Día Mundial de las Abejas: por qué el futuro de nuestra alimentación depende de proteger su zumbido
Este 20 de mayo se conmemora la fecha global dedicada a los polinizadores. En un escenario crítico por el cambio climático y el uso de pesticidas, la ONU advierte que el 40% de los nutrientes que consume la humanidad están en riesgo si continúa el declive de estos insectos.
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El calendario ambiental marca este 20 de mayo como el Día Mundial de las Abejas 2026, una jornada que trasciende la mera celebración para convertirse en un urgente llamado a la acción. Instaurada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la efeméride pone el foco este año en una realidad alarmante: la progresiva desaparición de estos insectos no solo amenaza la biodiversidad, sino que pone en jaque la seguridad alimentaria global y la economía de las regiones agrícolas.
Bajo el lema “Juntos con las abejas, por las personas y el planeta, una asociación que nos sostiene a todos”, la campaña de este año busca visibilizar la estrecha e histórica relación que une a los seres humanos con los polinizadores, elementos clave para la resiliencia de los ecosistemas frente a la crisis climática.
El origen de la efeméride: un homenaje a la apicultura moderna
La declaración de este día internacional tiene raíces históricas muy precisas. Fue impulsada oficialmente por la Asamblea General de la ONU en 2017, tras una iniciativa presentada por el Gobierno de Eslovenia y respaldada firmemente por Apimondia, la Federación Internacional de Asociaciones de Apicultura.
La elección del 20 de mayo coincide con el natalicio de Anton Janša, un pionero esloveno nacido en el siglo XVIII que revolucionó la apicultura con el diseño de colmenas modernas y técnicas avanzadas de manejo. Eslovenia, un país con una profunda tradición apícola en su matriz rural, lideró el proyecto para recordar que el cuidado de estos insectos es una herencia cultural y una necesidad biológica.

Mucho más que miel: un pilar de la nutrición humana
Si bien el imaginario colectivo asocia inmediatamente a la abeja con la producción de miel, cera y propóleo, su función más determinante para la vida es la polinización. Sin este trabajo silencioso, la base nutricional de la población mundial se desmoronaría.
Según los datos técnicos provistos en la jornada, aproximadamente el 40% de los nutrientes que consume la humanidad provienen directamente de cultivos que requieren de la polinización por insectos. La cifra es aún más contundente cuando se analiza la salud pública: cerca del 90% de la vitamina C disponible a nivel mundial se genera en plantas que dependen de los polinizadores para su reproducción. Su escasez impactaría de lleno en la salud colectiva y profundizaría la vulnerabilidad alimentaria en los países en desarrollo.
Factores humanos detrás de una desaparición acelerada
Los científicos y organismos internacionales advierten que el declive de las poblaciones de abejas no es un proceso natural, sino una consecuencia directa de prácticas humanas insostenibles y modelos agrícolas basados en el rendimiento inmediato.
Las principales amenazas globales identificadas son:
- El empleo masivo de pesticidas, insecticidas y agroquímicos altamente tóxicos.
- La deforestación, degradación y fragmentación de los hábitats naturales.
- La expansión desmedida de monocultivos y la agricultura industrial intensiva.
- El avance de especies exóticas invasoras (como el avispón asiático) y nuevas patologías.
- Los efectos del cambio climático, que alteran la floración de las plantas y reducen las fuentes de agua dulce.

Sinergias para un futuro agrícola sostenible
La ONU destaca que revertir esta tendencia requiere un cambio estructural en las formas de producción. En este 2026, la conmemoración del Día Mundial de las Abejas se ha entrelazado estratégicamente con otras dos iniciativas de las Naciones Unidas: el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores y el Año Internacional de la Agricultora.
Esta vinculación busca destacar el rol fundamental de las mujeres rurales, los pastores y los jóvenes apicultores locales. La combinación de los saberes tradicionales con prácticas ecológicas modernas es, según los expertos, la única vía sólida para garantizar la preservación de la biodiversidad, potenciar la economía rural y asegurar que los sistemas alimentarios del mañana sigan contando con el vital zumbido de las abejas.
El Litoral

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