¡¡¡Quiero Pfizer!!!
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La vacuna de la farmacéutica alemana-estadounidense, de excelencia probada, se ha convertido en una consigna política de la oposición en la Argentina
Walter Palena / Para La Capital
El laboratorio Pfizer quedó en el medio de la irritante grieta política que impera en el país.
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Promediaba el mandato de Mauricio Macri y todos los indicadores económicos y sociales anunciaban la catástrofe del gobierno de Cambiemos. En un estudio de televisión, más precisamente en Animales Sueltos, el actor Alfredo Casero balbuceaba incoherencias en su intento por defender las políticas aplicadas por el entonces presidente. Y en un momento comenzó a gritar: “Quiero flan, quiero flan”. El conductor Alejandro Fantino interrumpió con su latiguillo: “Pará, pará, pará”, y lo animó a que explicara lo que acababa de decir. No fue mucho lo que pudo argumentar, pero más o menos quiso decir esto: los kirchneristas habían dejado su casa incendiada y después de patinarse toda la plata de la fiesta, el tipo (padre de familia) que apenas tenía dos huesos para tirar en la buseca, en vez de hacer un esfuerzo para iniciar la reconstrucción de su casa, exigía que le den el postre y uno bueno: quería flan.
Ese absurdo fue festejado incluso por encumbrados funcionarios de Macri. Y Casero puesto en el Olimpo de los defensores de Cambiemos.
Tres años y medio de aquel episodio (con Macri en el llano y en llamas) un nuevo grito empezó a escucharse a través de los medios y en las redes sociales: “¡Quiero Pfizer!”.
Esa vacuna, de excelencia ultra probada, se transformó en una consigna política. Los dirigentes de Juntos por el Cambio y sus seguidos quieren tenerla.
Culpan al gobierno por no contar el país con esa vacuna y lo acusan por impericia, negligencia o corrupción. Semejante obsesión por ese inoculante alemán-estadounidense fue abonada por un lobby periodístico, casi cotidiano, y a veces con ribetes demenciales.
A finales de marzo, en el título principal de la web de La Nación, el periodista Hugo Alconada Mon escribió que Uruguay aprovechó las 14 millones de dosis de Pfizer que la Argentina rechazó.
Al entrar en la noticia, en los detalles y en las declaraciones, el contenido desmiente el título. Caso raro y único, digno de ser analizado en las carreras de Comunicación Social. Si fuera verdad lo que aseveraba Alcanoda Mon,
Uruguay debería contar con dosis para vacunar cuatro o cinco veces a su población total. Pero está inmunizando en su mayoría con la Sinovac China, como hacen también Brasil y Chile.
A pesar del malintencionado título de la nota de Alconada Mon, aún hoy muchos seguidores de la oposición y la propia presidenta del PRO, Patricia Bullrich, siguen insistiendo con que el país desaprovechó 14 millones de dosis de Pfizer.
Los estrategas de comunicación política ya están al tanto, y hace rato, que una gran parte de la población entra a los sitios de noticias y solo miran el título, a lo sumo la bajada. Bullrich, curtida en mil batallas de su multipartidaria carrera política, lo sabe perfectamente. No importa argumentar, hay que elegir dos o tres consignas y repetirla hasta el hartazgo. Hay que darle a la gente lo que la gente, nuestra gente, quiere escuchar. Y hoy quiere Pfizer.
Ojala venga esa vacuna y tantas otras que ya están aprobadas, y también las que están en Fase 3. Rechazar o ponderar una vacuna por su país de procedencia es ideologizar un drama sanitario. La situación merece otra cosa que la politiquería barata.

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