Jugadores anónimos: “el único requisito es tener el deseo de dejar de jugar, aunque no pueda"
Jorge C., integrante del comité de información de Jugadores Anónimos en Rosario, explicó cómo funciona la organización y dónde buscar ayuda ante el juego compulsivo.
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El juego compulsivo es una problemática silenciosa que afecta a miles de personas y sus familias. Para quienes atraviesan esta situación, Jugadores Anónimos ofrece un espacio de contención y recuperación. Así lo explicó Jorge C., integrante del comité de información de Rosario, que abarca Santa Fe y Entre Ríos.
“Esa es la función de Jugadores Anónimos. Tenemos grupos armados en todo el país y recibimos a aquel que sufre o aquel que recae. Estamos para cumplir esa función”, señaló.
Un espacio de contención y comprensión
Jorge habló desde su experiencia personal. “Hace nueve años, un mes y 29 días que no juego. Me recibieron, me contuvieron, me escucharon. Por primera vez en mi vida tuve el mismo idioma con la gente del grupo, porque hablábamos lo mismo, todos teníamos el mismo problema”, contó.
Aclaró además que la organización no está en contra del juego en sí. “No estamos contra el juego. Hay gente que puede jugar socialmente y no le hace nada. La diferencia es que yo soy un adicto”.
La adicción más allá del juego
En su testimonio, explicó que el problema no era únicamente apostar, sino la incapacidad de frenar. “Yo tengo un trastorno del control de mis emociones. No freno. Ganaba o perdía y seguía. Si perdía, iba al cajero, iba a mi casa a buscar dinero, pedía adelantos a clientes para ir a jugar. Esa es la locura: no tener límites”, describió.
También reconoció que, al dejar el juego, la adicción buscó otros caminos. “Empecé a tomar. Hace ocho años, un mes y 18 días que no tomo una gota de alcohol. Después se me fue para las compras compulsivas, para el trabajo compulsivo, para las redes sociales. Yo no tengo redes porque soy un adicto”, afirmó.
Cuándo pedir ayuda
Según explicó, el punto de quiebre suele llegar cuando la vida comienza a desordenarse por completo. “Cuando ya me importa lo mismo la reunión del domingo con la familia porque me quiero ir a jugar. Se empieza a ver el descontrol. Pero cuesta muchísimo darse cuenta porque uno entra en una vorágine tan intensa que no razona”, sostuvo.
En ese contexto, remarcó que el primer paso es personal. “Hay una sola persona que puede detener esa locura y es uno”.
Cómo contactarse
Jugadores Anónimos funciona en todo el país con grupos presenciales y canales de contacto virtuales. “Hay que buscar directamente Jugadores Anónimos. Sale el número telefónico. Están en Instagram, en Facebook, en todos lados”, explicó.
El requisito para participar es simple pero profundo. “El único requisito es tener el deseo de dejar de jugar, aunque siga jugando. Porque uno quiere dejar, pero no puede. Esa cosa de no poder parar es justamente una enfermedad”, concluyó.

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