Inteligencia tecnológica: la nueva carrera global que puede definir el futuro de la Argentina
El investigador Marcelo Grabois sostuvo que la competencia internacional ya no depende solamente del acceso a recursos naturales, sino también de la capacidad de transformar información en conocimiento, innovación y decisiones estratégicas. El desafío, planteó, es combinar inteligencia artificial, ciencia, propiedad intelectual y gestión profesional.
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En un escenario caracterizado por una disponibilidad de información sin precedentes, la capacidad de distinguir datos relevantes, validarlos y convertirlos en conocimiento útil comienza a ocupar un lugar estratégico en la competencia internacional.
Así lo planteó Marcelo Grabois, profesor investigador de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y experto del comité técnico internacional ISO en normas vinculadas con sistemas de gestión de la innovación.
Según su análisis, durante buena parte del último siglo la geopolítica estuvo condicionada por el control del petróleo, los minerales y las materias primas. Sin embargo, aunque esos recursos continúan siendo fundamentales, actualmente gana protagonismo otra capacidad: detectar información valiosa y utilizarla para decidir qué tecnologías desarrollar, proteger y llevar al mercado.
A ese proceso lo define como inteligencia tecnológica.
El conocimiento como generador de divisas
Grabois destacó que Argentina cuenta con capacidades importantes para ingresar en esa competencia. Como ejemplo señaló que, durante 2025, las exportaciones de servicios vinculados con la economía del conocimiento alcanzaron los US$ 9.600 millones, convirtiendo al sector en el tercer complejo exportador del país, según los datos citados en su columna.
Para el especialista, esos números demuestran que el conocimiento ya puede generar divisas, empleo calificado y oportunidades de inserción internacional.

Sin embargo, planteó un interrogante central: si Argentina será capaz de desarrollar y controlar sus propias tecnologías o terminará dependiendo de soluciones creadas en función de necesidades e intereses externos.
El papel de la inteligencia artificial
La expansión de la inteligencia artificial vuelve todavía más relevante esta discusión.
Estas herramientas tienen capacidad para procesar enormes volúmenes de datos, encontrar patrones y resolver en minutos determinadas tareas que anteriormente requerían semanas de trabajo. Pero, para Grabois, generar más respuestas no necesariamente significa comprender mejor los problemas.
Por eso, señaló que sigue siendo necesaria la intervención humana para formular preguntas, identificar necesidades concretas, evaluar consecuencias y tomar decisiones.
La inteligencia tecnológica busca justamente ordenar ese proceso mediante la identificación de fuentes confiables, el análisis de artículos científicos, patentes, normas, mercados y regulaciones, combinado con información proveniente de personas, organizaciones y comunidades involucradas en cada problema.
Innovar exige comprender antes de decidir
Según el investigador, una estrategia consistente necesita responder tres preguntas fundamentales: para qué existe una organización, qué futuro pretende construir y qué escenario deberá atravesar para conseguirlo.
Desde esta perspectiva, las empresas y organizaciones ya no pueden analizar solamente variables económicas. También deben observar cambios sociales, ambientales, tecnológicos y culturales.
Grabois consideró que las nuevas generaciones prestan cada vez mayor atención a cómo se produce, qué impacto ambiental genera una actividad y qué problemas sociales ayuda a resolver.
La inteligencia tecnológica permitiría reconocer esas transformaciones anticipadamente y convertirlas en oportunidades de innovación.
Propiedad intelectual y protección de las ideas
Otro componente central es la propiedad intelectual.
Patentes, marcas, diseños, variedades vegetales y secretos empresariales pueden transformar una innovación en un activo capaz de atraer inversiones, generar negocios o expandirse internacionalmente.
Para el especialista, desarrollar una tecnología sin contar con una estrategia para protegerla puede provocar que parte importante del valor creado termine siendo aprovechado por terceros.
La inteligencia tecnológica permite, en ese sentido, evaluar qué conviene proteger, en qué mercados, en qué momento y con qué objetivo.
Ciencia, innovación y planificación
Grabois sostuvo además que la ciencia básica y la investigación aplicada requieren enfoques diferentes pero complementarios.
Mientras la primera necesita libertad para ampliar las fronteras del conocimiento, la segunda requiere además prioridades, recursos, gestión profesional y vinculación con problemas productivos, sociales y ambientales.
En este terreno destacó la existencia de normas internacionales de la familia IRAM/ISO 56000, orientadas a profesionalizar los sistemas de gestión de la innovación y disminuir la incertidumbre durante esos procesos.
Según planteó, estos instrumentos no buscan reemplazar la creatividad o la intuición, sino acompañarlas mediante evidencia, aprendizaje y metodología.
Una herramienta también para la gestión pública
El concepto no queda limitado al sector privado. Grabois consideró que los gobiernos también pueden utilizar inteligencia estratégica para comprender mejor sus territorios, escuchar actores diversos, analizar escenarios y tomar decisiones en contextos de incertidumbre.
En ese sentido, destacó la utilidad de las mesas de diálogo y los espacios de construcción colectiva para incorporar información que muchas veces no aparece reflejada en estadísticas: experiencias, expectativas, conflictos, preocupaciones y conocimientos distribuidos dentro de una comunidad.
Para el investigador, el escenario global presenta una paradoja: hay más datos disponibles que nunca, pero comprenderlos y transformarlos en decisiones continúa siendo una tarea compleja.
En esa carrera, la inteligencia artificial puede acelerar el procesamiento de información, aunque sostuvo que el propósito, el criterio y la responsabilidad sobre las decisiones siguen perteneciendo a las personas.
El desafío para Argentina, concluyó, será conectar sus capacidades científicas, empresariales e institucionales, profesionalizar la gestión de la innovación y proteger las tecnologías desarrolladas localmente para convertirlas en producción, desarrollo sustentable y oportunidades económicas.

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