Contar baldosas o escalones en la infancia podría ayudar a entrenar la atención
Especialistas señalan que este hábito común entre muchos chicos funciona como un pequeño ejercicio de concentración, memoria de trabajo y control de impulsos.
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Contar baldosas, escalones, postes de luz o cualquier objeto repetido en el camino fue durante años una costumbre habitual entre muchos chicos. Mientras esperaban el colectivo, caminaban a la escuela o subían una escalera larga, ese juego espontáneo servía para entretenerse y pasar el tiempo.
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Aunque parecía una simple distracción infantil, especialistas en desarrollo cognitivo señalan que ese tipo de hábitos podría haber contribuido a fortalecer una habilidad cada vez más valiosa: la capacidad de mantener la atención durante períodos prolongados.
Cuando una persona concentra su atención en una secuencia repetitiva, el cerebro deja temporalmente de enfocarse en otros estímulos del entorno.
Ese pequeño ejercicio ayuda a sostener el foco, reducir distracciones y organizar la atención en torno a una tarea concreta.
En el caso de los chicos, contar elementos del paisaje urbano puede convertirse en una forma natural de entrenar la atención sostenida, sin que exista una consigna externa ni una presión de rendimiento.
Una práctica parecida al mindfulness
Especialistas en neuropsicología encuentran puntos en común entre este comportamiento infantil y algunas prácticas actuales de atención plena o mindfulness.
En ambos casos, la propuesta consiste en dirigir voluntariamente la atención hacia un único estímulo del presente para reducir la dispersión mental.
Mientras que en el mindfulness muchas veces se utiliza la respiración como referencia, algunos chicos lo hacían de manera espontánea contando baldosas, escalones, farolas o autos durante un recorrido.
El objetivo era simplemente entretenerse, pero el mecanismo mental resultaba similar: elegir un estímulo, seguirlo y sostener la concentración.
Memoria de trabajo y control de impulsos
Estos pequeños desafíos cotidianos también pueden estimular la memoria de trabajo, una capacidad que permite retener información durante algunos segundos y usarla para completar una tarea.
Por ejemplo, al contar una secuencia larga de escalones o baldosas, el niño debe recordar el número anterior, continuar el orden y evitar perderse ante estímulos externos.
También se pone en juego el control de impulsos, porque la mente debe resistir la tentación de abandonar la tarea ante ruidos, personas, conversaciones o movimientos del entorno.
Estas habilidades son importantes para el aprendizaje, la resolución de problemas y la organización de la conducta.
No vuelve más inteligente, pero puede ayudar
De todos modos, los especialistas aclaran que contar baldosas o escalones no vuelve por sí solo más inteligente a una persona ni garantiza un mejor rendimiento cognitivo.
Lo que sí puede representar es una forma simple, cotidiana y espontánea de ejercitar la concentración desde la infancia.
El valor de este tipo de prácticas está en que surgen como juego, sin exigencias ni imposiciones, y permiten que el niño explore su entorno mientras entrena habilidades mentales básicas.
Un hábito cotidiano con otro significado
Mirado desde hoy, ese gesto de contar objetos repetidos en el camino puede entenderse como algo más que una costumbre curiosa.
Para muchos chicos, fue una manera de ordenar el recorrido, calmar la ansiedad de la espera o transformar un trayecto aburrido en un pequeño desafío personal.
En tiempos de pantallas, estímulos constantes y dificultades para sostener la atención, estos hábitos simples recuerdan que la concentración también puede entrenarse en escenas cotidianas: una vereda, una escalera, una fila de postes o cualquier patrón que invite a mirar con más detenimiento.

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