".
A lo largo de los años, Rolls le ha pedido a muchísimos adultos y niños que se llenen de alimentos salados, como pollo o salchichas. Cuando se les ofrecía una segunda ración, los participantes solían estar demasiado satisfechos como para comer mucho más, pero cuando se les ofrecían galletas o bananas, siempre tenían espacio para otro bocado.
"Es un cambio en la respuesta hedónica a los alimentos que acabas de comer", señala Rolls, refiriéndose al placer que obtenemos al comer. "Si comiste muchos alimentos salados, los dulces pueden resultar más agradables".
Vayamos a la mesa de las fiestas actuales, y empezaremos a entender por qué en esta época del año muchos nos convertimos en máquinas de comer.
Después de llenarnos con unas cuantas rondas de carnes, puré y relleno, lo más probable es que te sientas bastante lleno, pero cuando llega la tarta dulce o el postre de chocolate, tu cerebro percibe un tipo de comida por completo diferente y, de repente, ya estás pidiendo una porción.

No te preocupes: aunque la saciedad sensorial específica te permite seguir comiendo otros alimentos, al final tu cuerpo te pedirá que dejes de comer. Después de ingerir unas 1500 calorías de una sentada, el intestino libera una hormona que provoca náuseas.
En particular, la señal de saciedad tiene una fuerza especial en los niños y disminuye con la edad. En los estudios realizados por Rolls, se les permitió a los niños comer cantidades ilimitadas de caramelos, pero una vez que estaban satisfechos, mostraban una respuesta determinante cuando se les ofrecía más: "Saben horrible… ya no me gustan", contó Rolls. "Nunca habíamos visto una respuesta tan enérgica en participantes adultos".
No obstante, la principal consecuencia de comer un gran banquete es tener que desabrocharse los pantalones. La indigestión y las flatulencias también son riesgos comunes de las grandes comidas.
En determinadas ocasiones, la carga extra de trabajo digestivo puede aumentar por un tiempo el riesgo de sufrir un infarto o problemas de vesícula biliar, por lo que las personas con enfermedades cardiovasculares subyacentes deben tener cuidado de no excederse.

Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión