El gran dilema resuelto: ¿qué gasta más, la freidora de aire o el horno?
Un estudio energético revela que la freidora de aire es más eficiente para porciones pequeñas, aunque los hornos modernos también redujeron su consumo gracias a nuevas tecnologías.
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En tiempos de tarifas eléctricas en alza, hasta cocinar se convierte en una decisión estratégica. Entre el auge de las freidoras de aire y los clásicos hornos eléctricos, surge una pregunta clave: ¿cuál de los dos consume más energía?
Aunque ambos funcionan con aire caliente, lo hacen de manera diferente. La freidora de aire —según explicó la empresa energética Endesa al medio Xataka— actúa como un horno compacto: concentra el aire caliente a gran velocidad en un espacio reducido, logrando una cocción rápida y pareja. En cambio, el horno tradicional debe calentar un volumen mucho mayor y sostener la temperatura durante más tiempo, lo que implica mayor demanda eléctrica.
Comparación de consumo
De acuerdo con los datos comparativos de Xataka, una freidora de aire promedio tiene una potencia de entre 1.000 y 1.800 vatios, con un consumo de 0,8 a 1,5 kWh por hora de uso, dependiendo del modelo y del tipo de preparación.
Un horno eléctrico convencional, en cambio, alcanza potencias entre 2.000 y 5.000 vatios y un consumo de 1 a 1,5 kWh por uso, aunque ese valor puede aumentar en cocciones prolongadas o a altas temperaturas.
La conclusión es clara: para porciones pequeñas o cocciones rápidas, la freidora de aire es más eficiente. Pero si se aprovecha la capacidad completa del horno —por ejemplo, cocinando varios platos a la vez—, la diferencia se reduce considerablemente.
El tamaño sí importa
El secreto de la freidora radica en su compartimento compacto, que concentra el calor y reduce fugas térmicas. Al alcanzar 200 °C en pocos minutos, acorta los tiempos de cocción y disminuye el gasto energético.
Sin embargo, los hornos modernos de clase energética A o B también avanzaron: los modelos con convección y ventilador interno logran reducir el consumo hasta un 60% respecto de los antiguos, según datos de Naturgy.
Cómo optimizar el consumo
Los especialistas señalan que la eficiencia no depende solo del aparato, sino también de los hábitos de uso:
- No abrir el horno durante la cocción.
- Aprovechar el calor residual para recalentar otros platos.
- Planificar varias recetas en una misma sesión.
Estos gestos pueden ahorrar hasta un 30% anual de energía.
Por su parte, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) recomienda usar los electrodomésticos en horarios de menor demanda y desenchufar los equipos que no se usan, para evitar el “consumo fantasma”.

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