7 de julio: por qué se conmemora el Día de la Conservación del Suelo y qué se puede hacer por este recurso clave
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Además del sustento productivo, la tierra brinda servicios ecosistémicos fundamentales como el almacenamiento de carbono.
Verónica Sapino - referente del INTA Rafaela, en charla con este medio:
Cada 7 de julio se conmemora en la Argentina el Día Nacional de la Conservación del Suelo, desde que fue decretado por el presidente Arturo Illia en 1963. Cuatro años antes, el 7 de julio de 1960, había fallecido el doctor Hugh Hammond Bennett pionero en el campo de la conservación de suelos en los Estados Unidos. Era el jefe del Servicio de Conservación de Suelos, una agencia federal ahora conocida como el Servicio de Conservación de Recursos Naturales.
Bennett nació cerca de Wadesboro, en Carolina del Norte, y se graduó de la Universidad de Carolina del Norte en 1903. Después se convirtió en topógrafo y realizó estudios de suelos tanto en los Estados Unidos como en otros países, a partir de los cuales se convenció de que la erosión del suelo era un grave problema que enfrentaba el planeta. Los esfuerzos de Hammond cambiaron la mentalidad de los agricultores estadounidenses hacia la conservación del suelo y, como director del Servicio de Conservación del Suelo, los ayudó a aprender nuevas formas de cultivo que protegían el suelo y preservaban la fertilidad.
En el plano local, las enseñanzas de Bennett fueron recogidas por la comunidad científica y productiva y hoy la conservación del suelo constituye una búsqueda central de buena parte del sector agrícola.
“Los principales problemas que afectan los suelos de nuestro país son la erosión hídrica y eólica”, afirmó Patricia Carfagno, investigadora del Instituto de Suelos del INTA. En esa línea remarcó que “actualmente un 36 por ciento del territorio argentino está afectado por esta problemática”.
En efecto, según datos del INTA, el 26 % del territorio argentino, equivalente a 72 millones de hectáreas, presenta niveles de erosión hídrica que superan las tasas tolerables, es decir, que afectan la salud de los ecosistemas.
“Al perder suelo, perdemos capacidad productiva y descuidamos los servicios ecosistémicos que nos presta, como el almacenamiento de carbono”, explicó.
Siguiendo a la investigadora, otro problema fundamental de los suelos es la pérdida de nutrientes asociado a la erosión y la baja reposición de los mismos: “Sólo se repone el 30 % de los nutrientes que se extraen, llevando a un empobrecimiento de los suelos con pérdida de su fertilidad”, aseguró Carfagno.
El tercer problema es la salinización y sodificación que amenaza los ecosistemas y la producción agrícola. La Argentina tiene una gran superficie con suelos salinos-sódicos, distribuidos en diferentes regiones del país, preferentemente en ambientes áridos y semiáridos, ubicados hacia el oeste del territorio.
“El origen de estos suelos es en parte natural y también en parte inducido por diferentes actividades, como la producción agrícola y ganadera y el riego, especialmente si no se aplican buenas prácticas de manejo”, indicó Carfagno. Y agregó: “en las zonas de secano existen suelos salinos que muestran con frecuencia eflorescencias salinas y costras y suelos con horizontes subsuperficiales con presencia de sodio que disminuye y alteran la capacidad productiva”.
Clarín

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