"Iba patinando en la sangre y en los jugos de las ampollas reventadas", el testimonio de un sobreviviente de la Masacre del Pabellón Séptimo
:format(webp):quality(40)/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/galeria/fotos/2021/03/14/l_Hugo-Cardozo-sobreviviente-masacre-pabellon-de-Devoto-9.jpg)
Cuarenta y tres años después, Hugo Ricardo Cardozo relató en Radio Rafaela, el recuerdo del día que creyó haber muerto en medio de un infierno de balas, gritos, humo y llamas.
Fue en el pabellón Séptimo de la cárcel de Devoto. Las imágenes, los sonidos y los olores de la mañana del 14 de marzo de 1978 le vuelven como flashes y se recargan de dolores y emociones que nunca han dejado de acosarlo.
Cardozo explicó que insólitamente se lo llamó el motín de los colchones, como si “si los colchones se hubieren amotinado”. El nombre con el que se lo conoció oficialmente buscaba invertir las responsabilidades de lo sucedido. “Te puedo asegurar que, en esa época en plena dictadura militar, hacer un motín era como meter la cabeza debajo de un camión. Era la única forma de garantizarse la impunidad que era habitual de ella”.
Medio ridículo el título que le pusieron oficialmente, muy cargado de una forma cómica, como queriendo decir a estos negritos los matamos por los colchones.
El relato
En el pabellón 7 había 161 presos. Pero las camas alcanzaban para 70, el resto dormía en colchones sobre el piso. La noche del lunes 13 de marzo, uno de los presos viejos más respetados del pabellón, Jorge Pato Tolosa, había elegido ver precisamente la película del 13, El cañonero de Yang Tsé, protagonizada por Steve Mc Queen. El film duraba 182 minutos, por lo que el programa la había dividido en dos entregas. Esa primera entrega debía terminar a medianoche, el momento justo en que los presos debían apagar el televisor.
“Nos cambia la guardia, notamos que ese cambio era raro. A los 10 minutos, que estaba ese guardia, ordena apagar el televisor para dar una lista de los compañeros que iban a ir al otro día a los tribunales, cosa que ocurría habitualmente, pero no pedían que se apagué el televisor, simplemente se bajaba el volumen y pasaban la lista”, detalló Cardozo.
"UNA EXPLOSIÓN Y LOS COLCHONES SE PRENDEN FUEGO Y NOS QUEMAMOS VIVO", CANTA EL INDIO SOLARI HACIENDO REFERENCIA A LA MASACRE.
Según lo que relató, ahí empezó el intercambio de palabras entre un interno y el guardia. “El pájaro Tolosa toma la palabra en nombre nuestro y pide que se deje de embromar. Este efectivo sigue insistiendo en que la apaguen y como no le dieron bolilla dijo que ‘ya van a ver los que le va pasar’ ”.
Fue así que a las 3 de la mañana, cuando todos los reclusos descansaban, se siente que abren la puerta de entrada del pabellón. Una patota de entre 6 y 7 personas del personal policial había ingresado e intentaban persuadir a Tolosa a que saliera de la celda. Él preso se negó a salir. Aquella noche, Cardozo escuchó algo que aún le retumban en los oídos y la mente: “A sí, mañana van a ver”
“Jamás me imaginé que ese mañana vas a ver iba a ser el infierno posterior que vivimos, sufrimos, padecimos y que muchos compañeros murieron de la peor manera”.
El comienzo de la pesadilla
Poco después de las ocho de la mañana del martes 14 de marzo, cuando faltaban apenas 78 días para el inicio del Mundial 78 y la dictadura quería mostrarlo como vidriera de paz y concordia, llegó la respuesta. Unos sesenta agentes penitenciarios, armados con palos, entraron al pabellón para hacer una requisa.
Los presos se dieron cuenta rápidamente de que no se trataba de una requisa común: los penitenciarios eran demasiados, gritaban y repartían palazos.
[{adj:136957 aligncenter}]
De modo desordenado, los reclusos intentaron resistir: a modo de barricada, amontonaron camas en medio del pabellón y les tiraron lo que tenían a mano.
Los penitenciarios retrocedieron disparando gases lacrimógenos. Luego, cerraron las rejas. La mayoría de los presos se refugió en el fondo del pabellón para escapar del efecto de los gases.
:format(webp):quality(40)/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/galeria/fotos/2021/03/14/l_masacre-pabellon-septimo-de-devoto-2.jpg)
Primero hubo disparos con pistolas lanzagases. Dentro de un pabellón sobrepoblado y con poca ventilación, se desató la locura y la desesperación. Algunos trataban de tomar los cartuchos y taparlos, para que no saliera el gas. Otros comenzaron a poner colchones entre los espacios que dejaban los barrotes, para que no ingresaran las bombas Además de los gases, comenzaron los disparos de armas de fuego, tanto con ráfagas como tiro a tiro. La desesperación aumentó por el efecto de los gases y porque había calentadores prendidos. Y comenzaron a prenderse fuego los colchones.
Murieron quemados, asfixiados, baleados, golpeados
“Me estaba asfixiando, el calor me sacaba ampollas en la piel, sentí que ya no tenía aire. Salté dos veces a las ventanas tratando de respirar pero recibí una lluvia de balas. Disparaban desde un helicóptero que estaba entre los dos patios y también desde el otro del perímetro que daba sobre la calle Bermúdez. En ese momento, cuando ya no tenés salida, que no tenés agua, que te estás quemando, dejás de sentir miedo, te supera el dolor, te supera la desesperación y lo único que querés es que termine”.
:format(webp):quality(40)/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/galeria/fotos/2021/03/14/l_masacre-pabellon-septimo-de-devoto-3.jpg)
Dice que no aguantó más, que se envolvió la cabeza con un toallón y se tiró boca abajo. A la espera de la muerte. Vio una luz, sintió paz. Habían pasado menos de media hora desde la llegada de la requisa.
Desmayado sobre el piso del Pabellón Séptimo, Hugo Cardozo no supo entonces que el fuego siguió arrasando todo a su paso, que las autoridades del Penal impidieron la entrada de los bomberos para combatirlo, que las rejas quedaron cerradas a cal y canto, que las ametralladoras continuaron disparando y que a su alrededor había cadáveres achicharrados.
“Me despierto en el mismo pabellón, casi no podía respirar, había penumbras, se habían consumido las llamas, se veían las camas al rojo vivo, se escuchaban alaridos. Me incorporé como pude, vi pilas de cuerpos unos arriba de los otros. Era una imagen de película… Ya no sentías dolor por la gente, ni siquiera sentías dolor por vos. Te manejabas como un zombie. Lo único que quería era agua”, dijo.
:format(webp):quality(40)/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/galeria/fotos/2021/03/14/l_Masacre-Pabellon-Septimo-2.jpg)
A mucho lo reventaron a palazos en una corrida sin fin de 150 metros desde el pabellon a los calabozos de castigos porque ibamos en medio de un tunel del servicio y de otras fuerzas que tenían de todos en las manos para golpear desde candados, cadenas, garrotes. A medida que ibamos pasando corriendo, ibamos sufriendo golpes.
En ese estado levanté del piso una frazada que no se había quemado y agarré los fierros al rojo vivo. Empecé a tirar para acá y para allá, tratando de abrir una brecha. Otros hacían lo mismo… Vi a un compañero, lo reconocí por la ropa, tirado abajo de la cama, me pareció desmayado. Agarré su brazo para sacarlo de ahí, pero cuando tiré me quedé con el brazo en la mano.
En mi caso las ampollas que yo tenía en la espalda en las manos por las quemaduras me la reventaron a golpes. Yo mismo que me iba patinando en ese pasillo en la sangre y en los jugos de las ampollas reventadas por las quemaduras de otros compañeros que habían.
A los garrotazos y un calabozo fatal
Los penitenciarios ordenaron que salieran de a tres, cara al piso, manos detrás de la cabeza. Cardozo intuyó que los querían matar y se refugió en el fondo del baño. Otros, en cambio, se desesperaron por salir. Cardozo escuchó corridas, insultos, golpes y gritos.
:format(webp):quality(40)/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/galeria/fotos/2021/03/14/l_Masacre-Pabellon-Septimo-8.jpg)
“A mucho lo reventaron a palazos en una corrida sin fin de 150 metros desde el pabellón a los calabozos de castigos porque íbamos en medio de un túnel del servicio y de otras fuerzas que tenían de todo en las manos para golpear, desde candados, cadenas, garrotes”.
“En mi caso las ampollas que yo tenía en las espaldas en las manos por las quemaduras me la reventaron a golpes. Yo mismo que me iba patinando en ese pasillo en la sangre y en los jugos de las ampollas reventadas por las quemaduras de otros compañeros”, dijo en Radio Rafaela.
Me quedaron como flashes: yo iba mirando al piso, picando, cuidándome que los golpes no fueran en la cabeza… y veía cuerpos caídos a los costados, seguro de algunos que recibieron golpes en la cabeza y ahí quedaron. Las ampollas que tenía me las reventaron a golpes, las de la espalda, las de las manos. Al final me zambulleron en un calabozo —dice, y como paradoja el calabozo tan odiado resultó un sitio más seguro
:format(webp):quality(40)/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/galeria/fotos/2021/03/14/l_horror-duras-imagenes-y-la-tapa-de-cronica-con-la-foto-de-jorge-hernandez-garcia-que-esta-desaparecido-motin-devoto.jpg-g1.jpg)
En la celda había tres presos más. Dos saltaban pidiendo ayuda a Dios, llamaban a sus madres. El otro estaba tirado en el piso. Era un hombre mayor, de unos 60 años, de apellido García.
A García lo cargaban por mugriento, solo tenía dos camisas lavilisto, una blanca y la otra celeste. Estaba jadeando boca arriba, la camisa no se sabía de qué color era, estaba mezclada con los colgajos de piel…
—Se abrió la puerta y arrojaron un balde de metal con agua y un jarro. Agarré el jarro y sentí algo del piso. Era el Gallego, me imaginé que pedía agua así que me arrodillé… Ese fue el único acto humano que tuve, creo, aunque fue un acto reflejo. Lo agarré de la nuca, le mandé el jarro de agua y la panza se le rajó como un cartón. Se ve que no estaba quemado, estaba cocinado, entonces al mandarle el jarro de agua, bueno… Lo dejé y me serví agua yo. Esa era la situación, no éramos personas.
:format(webp):quality(40)/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/galeria/fotos/2021/03/14/l_masacre-pabellon-septimo-de-devoto-4.jpg)
No sabe cuánto tiempo estuvo en el calabozo con el cadáver del Gallego. Cardozo cree recordar que él no gritaba, se había entregado a la muerte. De repente, desde el pasillo se escucharon otras voces.
—¡¿Qué hicieron, animales; qué hicieron, hijos de puta?!
Pensó que era el final. Sin embargo, se abrió la puerta y vio gente con guardapolvo blanco.
Hospital, interrogatorio y después le pusieron unas gasas con un líquido amarillo y lo subieron a una ambulancia. Fue a parar al Hospital Salaberry con otro preso. Tenía la pierna izquierda quemada, la cabeza golpeada y ampollada, las manos inútiles por las quemaduras, respiraba con dificultad y por la boca le salía un líquido negro.
[{adj:136961 aligncenter}]
Las curaciones fueron otra tortura.
—Me tenían que sacar toda la piel y la carne quemada. Mordí un rollo de gasa, me agarraron entre dos, me rasquetearon como si fuera una pared, hasta que brotó la sangre de cada poro. Eso me volví a la realidad. Me sacaban la carne quemada para que no me infectara.
A los tres días fueron a tomarle declaración. Antes de empezar, el escribiente le advirtió:
—Fíjese bien en lo que dice, porque usted tiene que volver a la cárcel.
Por las dudas, dos tipos del tamaño de un ropero ladeaban al escribiente.
—No me acuerdo —respondía mecánicamente a cada pregunta. Y durante treinta años no dijo más.
Estuvo cuarenta días internado en el Salaberry y después lo trasladaron al hospital de la cárcel de Devoto. Terminó el Mundial 78 y Cardozo seguía internado. A principio de agosto, ya casi recuperado, lo trasladaron a la cárcel de Olmos.
—Me llevaron en el camión seis tipos de Devoto. Cuando llegamos, uno les dijo a los penitenciarios de ahí: "Este es uno de los amotinados de Devoto". Me hicieron pasar por un corredor de ingreso muy estrecho, donde me pegaron con palos los de Devoto, para despedirme, y los de Olmos, como recepción. Ahí perdí un testículo —dice.
Uno de los golpes le impactó de lleno en el testículo izquierdo, pero como lo metieron en un calabozo de castigo no tuvo atención médica durante dos meses. Apenas si le dieron dos pastillas en todo ese tiempo.
:format(webp):quality(40)/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/galeria/fotos/2021/03/14/l_masacre-pabellon-septimo-de-devoto-6.jpg)
—El testículo se me hinchó de tal manera que no podía soportar los calzoncillos —explica —y al final lo perdí… Para decirlo como se suele decir, en Olmos me rompieron un huevo —grafica con alguna dosis de ironía.
Cuando lo llevaron a un pabellón, volvió a reconocer lo que era la solidaridad.
—Estaba hecho una piltrafa y cada vez que entraba la requisa, revivía la pesadilla del Pabellón Séptimo, veía las llamas, sentía el olor a carne quemada, no podía respirar bien.
Salió en libertad dos años después, con el oficio de oficial zapatero. Se casó, tuvo dos hijos, consiguió trabajo en el Ministerio de Acción Social de la Provincia de Buenos Aires, se separó, y volvió a casarse. Nunca volvió a cometer un delito, pero vivió encerrado en un silencio que lo torturó día tras día durante treinta años. Ni siquiera sus sucesivas esposas sabían lo que había pasado.
El verdadero motivo de la masacre
En aquel entonces en el penal de Devoto había aproximadamente unas 1000 presas políticas de la dictadura militar encabezada por Videla. En 1978 la Cruz Roja Argentina se preparaba para visitar el país a raíz de las denuncias de tortura y asesinato que sucedían en el país. “Para dar el ejemplo, nos masacraron para que ellas después no alzaran la voz reclamando nada, que lo único que reclamaban eran mejores condiciones de vida y tratamiento digno como ser humano. Fuimos el chivo expiatorio”.
En el momento que sucedía la masacre, a las presas políticas, les decían: "Sigan jodiendo ustedes que le va pasar lo mismo que a estos negritos que estamos cocinando".
Cómo está la causa hoy
“Hoy podemos decir que hay 4 responsables a la espera de juicio oral, nosotros estamos esperando que se inicié después de 43 años. La justicia es muy especial aquí Comodoro ‘Pro’ es muy especial, muy política y la mayor anti derechos humanos. Entonces, la causa arriba de una tortuga cuando otras van en un auto de carrera. Hemos logar hacer encarcelar a 4 responsables que están esperando el juicio oral”.
:format(webp):quality(40)/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/galeria/fotos/2021/03/14/l_Masacre-Pabellon-Septimo-7.jpg)
Tanto la gorra como la remera blanca que llevaba puesta en la nota con Radio Rafaela, tienen impreso el logo que Rocambole –el mítico ilustrador de las portadas de los discos de los Redondos– hizo y donó para apoyar la lucha de los sobrevivientes y para que el recuerdo de la masacre no se borrara nunca más.
La nota fue realizada a partir de otra hecha en Infobaé y del testimonio de Cardozo en Radio Rafaela
El testimonio en RADIO RAFAELA

Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión