Quién recibe primero el Año Nuevo y quién lo celebra último: así funciona el reloj del mundo
La división del planeta en husos horarios y la Línea Internacional de Cambio de Fecha explican por qué el 1° de enero no llega al mismo tiempo a todos los países
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El Año Nuevo no comienza de manera simultánea en todo el planeta. Mientras en algunos puntos ya se brinda por la llegada del 1° de enero, en otros todavía transcurren las últimas horas del 31 de diciembre. Esta diferencia, que puede alcanzar casi 24 horas, está determinada por la organización del tiempo a escala global, basada en los husos horarios y en la Línea Internacional de Cambio de Fecha.
La Tierra está dividida en 24 husos horarios, definidos a partir de su rotación sobre su eje. Cada uno establece la hora oficial de una región y, en consecuencia, el momento en que cambia el día en el calendario.
El primer lugar del mundo en recibir el Año Nuevo
El Año Nuevo comienza oficialmente en el océano Pacífico. El territorio habitado que primero recibe el 1° de enero es Kiritimati, también conocida como Isla Navidad, perteneciente a Kiribati.
Kiritimati se rige por el huso horario UTC +14, el más adelantado del mundo. Por esta razón, cuando allí comienza el nuevo año, en gran parte de América todavía es la mañana o la tarde del 31 de diciembre.
Esta situación no es casual: en la década de 1990, Kiribati decidió modificar su huso horario para unificar la fecha en todo su territorio nacional, lo que la ubicó entre los primeros lugares del planeta en celebrar cada Año Nuevo.
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Cómo avanza la medianoche por el planeta
Desde el Pacífico central, la llegada del Año Nuevo avanza de este a oeste. Tras Kiribati, la medianoche alcanza a otros países de Oceanía, luego a Asia, Europa y África, y finalmente a América.
Este recorrido se extiende durante casi un día completo, transformando al Año Nuevo en un evento global que se repite de manera escalonada en distintos puntos del mundo.
La Línea Internacional de Cambio de Fecha
La diferencia horaria se explica por la Línea Internacional de Cambio de Fecha, una línea imaginaria que atraviesa el océano Pacífico y marca el límite entre dos días consecutivos del calendario.
Al cruzarla hacia el oeste, la fecha se adelanta un día. En cambio, al cruzarla hacia el este, se retrocede al día anterior. Por este motivo, territorios geográficamente cercanos pueden estar viviendo fechas distintas al mismo tiempo.
El trazado de esta línea no es recto, ya que se adapta a fronteras políticas y decisiones administrativas de los países.
Los últimos en celebrar el Año Nuevo
En el extremo opuesto del planeta se encuentran las islas Baker y Howland, territorios no habitados bajo administración de Estados Unidos, que utilizan el huso horario UTC -12. Al no tener población permanente, no registran festejos.
Entre los territorios habitados, uno de los últimos en recibir el Año Nuevo es Samoa Americana, ubicada en el huso UTC -11. Allí, la medianoche llega casi 24 horas después de que el Año Nuevo haya comenzado en Kiribati.
Cada 31 de diciembre, el planeta vuelve a mostrar cómo la geografía, la rotación terrestre y los acuerdos internacionales influyen en algo tan cotidiano como el momento exacto en que empieza un nuevo año.

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