¿Cómo gestionar mejor nuestros comportamientos y emociones para moldear nuestra actitud frente a la vida?
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Pensar de manera catastrófica genera emociones que terminan por afectarnos. Una nota para saber más acerca de de dónde pueden provenir tus emociones y cómo gestionarlas.
Estanislao Bachrach comenzó su actividad en una rama del conocimiento que podría ubicarse dentro de las ciencias duras, como es la biología molecular, pero a comienzos de este siglo dejó la investigación para transformarse en uno de los más destacados divulgadores de las neurociencias, el autoconocimiento y el manejo de las emociones.
Dice que habla desde su propia experiencia y aclara: "Soy biólogo, no terapeuta". Sus conferencias y sus libros están orientados "a las pequeñas cosas cotidianas de la vida que nos molestan, no a los traumas o dramas".
Tras licenciarse en Biología en la Universidad de Buenos Aires, se doctoró en la Universidad de Montpellier (Francia) y enseñó e investigó durante 5 años en la Universidad de Harvard. Tiene una larga carrera en la docencia que actualmente ejerce en la Universidad Torcuato Di Tella. Es habitualmente invitado a conferencia y charlas, como la que ofreció el pasado miércoles en Alcorta Shopping bajo el título "Diseño de las emociones".
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—¿Cómo es que pueden cambiar las emociones?
"La clave primero es creer en esto que estoy diciendo. Solemos pensar que la manera en la que nos sentimos siempre lo genera el otro y que no se puede cambiar porque la culpa es del otro. Pero si uno empieza a creer que muchas de estas emociones dependen de uno, ese es el primer paso, podríamos sentirnos mejor más allá de la situación. Obviamente el contexto va a influir, pero uno tiene mucho más poder de lo que cree sobre esas emociones", dice Estanislao.
"En segundo lugar, me tengo que dar cuenta cuál es esa situación que me tiene incómodo, con malestar, inseguro, desmotivado y, en tercer lugar, una vez que encuentro la situación, identificar los pensamientos que están apareciendo frente a esa situación. Uno está acostumbrado para mal porque los pensamientos son hábitos: pensar de manera catastrófica o irracional es un hábito y eso genera la emoción".
"Y, en cuarto lugar, cuando ya se detectaron los pensamientos, ahora hay que evitarlos para empezar a cambiarlos, porque si se sigue pensando 'me van a echar', 'nunca me informan', se sigue estando con miedo".
—¿Qué ocurre con los chicos? ¿Cómo actuar ante las emociones de los hijos?
Muchas veces los padres no queremos ver sufrir a nuestros hijos. Cuando un hijo se angustia, está triste, tiene miedo o está muy enojado, naturalmente a un padre le sale decir 'no estés triste', 'no vale la pena' o 'no te enojes por eso, no es importante'. Pero para el nene o la nena sí lo es y es fundamental no olvidarse de ello".
"Entonces cuando un padre está diciéndole, sin querer queriendo, que no tiene que tener miedo, que no hace falta estar triste o enojarse por tal asunto, el nene o la nena empieza a aprender que son emociones malas, que son emociones negativas, y no existen las emociones malas o negativas".
Si bien las emociones se originan en las neuronas, van al cuerpo. "Emotion" (en inglés, "emoción") significa energía en movimiento. "Si bien la intención de los padres no es esa, los niños y las niñas escuchan, aprenden y se va repitiendo, hasta que empieza a pasar, —como me pasó a mi en mi vida personal— que empieza a suprimir la expresión de la emoción", compartió.
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Bajo esta línea, Bachrach consideró que lo mejor que se puede hacer es "tratar de entender por qué tiene miedo, cómo cree que se lo puede ayudar, contándole que nosotros, los adultos, también tenemos miedo. Que se pueda hablar del tema y que nadie lo va a juzgar por eso".
—En este proceso, ¿cómo o cuándo detectar la necesidad de ayuda de un especialista?
"Se puede hacer solo y se puede hacer con ayuda profesional", comparte. "Depende el grado de rumiación o la intensidad de esos pensamientos: una cosa es tener 20 y otra tener 20 mil por día".
Además, agregó: "Uno puede empezar solo a practicar o puede levantar la mano y pedir ayuda, decir: 'Me estoy dando cuenta de que estoy pensando de esta manera muy negativa, muy catastrófica y necesito a alguien que me regule y me ayude a cambiar mi forma de pensar'".
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